Los exjugadores del VRAC Francisco de Paula Blanco y Alberto Blanco comparten vivencias en Pepe Rojo, donde reflexionan sobre el peso que ha tenido el deporte en sus decisiones
De generación en generación 2.0 (II): Cuando el rugby cambia la vida de las personas
Los exjugadores del VRAC Francisco de Paula Blanco y Alberto Blanco comparten vivencias en Pepe Rojo, donde reflexionan sobre el peso que ha tenido el deporte en sus decisiones
El rugby no solo les dio un equipo. Les dio una forma de vida, un carácter y una historia compartida que empezó en Medina de Rioseco y que hoy sigue viva, aunque sus caminos les ha llevado a hacer cosas distintas. Francisco de Paula Blanco, 'Pacote' (Valladolid, 1988), concejal de Hacienda del Ayuntamiento de Valladolid, y su hermano Alberto Blanco, 'Tuco' (Valladolid, 1990), exjugador del VRAC -como el primero- protagonizan la segunda entrega de la serie de TRIBUNA De generación en generación, en una entrevista realizada en el escenario que marcó sus vidas: los campos de Pepe Rojo.
Aunque ambos se criaran en una familia donde el deporte era parte del día a día, el salto del fútbol al rugby no fue solo un cambio de disciplina, sino un punto de inflexión. "Nosotros nos criamos en Medina de Rioseco, jugábamos al fútbol, en el CD Rioseco. Cuando termino el colegio en Rioseco, conozco en Valladolid a un amigo, a Edu Francia... Edu me dijo que viniera un día y que probara. A partir de ahí, cambió mi vida. Mi hermano vino al año siguiente. Me gustó desde el principio. No tuve dudas", recuerda 'Pacote'.

Aquella decisión se convirtió en el inicio de una trayectoria marcada por el compromiso, la exigencia y una cultura de vestuario que ambos deleitan. "Un vestuario de rugby te atrapa. Recuerdo que entrenábamos los miércoles y los viernes, y después salíamos. Y, durante el fin de semana, había partido y te quedabas también a comer, íbamos al Tercer Tiempo.. El contacto en el rugby te engancha, te sientes útil, ves que se te está dando bien… Es adictivo", añade el ahora edil.
Aun así, en casa, para poder disfrutar del rugby, había una sola condición: aprobarlo todo. "Nuestros padres nos dijeron que, si queríamos hacer rugby, que vale, pero que siguiésemos estudiando", explican.

Dos caminos, una misma formación
Para ambos, el rugby fue mucho más que un deporte. Fue una escuela de vida: "El VRAC ha sido una forma de vida y un estilo. Me ha ayudado a tener un carácter comprometido y exigente, ser competitivo, y tener tan buen humor", resume 'Pacote' Su hermano 'Tuco' también lo vivió desde la misma intensidad y cercanía, aunque con una visión diferente. "A mí me picó mi hermano. Cambié del fútbol 7 al fútbol sala. Me daba envidia lo que me decía del rugby cada vez que llegaba a casa", recuerda.
El deporte, sin embargo, no solo les dio rutinas y viajes. También les enseñó a convivir con la presión, las lesiones y la toma de decisiones. "Si en vez de vestir de azul, llegamos a vestir de blanquinegro, hubiésemos tenido otro tipo de amigos. Nuestra pandilla no sería la misma", reflexiona ‘Tuco’, que hoy trabaja en la gestión de gasolineras y distribuciones de combustible tras su exitosa etapa en el VRAC.
En este sentido, asegura que no le costó "mucho dejar el balón oval", aunque si le hubiese dado -ironiza-, para pagar la entrada de una casa, seguiría "arrastrándose por el campo".
Hermanos, rivales y compañeros
La relación entre ambos siempre estuvo marcada por la competitividad, tanto dentro como fuera del campo. Eso sí, sin tener en cuenta la faceta personal, la familiar. "Si hemos tenido piques, en la ducha se han solucionado. No llegaban ni a casa", afirma 'Tuco'. Su hermano lo confirma: "Se me hacía rarísimo jugar contra él... no me gustaba nada porque encima me ganaba".
Esa rivalidad deportiva convivía con la admiración de sus padres. "Nos venían a ver en cada partido. Nos han fomentado y animado a que practiquemos deporte. Aun así, mi madre, cuando empezamos a jugar a nivel profesional, se tenía que tomar una pastilla para estar tranquila", recuerda 'Tuco' con una sonrisa. De hecho, "era inevitable no llevarse lo que pasaba en Pepe Rojo a casa".

Del césped... a la política
El final de la etapa deportiva ha derivado a un cambio de rumbo en la vida de ambos. 'Pacote' compagina hoy su vida familiar con la responsabilidad institucional. "Cuando me proponen entrar en política, les dije que aportaba donde sea, pero no me imaginaba ser concejal... Las críticas las llevo mal, pero me importan más porque les puede llegar a mis padres". La transición no ha sido sencilla, pero sí coherente con lo aprendido en el rugby: compromiso, esfuerzo y trabajo en equipo. "El VRAC me ha ayudado a tener un carácter comprometido y exigente", insiste.
'Tuco', por su parte, ha encontrado estabilidad en el mundo empresarial. Y, aunque se alejó del campo, no lo hizo del club: "Lo que echo de menos es estar con los chicos. Me lo pasaba genial... No me he planteado volver, pero si el presidente me pide que vuelva, lo haré encantado".
Un legado compartido
"Somos nuestros mayores fans y nuestros mayores críticos", resumen ambos gracias a un vínculo familiar que sostiene una historia que empezó en un campo de fútbol de un pueblo y que terminó marcando dos vidas muy distintas... pero profundamente conectadas, como, día tras día, sigue siendo.

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