Balogun reabre un debate que Valladolid vivió en primera persona en el Mundial de 1982

El indulto al delantero tras la petición de Trump recuerda el histórico Francia-Kuwait disputado en el Zorrilla, donde un jeque logró que se anulara un gol en uno de los episodios de mayor presión política sobre un partido

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Balogun reabre un debate que Valladolid vivió en primera persona en el Mundial de 1982
El escándalo del jeque que detuvo un partido del Mundial: Francia vs Kuwait 1982.
El autor esMiguel Ángel  Fernández
Miguel Ángel Fernández
Lectura estimada: 4 min.

La decisión de la FIFA de indultar al delantero estadounidense Folarin Balogun para que pueda disputar los octavos de final del Mundial 2026 frente a Bélgica ha desatado una oleada de críticas y ha vuelto a abrir un viejo debate: hasta qué punto la política ha condicionado la historia de los Mundiales.

La polémica estalló después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconociera haber solicitado personalmente la revisión de la sanción al futbolista tras mantener una conversación con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino. El organismo terminó aplicando el artículo 27 de su Código Disciplinario, que permite suspender total o parcialmente una sanción.

Balogun había sido expulsado en el encuentro de dieciseisavos frente a Bosnia y Herzegovina por un pisotón sobre Tarik Muharemovic que el árbitro Raphael Claus castigó con tarjeta roja tras revisar la acción en el VAR. La suspensión automática le impedía disputar los octavos, aunque finalmente podrá estar sobre el césped.

La medida ha generado un intenso debate internacional, pero no constituye un hecho aislado. La historia de la Copa del Mundo está marcada por episodios en los que dirigentes políticos, dictadores o representantes institucionales lograron influir, de una u otra forma, en el desarrollo del torneo. Y uno de los precedentes más llamativos tuvo como escenario Valladolid.

El día en que un jeque cambió un partido en el José Zorrilla

El 21 de junio de 1982, el estadio José Zorrilla acogía el encuentro de la fase de grupos entre Francia y Kuwait. Lo que parecía un partido más del Mundial de España terminó convirtiéndose en una de las imágenes más insólitas de la historia de la competición.

Con Francia dominando claramente el marcador, Alain Giresse anotó el que suponía el 4-1. Sin embargo, varios futbolistas kuwaitíes se quedaron parados convencidos de haber escuchado un silbato que, según entendieron, detenía la jugada.

El sonido no procedía del árbitro, sino de un espectador en la grada.

La protesta subió rápidamente de intensidad hasta que ocurrió algo nunca visto. El jeque Fahad al-Ahmed al-Jaber al-Sabah, hermano del emir de Kuwait y presidente de la federación de fútbol de su país, descendió desde el palco, irrumpió en el terreno de juego y se dirigió directamente al colegiado soviético Miroslav Stupar.

El dirigente amenazó con retirar a su selección del Mundial si el gol no era anulado. Contra todo pronóstico, el árbitro cedió a la presión y invalidó el tanto francés, una decisión que dio la vuelta al mundo y que todavía hoy figura entre los mayores escándalos arbitrales de los Mundiales.

Francia acabaría imponiéndose igualmente por 4-1 tras volver a marcar minutos después, pero la imagen de un dirigente político condicionando una decisión arbitral quedó para siempre ligada a Valladolid. Más de cuatro décadas después, el caso Balogun ha devuelto aquel episodio a la memoria colectiva.

Mussolini convirtió el Mundial de 1934 en un instrumento del fascismo

Mucho antes del episodio vivido en Valladolid, la política ya había dejado una profunda huella en la Copa del Mundo.

En Italia 1934, Benito Mussolini utilizó el campeonato como un escaparate propagandístico del régimen fascista. Diversos historiadores sostienen que el dictador influyó en la designación de árbitros para favorecer a la selección italiana durante el torneo.

Los dos colegiados belgas que dirigieron los encuentros frente a España, Louis Baert y René Mercet, fueron posteriormente expulsados de por vida por la federación de su país, mientras que también existen investigaciones que sitúan a Mussolini cenando con el árbitro sueco Ivan Eklind antes de la final.

Italia terminó proclamándose campeona tras derrotar a Checoslovaquia.

Hitler y Mussolini marcaron también el Mundial de 1938

La siguiente Copa del Mundo, disputada en Francia, volvió a desarrollarse bajo la sombra de la política.

Tras la anexión de Austria por parte de la Alemania nazi, Adolf Hitler ordenó que los futbolistas austríacos se integraran en la selección alemana y que el equipo realizara el saludo nazi antes de cada encuentro.

Mientras tanto, Mussolini obligó a la selección italiana a vestir de negro, el color de las milicias fascistas, y continuó enviando mensajes de presión antes de cada partido. Italia volvió a levantar el título.

Argentina 1978, el Mundial de las sospechas

La Copa del Mundo celebrada en Argentina durante la dictadura de Jorge Rafael Videla estuvo rodeada de polémica desde el principio.

El triunfo argentino por 6-0 sobre Perú, resultado que permitió a la Albiceleste acceder a la final, generó sospechas de un supuesto amaño impulsado por el régimen militar.

Décadas después no ha aparecido ninguna prueba que confirme esas acusaciones, aunque la controversia llevó a la FIFA a modificar el reglamento para que, desde España 1982, los últimos partidos decisivos de cada grupo se disputaran de manera simultánea y ningún equipo conociera de antemano el resultado de sus rivales.

Ahora, el indulto concedido a Balogun vuelve a situar a la FIFA en el centro del debate sobre la independencia de sus decisiones. Y, de paso, rescata uno de los capítulos más singulares de la historia de los Mundiales, escrito hace 44 años en el césped del José Zorrilla, donde Valladolid fue escenario de una de las mayores injerencias políticas que se recuerdan en una Copa del Mundo.

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