El Museo de la Ciencia alberga uno de los primeros planetarios digitales de España, un espacio pionero que combina divulgación, tecnología y emoción para acercar el cosmos a públicos de todas las edades
Viajar por el universo sin salir de Valladolid: el planetario que convirtió la ciencia en una experiencia inmersiva
El Museo de la Ciencia alberga uno de los primeros planetarios digitales de España, un espacio pionero que combina divulgación, tecnología y emoción para acercar el cosmos a públicos de todas las edades
Hay noches en las que basta levantar la vista para comprender por qué el ser humano nunca ha dejado de mirar al cielo. Las estrellas, las constelaciones y el silencio del universo siguen despertando la misma fascinación que hace siglos. En plena era de las pantallas y la inmediatez, el astroturismo vive un auge inesperado: cada vez más personas buscan lugares desde los que reconectar con el firmamento, aprender a interpretar el cielo y dejarse sorprender por aquello que ocurre mucho más allá de la Tierra.
En Valladolid, esa experiencia no requiere desplazarse a una montaña remota ni esperar a una noche despejada. Basta con cruzar las puertas del Museo de la Ciencia y entrar en su planetario, una enorme cúpula suspendida donde el universo se proyecta a pocos metros de los espectadores y donde la astronomía se convierte en una experiencia inmersiva.
Desde hace más de dos décadas, el planetario vallisoletano se ha consolidado como uno de los espacios de divulgación científica más singulares de Castilla y León. Fue, además, un proyecto adelantado a su tiempo. Cuando abrió sus puertas, hace ya 23 años, apenas existían planetarios digitales en España y muchos especialistas dudaban de que aquella tecnología pudiera funcionar.
"En aquel momento fue una apuesta arriesgada. Costó tres millones de euros y había quien pensaba que el Ayuntamiento se había equivocado", recuerda Luis Fernández, técnico del planetario. Sin embargo, el tiempo terminó dándoles la razón. Hoy prácticamente todos los grandes planetarios funcionan con sistemas digitales similares al que Valladolid instaló cuando todavía era una rareza tecnológica.
De hecho, durante años, profesionales de otras ciudades acudieron al Museo de la Ciencia para descubrir cómo funcionaba aquel innovador sistema. "Venía gente de Pamplona, Madrid o Valencia porque este fue el primer planetario digital que muchos vieron en su vida", explica Fernández.

La experiencia comienza mucho antes de apagar las luces. El espacio impresiona por sí mismo: una cúpula de 11,5 metros de diámetro suspendida varios centímetros sobre el suelo y diseñada con una inclinación de 15 grados para favorecer la visibilidad desde cualquier butaca. No se apoya directamente sobre la estructura del edificio, sino que permanece colgada debido a su enorme peso, de varias toneladas.
"No hay una pantalla más grande en Castilla y León", afirma Fernández mientras señala la gigantesca superficie sobre la que se proyectan estrellas, galaxias, dinosaurios o incluso espectáculos culturales relacionados con la ciudad.
A diferencia de los antiguos planetarios analógicos -aquellos que utilizaban una gran esfera central para proyectar el firmamento-, el de Valladolid funciona mediante seis proyectores digitales sincronizados. El sistema permite crear experiencias audiovisuales inmersivas mucho más versátiles y dinámicas.
Carlos Coello, planetarista y operador del recinto, explica que esta configuración facilita combinar astronomía con otros contenidos audiovisuales. "Aquí no solo mostramos el cielo. También hacemos programas de animación, documentales o producciones sobre patrimonio cultural", señala.

Uno de los ejemplos más recientes es ‘La Primera Gran Máquina Cultural de Valladolid’, una producción dedicada al Teatro Calderón que demuestra cómo el planetario ha ampliado sus posibilidades más allá de la observación astronómica tradicional.
Pero si hay una sesión que resume el espíritu del espacio es ‘El cielo del día’, un formato en directo que se mantiene desde los inicios y que pocos planetarios conservan ya en su programación diaria. En ella, un especialista guía al público por el firmamento que podrá observar esa misma noche desde Valladolid.
"Es una experiencia muy cercana porque el público no solo ve imágenes; entiende qué está ocurriendo en el cielo real", explica Coello.
La programación del planetario se adapta además a públicos de todas las edades. Lejos de limitarse a la divulgación científica para adultos, el espacio ha desarrollado contenidos específicos para bebés, niños y familias. Actualmente ofrece sesiones desde los seis meses de edad hasta programas dirigidos a espectadores adultos interesados en astronomía o ciencia.
"Hemos conseguido cubrir una franja que antes no existía. Ahora cualquier persona puede entrar al planetario", destaca Fernández.
La cartelera combina producciones astronómicas con propuestas infantiles como Avellanas. ‘En busca del planeta perfecto’ o Los sonidos del bosque, además de espectáculos científicos como ‘Biosfera oscura’ o ‘Mensaje en una botella’. A partir de junio se incorporará además ‘Amigos’, una nueva producción sobre el cuerpo humano destinada al público infantil y desarrollada por una empresa vallisoletana vinculada históricamente al mundo de la animación televisiva.
La actividad del planetario no se limita a las sesiones abiertas al público. A lo largo de estos años también ha acogido encuentros nacionales de profesionales, intercambios con planetarios internacionales y eventos especializados como la llamada ‘Semana del Planetarista’, una iniciativa pionera que reunió en Valladolid a divulgadores de distintos puntos de España y Latinoamérica.

Entre los recuerdos más especiales, Fernández menciona la visita de un planetarista uruguayo que diseñó una sesión dedicada al cielo del hemisferio sur acompañada de música tradicional de Montevideo. Aquella experiencia tuvo tanto éxito que terminó convirtiéndose en un programa estable del museo.
El futuro del planetario sigue mirando hacia arriba. En los próximos meses, el Museo de la Ciencia estrenará un nuevo programa dedicado a los eclipses solares, desarrollado junto a otros planetarios españoles ante el creciente interés que despiertan estos fenómenos astronómicos.
Mientras tanto, cada día continúan entrando escolares, familias, curiosos y aficionados a la astronomía en busca de una experiencia que mezcla conocimiento y emoción. Porque, en el fondo, el éxito del planetario de Valladolid no reside únicamente en su tecnología pionera, sino en algo mucho más sencillo: la capacidad de seguir despertando asombro.
Y pocas cosas siguen siendo tan universales como contemplar el cielo.
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