La Novena de Beethoven

Nueva entrega de 'Palabras contra el olvido', como cada lunes, en TRIBUNA

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La Novena de Beethoven
Concierto de OSCyL. Chuchi Guerra.
El autor esÁgreda L.M.
Ágreda L.M.
Lectura estimada: 2 min.
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La Novena sinfonía sale del corazón de Beethoven y vuelve al corazón del oyente. Laten los corazones del público que llena la Sala Sinfónica Jesús López Cobos en el CCMD. Resulta inevitable. El primer movimiento, Allegro ma no tropo, un poco maestoso, tachan, tachan, tachan, tachan... es inolvidable. Se necesita la música para descansar de uno mismo, relajarse un poco y limpiar la mente. Cuando descubrimos el poder que tiene esta música uno se vuelve más creativo. Escuchar se convierte en un acto creativo.

Esta sinfonía de Beethoven está llena de bondad, verdad y justicia. De emoción y sobrecogimiento. Esta música nos forma como personas y proporciona, a poco que uno ponga de su parte, felicidad. ¿Por qué el personal está tan alegre hoy que roza la euforia?

Vela Thierry Fischer, que dirige el último concierto de la temporada de la OSCyL para que todo vaya como la seda. Es necesario, hoy más que nunca, concentración y mucho silencio. Pero se le fue "de las manos" el último movimiento. Aquello era incontrolable: el Coro de la OSCyL, el Orfeón pamplonés y los invitados, cada uno hacía la guerra por su cuenta. Las caras del público eran un poema. Tiene Erika, la hija mayor de Thomas Mann, un relato precioso sobre el último año de vida de su padre y, justo al final, la música hace una última y emocionante aparición: "Había muerto mientras dormía. Los médicos lo habían dejado a solas con mi madre. Él no se movía, no había cambiado la posición de su cuerpo yacente. Sólo había movido la cabeza de manera casi imperceptible hacia un lado y su expresión había cambiado, como podría haberlo hecho si estuviera durmiendo. Era su cara de música, que se había vuelto ahora hacia mi madre, esa cara, absorta y profundamente atenta, con la que solía escuchar sus obras más familiares y amadas". Thomas Mann tuvo una muerte tan musical como había sido su vida.

Hay que intentar que la emoción no se convierta, como pasó en el Cuarto movimiento de la sinfonía en una romería. Se nota la falta de ensayos a la legua. ¿Cuántos ha habido? Uno, dos, como máximo. Esto con Herbert von Karajan no pasaba. Esta sinfonía sobrecoge y suscita esperanza proclamando una y otra vez de que "todos los hombres serán hermanos" (Alle Menschen werden Brüder). Pero se necesita un poco de contención.

Poco antes de morir Pablo Casals afirmo que "la humanidad todavía no sabe lo que tiene al poseer el don de la música". Esta música es noble y ennoblece al que la escucha y no se puede convertir la sala sinfónica en una jaula de grillos. Después de oír, en una iglesia, varias composiciones de Beethoven, Goethe manifestó que le parecía haber oído el rumor del cosmos en los días de génesis. No podía con tanta algarabía y salí corriendo hacia el coche. Me senté y respiré, que alivio. El público puesto en pie aplaudía (¿así mismo?) y gritaba como si España hubiera ganado el mundial.

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