Cuatro décadas después de su apertura, el restaurante mantiene vivo el legado familiar, la cocina tradicional y el espíritu de su fundadora
La familia que convirtió Ángela en un símbolo gastronómico de Valladolid
Cuatro décadas después de su apertura, el restaurante mantiene vivo el legado familiar, la cocina tradicional y el espíritu de su fundadora
En Valladolid hay restaurantes que forman parte de la memoria colectiva de varias generaciones. Y después está Restaurante Ángela, un lugar donde la cocina nunca fue solo cocina, sino una forma de entender la familia, el producto y la tradición.
Detrás del histórico establecimiento vallisoletano se encuentra una saga profundamente ligada a la hostelería y al vino. María Teresa Martín de la Torre, conocida como Tere, representa una de las figuras fundamentales del restaurante. Formada junto a Ángela González, la matriarca de la familia y alma del negocio, ha mantenido durante décadas una cocina basada en el producto, la tradición castellana y el cariño heredado de casa.
Junto a ella continúan los hermanos Juanjo y Jesús "Chuchi" Alejos González, dos nombres históricos de la gastronomía vallisoletana. Juanjo ha estado especialmente vinculado al mundo del vino y la sumillería, mientras que Chuchi desarrolló la vertiente más creativa y culinaria del proyecto, convirtiéndose en uno de los referentes de la cocina castellano-leonesa.
La nueva generación llega ahora de la mano de Lucía, hija de Tere y Chuchi, que mantiene viva la conexión familiar con la cultura gastronómica y vinícola participando activamente en certámenes y eventos relacionados con el sector.

Aunque el restaurante abrió oficialmente sus puertas el 27 de mayo de 1986, la historia familiar comenzó mucho antes. En 1956 los padres arrancaron con el bar Vinos Juanjo, en la zona de Santa Clara, donde empezó a construirse una cocina popular basada en recetas tradicionales como callos, caracoles, cangrejos o guisos de temporada. El nombre del restaurante fue un homenaje a Angelita, la madre de la familia, cuya manera de cocinar marcó para siempre a varias generaciones. "Mi recuerdo más bonito es mi madre", resume emocionado Juanjo.
Pero Ángela también fue pionero en algo poco habitual para la época: fusionar la cocina castellana tradicional con la gastronomía alemana. Los viajes familiares a Alemania y la pasión por la cerveza de importación llevaron al restaurante a incorporar codillos, salchichas, chucrut o ensaladas centroeuropeas en plena Valladolid de los años 80.
"Íbamos por delante de lo que era el mundo actual", recuerdan desde la familia. También fueron pioneros en trabajar con cervezas internacionales y productos delicatessen mucho antes del auge gastronómico actual. El restaurante se convirtió además en uno de los puntos de encuentro habituales de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), acogiendo durante años a actores, directores y periodistas. Entre las anécdotas que aún recuerdan figuran las visitas de Brad Pitt, cuando todavía no era una estrella mundial, o de Mira Sorvino.

El año 2000 fue especialmente duro para la familia. Primero falleció Ángel "Gelín", uno de los hermanos, y poco después un incendio obligó a cerrar temporalmente el restaurante. La reconstrucción fue complicada tanto a nivel emocional como económico, aunque la familia logró sacar adelante el negocio y mantener vivo el espíritu de Ángela.
A lo largo de estas cuatro décadas, el restaurante ha acumulado numerosos reconocimientos gastronómicos, entre ellos el Pincho de Oro del Concurso Provincial de Pinchos del año 2000, además de consolidarse como uno de los nombres más reconocidos de la hostelería vallisoletana.
Sin embargo, más allá de los premios, en Ángela siguen defendiendo la misma filosofía que les ha acompañado desde el principio: cocina honesta, memoria familiar y respeto absoluto por el producto. "Todo vuelve: la moda, la gastronomía y los callos", dicen entre risas. Y en Ángela, esa tradición nunca llegó a marcharse.
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