Manual de lo que no hay que hacer en negociación

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Manual de lo que no hay que hacer en negociación
Carlos Rodriguez, delegado de CSIF en RENAULT.
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Lectura estimada: 4 min.
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Hay negociaciones difíciles, tensas, incluso ásperas. Y luego está lo que está ocurriendo en Renault España con su convenio colectivo: un caso de estudio perfecto, un auténtico manual de lo que no hay que hacer en negociación.

Lo denuncia con claridad el sindicato CSIF, y lo perciben -cada vez con menos paciencia- miles de trabajadores que llevan años sosteniendo la producción, la calidad y la reputación de la compañía. Porque lo que debería ser un proceso de diálogo se ha convertido en una sucesión de gestos unilaterales, ofertas simbólicas y, finalmente, un portazo.

Cuando negociar es solo aparentarlo

La décima reunión de la comisión negociadora no ha sido un punto de avance, sino de ruptura. Tras meses de reuniones, la empresa ha pasado de escenificar una negociación a quitarse la máscara: una oferta considerada "irrisoria", acompañada de condiciones inasumibles y rematada con un ultimátum. O se acepta, o se acaba todo.

Eso no es negociar. Es imponer.

Entre las propuestas, destaca una especialmente simbólica: la imposición de 18 sábados de trabajo cuando en HORSE, que hasta hace 4 días era 100% RENAULT, ha bajado a 10. Una medida que no solo afecta a la conciliación, sino que evidencia una concepción del trabajador como recurso flexible, disponible y prescindible, un concepto material, no de recurso humano. Y cuando se añade el clásico "lo tomas o lo dejas", la negociación deja de existir.

La confianza: lo que se rompe y no vuelve

No estamos hablando de una plantilla cualquiera. Aquí hay historia. Hay familias enteras vinculadas a la empresa: abuelos, padres, hijos e incluso nietos que han pasado por las líneas de producción de Renault. Actualmente la plantilla de RENAULT en España suma 5.330 trabajadores, de ellos, 3423 en Valladolid y 1.809 en Palencia.

Durante décadas, esa relación se construyó sobre algo más que un contrato: confianza, pertenencia, orgullo industrial.

Hoy, esa confianza se está desmoronando.

Los trabajadores han visto cómo, progresivamente, la empresa se ha ido alejando de ellos, deteriorando condiciones, tensando los límites y anulando el diálogo con los representantes de los trabajadores. Lo que antes era compromiso mutuo ahora se percibe como una relación utilitaria: la empresa necesita producción, pero no parece dispuesta a sostener las condiciones que la hicieron posible.

La sensación que se extiende es clara y preocupante: los trabajadores ya no son parte del proyecto, sino material desechable barato.

Del diálogo a la presión

Ante este escenario, la respuesta sindical no ha sido improvisada. Tal y como reflejan los comunicados, se llama a una estrategia de presión basada en la 'no colaboración': no hacer horas extras, no prolongar jornadas, no trabajar fuera de horario, cumplir estrictamente las funciones asignadas y ejercer el derecho a la desconexión digital.

No es un capricho. Es una reacción lógica ante una empresa que ha decidido tensar la cuerda hasta el límite, y cuando se llega al límite, RENAULT debería saber que la cuerda se puede romper.

Cuando una dirección rompe la negociación, desprecia propuestas y lanza ultimátums, no deja espacio para el acuerdo. Sólo para el conflicto.

Un error estratégico de fondo

Más allá del corto plazo, lo que está haciendo Renault es un error estratégico de gran calado. Las empresas industriales no se sostienen solo con maquinaria o inversiones: se sostienen con capital humano comprometido.

Romper ese vínculo tiene consecuencias.

Destruir la confianza acumulada durante generaciones no solo afecta a este convenio. Afecta al clima laboral, a la productividad real, a la implicación y, en última instancia, al futuro de la propia compañía en sus territorios históricos.

Porque la confianza, una vez rota, no se recompone con una firma. Requiere años. Y a veces, no vuelve.

Conclusión: el ejemplo que nadie debería seguir

Lo que estamos viendo no es solo un conflicto laboral. Es un ejemplo claro de cómo dinamitar una negociación colectiva:

  • Simular diálogo durante meses.
  • Presentar propuestas insuficientes.
  • Evitar negociar lo verdaderamente importante.
  • Hacer propuestas 'cómicas'
  • Añadir condiciones provocadoras.
  • Y cerrar con un ultimátum.

Un manual perfecto...de lo que no hay que hacer.

Mientras tanto, los trabajadores -los de hoy y los de varias generaciones atrás- asisten a cómo se diluye una relación histórica. Y lo hacen con una mezcla de indignación y lucidez: conscientes de que lo que está en juego no es solo un convenio, sino el respeto.

Y cuando el respeto desaparece, el conflicto deja de ser una posibilidad. Se convierte en una consecuencia inevitable.

Como últimos apuntes que demuestran el devenir de las negociaciones; se hizo un receso en la penúltima reunión de mesa de negociación y a la vuelta CSIF indicó que continuáramos hablando del tema que se discutía, y los representantes de la empresa 'toca otra cosa'.

Con la amenaza de retirar la adjudicación de nuevos modelos la empresa descubre que ya tenía las condiciones que quería que se firmaran antes de presentarlas a los sindicatos y no le ha salido bien. Los trabadores no quieren un 'látigo nuevo' con este convenio, quieren condiciones dignas de trabajo, y volver a esa calidad de trabajo que se perdió hace tiempo.  Más que gimnasio gratis, los trabajadores necesitan un fisioterapeuta, más que amenazas, lo que se necesita es tener la voluntad de querer llevar adelante a RENAULT como un equipo.

 

Carlos Rodriguez

Delegado de CSIF en RENAULT

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