A Macbeth song
La Perla 29 y el trío londinense The Tiger Lillies que narran la historia de Macbeth esta noche en el LAVA son como esos jugadores de fútbol que parecen que lo hace todo fácil, como quien se toma un helado, porque están bendecidos por la gracia de Shakespeare que siempre acude a las salas de teatro cuando las épocas son turbias, mediocres o falsas.
A simple vista A Macbeth song, es un homenaje al teatro, a la música, al Music hall, a la vida, en definitiva. El director teatral catalán Oriol Broggi tiene una capacidad para como se dice en catalán "dárribar i moldre", llegar y moler el mundo de Shakespeare y enlazar canciones que llegan al corazón del público. Es digno de admiración.
Los actores Andrew Tarbert, Márcia Cistero y Enric Cambray lo tienen todo aprendidísimo y nos descubren con esas voces tan poéticas, tan verdaderas que recuerdan a los grandes actores ingleses, estoy pensando en Laurence Olivier, Jeremy Irons, Peter O'Toole. Una de las cosas más difíciles del teatro es crear intimidad y modular sus tonos.
Hacer crecer lo que está pasando allí y hacerlo funcionar como un globo fluorescente que ilumina la Sala Concha Velasco y que las palabras y las canciones de Adrian Stout, Budi Butenop y Martyn Jacques se conviertan en historias que llegan al corazón del espectador solo está al alcance de muy pocos.
Que este ha sido el mejor espectáculo que ha pasado por el LAVA esta temporada no tengo la menor duda. Ha sido necesario esperar y desesperar lo suyo para que en el último minuto del partido se pudiera salvar la categoría. Después de ver esto uno se pregunta el por qué se han tenido que tragar tantos "partidos de 0-0".
Hay mucha tela que cortar en A Macbeth song. De todos es conocido eso de que pronuncia Macbeth al enterarse de la muerte de su esposa y al ver su poder hacerse añicos "La vida no es más que una sombra ambulante, un pobre actor que se pavonea y se agita una hora en el escenario y después no vuelve a ser oído. Es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia que nada significa".
Los actores y los músicos estuvieron sobresalientes toda la noche. Daba lo mismo que hubiera que mirar la pantalla para leer la traducción. Ni falta hacía entender todo. Allí había emoción, pánico, se podía destilar el odio y la venganza a golpes de espada y cuchillo.
Estábamos descubriendo la maravilla del teatro, de la música y el corazón de los asuntos y las cosas. 120 minutos escuchando las piedras de un río que brota allá a lo lejos, y juega y fluye y se remansa y golpea vertical contra los sentimientos del público que aplaude a rabiar al término de la función.
Un espectáculo que vale por una temporada completa.








