El cristianismo y la democracia: lo que tienen que aprender una de otra

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   El cristianismo y la democracia: lo que tienen que aprender una de otra
El autor esFélix  de la Fuente
Félix de la Fuente
Lectura estimada: 3 min.

Año 2026: V Centenario de la Escuela de Salamanca.

La próxima visita del Papa León XIV a España, que no se debería utilizar para defender o atacar al sanchismo, nos da pie para que los españoles nos hagamos ciertas reflexiones sobre nuestro cristianismo y nuestra democracia. ¿Hasta qué puntos somos cristianos? ¿En qué grado somos demócratas? ¿Se puede ser buen cristiano y mal demócrata? ¿Se puede ser buen demócrata y mal cristiano?

Aunque no podemos decir que el cristianismo sea equivalente a democracia, sí me atrevo a decir que no se puede ser buen cristiano si no se es buen demócrata y, por otro lado, a mi entender, un buen demócrata es también un buen cristiano, aunque no esté bautizado ni haya pisado una iglesia en su vida.

Lo que caracteriza al cristianismo son, sobre todo, sus ideas y sus valores. La hermandad universal, la caridad, que ahora llamamos solidaridad, el respeto a la vida, la estima del trabajo y del esfuerzo: 'ora et labora' de San Benito, que es considerado el Padre de Europa. Y esos mismos son los valores de la democracia. Luego un buen demócrata es un buen cristiano.

Sé que hay cuestiones discutidas en las que a veces no concuerdan el cristianismo oficial y la democracia, como la eutanasia y el aborto, pero en las que los defensores de las mismas actúan en conciencia y no por llevar la contraria a ninguna religión. Y en estas cuestiones debe haber un mutuo entendimiento tácito.

Por otro lado, hay muchas cuestiones en las que nuestra democracia podría aprender mucho del cristianismo: el perdón, la reconciliación, pero hay otra en las que el cristianismo podría aprender de la democracia: la no discriminación por razón de géneros p.e. La mujer está más apreciada en la democracia que dentro del catolicismo. Y hay otras muchas cuestiones en las que tanto la democracia como el cristianismo oficial viven alejadas de los ciudadanos, aunque ambas instituciones nacieron para mirar por los ciudadanos. El absentismo electoral y político coincide con el absentismo religioso y quizás tenga las mismas causas.

El Papa viene esta semana a un país católico, que en gran parte ha dejado de ir a la iglesia y en el que actualmente abundan los templos y los seminarios vacíos, pero en el que unos se sienten católicos y otros, en cuanto demócratas, actúan como si fueran católicos. A los primeros se dirigirá directamente en cuanto Papa, a otros indirectamente, pues al recordar el deber de perdonar y de reconciliación está diciendo a toda la sociedad española que ¡basta ya de enfrentamientos entre buenos y malos, entre izquierdas y derechas, entre vencedores y vencidos, basta ya de rencor y de odio! La hermandad, y más aún entre ciudadanos del mismo país, sirve para creyentes y no creyentes. Si podemos decir que cuanto más cristianos más demócratas, el que no es demócrata no tiene cabida en el cristianismo

Del cristianismo, en parte o en gran parte, proceden los valores de la democracia. Basta pensar no sólo en el Evangelio sino también en la Escuela de Salamanca y Francisco de Vitoria.  Las ideas de éste tuvieron una importancia capital en el desarrollo de la democracia en Europa: derechos humanos (derecho a la vida, a la propiedad, derecho a la libertad de pensamiento, a la dignidad), un orden internacional justo, igualdad de todos los hombres. Los pensadores de la Escuela de Salamanca exploraron temas relacionados con la justicia, la propiedad, la libertad y el gobierno, sentando las bases para el desarrollo posterior de normas y principios que podrían aplicarse a nivel internacional.

Si en algunos puntos la democracia ha avanzado más que el cristianismo -valoración de la mujer-, en otros, los pensadores cristianos han ido mucho más lejos que la democracia, como se ve en el respeto a los programas electorales de los partidos políticos, pues recomiendan desobedecer al príncipe cuando éste hace algo distinto a lo que había prometido.  

Ojalá que la visita de León XIV a España sirva también indirectamente para la regeneración de la vida política, es decir para el bien de todos los españoles.

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