La última noche de La Despensa: El adiós de Frutos a toda una vida detrás de la barra

El gerente de La Despensa se despide de su bar tras casi dos décadas al frente, marcado por el cambio en la noche y el desgaste personal

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Iván de Frutos, propietario del bar la Despensa. Fotos y vídeo: Sergio Borja
El autor esEva Martínez Miguel
Eva Martínez Miguel
Lectura estimada: 6 min.

Hay bares que, con el paso del tiempo, terminan formando parte de la vida de una ciudad. Sitios por los que pasan generaciones, donde se repiten canciones, caras y rutinas, y que acaban siendo algo más que un simple local. En la zona de San Miguel, La Despensa ha sido durante años uno de esos puntos habituales para salir en Valladolid.

Al frente ha estado durante todos estos años Iván de Frutos, aunque casi nadie le llama así. Para la mayoría es, simplemente, Frutos. El que ha pasado noches enteras detrás de la barra, el que ha ido marcando el ritmo del bar y el que ha visto cómo la clientela cambiaba con el tiempo, primero unos, luego sus hermanos pequeños y, después, incluso sus hijos.

Ahora, el bar encara sus últimos días. Frutos se despide de una etapa larga, marcada por el contacto diario con la gente, el ritmo de la noche y una forma muy concreta de entender la fiesta. Un cierre que llega entre recuerdos, pero también con la sensación de haber formado parte de algo que muchos sienten como suyo.

PREGUNTA. ¿Cómo está siendo despedirse estos días de un sitio que ha marcado tanto su vida?
RESPUESTA. Es agridulce. Por una parte es triste, porque son muchos años y mucha gente a la que llevo viendo mucho tiempo, gente que no venía y ha venido ahora a despedirse. Recuerdas momentos y te salta la lagrimilla. Pero también es alegre por ver el bar como antaño, viendo a mucha gente y disfrutando esos momentos que tuve en su momento y que estoy teniendo ahora. Intento disfrutar hasta el último momento de eso que ya no voy a poder vivir, por lo menos en este bar.

P. ¿En qué momento decide que es el fin de La Despensa?
R. Pues ya en ferias del año pasado empecé a pensarlo. Dije, "aguantar hasta Navidades, que son las mejores fechas porque es cuando más sale la gente". Estuve hasta diciembre y luego lo alargué un mes más por la clientela, porque te da cosa dejarlo. Lo vas alargando y llega un momento en el que dices, hasta aquí. En principio estaba previsto antes, pero al final fue alargando y surgió así.

P. ¿Cuándo llega La Despensa a su vida? ¿Cómo llega a este bar?
R. Empecé con 18 años saliendo y era cliente. Venía mucho por aquí con amigos y se convirtió en un sitio habitual. Con 19 entré como recogevasos y luego pasé a camarero. Trabajaba mucho, conocía a mucha gente y al final, por la relación con el dueño, me ofreció entrar en el negocio y ahí fue cuando pasé a formar parte de La Despensa.

P. Más allá del trabajo, ¿qué ha sido este bar para usted?
R. Bastante. Aquí he conocido amigos, muchos amigos íntimos, he vivido muchas experiencias y me ha dado mucha experiencia vital. Cuando eres joven eres más inocente y con el tiempo vas espabilando, vas conociendo a la gente. Yo siempre digo que gracias a la noche tengo como un sexto sentido para calar a las personas. Aunque las apariencias engañan, hablando un rato puedes ver cómo es alguien. Pero sobre todo me quedo con las experiencias bonitas.

P. El anuncio del cierre ha generado mucha reacción. ¿Qué ha hecho tan especial a La Despensa?
R. Me ha sorprendido para bien, porque sabía que me conocía mucha gente, pero no tanta. Siempre he intentado que fuera un ambiente familiar y de buen rollo. Cuando sales quieres pasarlo bien, escuchar música que te gusta.

He tratado siempre de que entrar aquí fuera tener buen rollo, que disfrutaran, que si tenías un grupo de seis amigas y querías poner las Spice Girls y a lo mejor no te lo ponían en ningún otro bar, yo te la ponía para que lo disfrutaseis en ese momento. Eso genera buen ambiente y se contagia a todo el bar. Esa ha sido la clave, que la gente entrara aquí y disfrutara.

P. ¿Has vivido ese cambio generacional de clientes?
R. Sí. Cuando yo entré tenía 27 años y heredé a la clientela de mi socio, que era mayor que yo. Esa gente se fue retirando y han venido hermanos pequeños, hijos... Incluso hijos de gente que venía cuando eran jóvenes. Eso te llena mucho y es lo que me ha hecho continuar tantos años.

P. ¿Hay algún momento mítico de un sábado en La Despensa?
R. Sí, cuando el bar está lleno y empiezan a pedirme canciones de Disney. Empiezo con algunas y ya sigue todo el repertorio, El Rey León, Aladdín... y se viene arriba todo el mundo. Es un momento en el que el bar se une.

P. ¿Recuerda alguna noche especialmente mítica?
R. El Mundial fue increíble. La semifinal y la final fueron una locura. Y luego las ferias, que aquí se viven como una peña de pueblo dentro de la ciudad. Eso es muy especial.

P. ¿Cómo ha cambiado la noche en Valladolid?
R. Personalmente creo que últimamente parece que los bares se cortan por el mismo patrón, la misma música, parece que el reggaetón es lo único que hay, que no existe otro tipo de música. Yo no critico el reggaetón, a mí el antiguo me gusta más que el nuevo, pero para gustos, los colores.

A mí me ha gustado más el rock, pero he oído de todo, en la variedad está el poder disfrutarlo. Que todos los bares tengan lo mismo me parece un poco monótono, y al final hay gente que busca alternativas, otro tipo de fiesta que no tiene que ser eso. Y luego está el tema del tardeo, que ha cambiado mucho la forma de salir, sobre todo después de la pandemia. Hay mucha gente que prefiere salir antes, tomarse algo y volver a casa pronto, y eso se nota mucho en la noche.

P. ¿Le gustaría que alguien continuara con el legado del bar?
R. Me gustaría, claro, pero lo veo difícil. A mí me gustaría que siguiera porque todavía hay gente de noche. Yo siempre lo digo, " si sales antes, al final vas a llegar a la misma hora, pero más cansado".

Ojalá alguien siga con esto. Yo estaría encantado, incluso de quedarme un tiempo para ayudar, para que la clientela se adapte. Solo por no perder esto, me gustaría.

P. ¿Cómo va a ser su vida ahora sin La Despensa?
R. Quiero tener un periodo de relax. Aunque sea un mes, poder salir un viernes de trabajar y decir, "me voy a casa, me pongo una peli y me tiro en el sofá", eso sí lo necesito.

Y luego ya se verá. La hostelería me gusta mucho y no me he planteado nada en concreto, en la vida nunca sabes lo que puede surgir. No estoy cerrado a nada. También quiero disfrutar de los fines de semana, que durante muchos años no he tenido. Salir, irme fuera, hacer otras cosas que no he podido hacer.

P. Si tuviera que elegir una canción que represente La Despensa, ¿cuál sería?
R. 'Un beso y una flor'. Es muy mítica de La Despensa, la ponía mucho al cierre, se la sabe todo el mundo y era un momento especial. Otra de las míticas en 'Vamos a la cama', son canciones que la gente ya reconoce y sabe que es el momento de irse. Y cuando las oigo, siempre me van a recordar a este bar.

P. ¿Qué le diría a la gente que ha pasado por aquí todos estos años?
R. Gracias. Gracias por haber compartido una parte de su vida conmigo. Yo intenté que cuando estuvieran aquí se lo pasaran bien, y ahora me doy cuenta de que ha sido así porque la gente me lo está demostrando.

P. ¿Y a los que estarán en la última noche?
R. No sé dónde nos vamos a meter a todo el mundo, porque si viene toda la gente que me ha dicho que va a venir, voy a tener que ampliar el bar.

Y que disfruten del último momento que tenemos juntos. Yo voy a intentar darlo todo y que lo pasen bien. Esto es un hasta luego. La Despensa como bar igual no sigue, pero la esencia estará ahí y nos seguiremos viendo.

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