Respetar y tolerar

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Respetar y tolerar
El autor esPedro Berbel Hernández
Pedro Berbel Hernández
Lectura estimada: 3 min.
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El jueves pasado hablaba de reconocer y agradecer. De dos palabras que usamos menos de lo que deberíamos. Hoy me apetece añadir otras dos que, quizá, tampoco pasan por su mejor momento: respetar y tolerar.

La idea me surgió, además, gracias a un buen amigo que me envió hace unos días un vídeo con unas declaraciones de Simeone. Y no deja de ser curioso que, en medio de tanto ruido, las nuevas tecnologías -tan criticadas con frecuencia- sirvan también para esto: para que algo que merece la pena llegue a tiempo.

Porque todo venía a raíz de unos cánticos escuchados en un partido entre España y Egipto. Más allá del caso concreto - que cada cual valorará como considere -, lo interesante fue la reflexión posterior.

En apenas un minuto, Simeone apuntaba algo tan sencillo como profundo: la necesidad de recuperar el respeto. Y añadía algo más: la importancia de la fe, de creer en Dios como forma de mejorar.

Es una idea respetable. Para muchos, además, profundamente verdadera. Pero no todos comparten esa fe. Ni creen en el mismo Dios. Ni siquiera creen en ninguno. Y la historia - también la más reciente - nos recuerda que, en nombre de Dios, no siempre hemos sabido estar a la altura de lo que decimos defender.

Por eso quizá convenga distinguir. Porque la fe puede ser un camino personal. Pero la convivencia necesita algo que nos sirva a todos. Y ahí es donde entran en juego el respeto - con matices - y la tolerancia - sin ellos -.

Durante mucho tiempo, el respeto formaba parte de una especie de acuerdo tácito. Se respetaba a los padres. A los maestros. A la policía. A quien dirigía una empresa, un club o una institución. Era, en gran medida, un respeto ligado a la edad, a la experiencia o a la posición.

Hoy eso ha cambiado. Y probablemente, en parte, para bien.

Porque también es cierto que no todo merece respeto por el hecho de ocupar un lugar. Que hay personas que, independientemente de su edad o de su rango, no se lo ganan. Que el respeto no puede ser una imposición automática ni un salvoconducto. El respeto, como tantas otras cosas importantes en la vida, hay que trabajarlo. Y, sobre todo, hay que merecerlo.

Pero hay algo que no admite matices. Porque si el respeto puede ganarse, la tolerancia no debería depender de nada. La tolerancia no se negocia. No se concede. No se dosifica. Se practica. Con quien piensa distinto. Con quien cree distinto. Con quien vive distinto. Con quien, simplemente, es distinto.

Y quizá ahí esté la clave. No tanto en volver a un respeto entendido como obediencia o jerarquía, sino en avanzar hacia una convivencia basada en algo más sólido: la tolerancia. Avanzar hacia una sociedad en la que la tolerancia deja de ser una opción para convertirse en una necesidad.

Porque uno puede no respetar determinadas actitudes, determinadas formas de hacer o incluso determinadas trayectorias. Pero eso no le da derecho a negar al otro. A ridiculizarle. A excluirle. A convertirle en blanco de un grito.

Debo ser ingenuo, pero me da la sensación de que, si fuéramos capaces de combinar ambas cosas -  respetar cuando se debe y tolerar siempre -, muchas de las tensiones que hoy damos por inevitables empezarían a perder fuerza. Y, quién sabe, quizá recuperaríamos algo que nunca debimos perder del todo.

Pedro Berbel Hernández

 

1 comentario

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usuario anonimo hace 21 minutos
Es muy bueno el comentario!! ojalá se haga realidad!!
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