La jornada más intensa de la Semana Santa ha enlazado procesiones durante todo el día hasta la madrugada
Un Jueves Santo interminable envuelve Valladolid entre pasos, silencio y emoción
Procesiones, actos sociales y momentos de recogimiento dibujan una jornada que se alarga hasta el Viernes Santo
Durante horas, Valladolid vivió un Jueves Santo que no dio tregua, encadenando procesiones en distintos puntos de la ciudad hasta adentrarse, casi sin pausa, en la madrugada.
Al terminar, lo que quedó fue el rastro de todo lo vivido. Las calles fueron vaciándose poco a poco, los últimos pasos regresaron a sus templos y el sonido de las bandas se apagó. La ciudad recuperó el silencio después de una jornada larga, intensa y sostenida, en la que el Jueves Santo volvió a ocupar cada rincón de la capital con su solemnidad.
Desde primeras horas de la tarde, Valladolid comenzó a latir con un ritmo distinto. La Procesión de la Preciosísima Sangre abrió la jornada partiendo de la iglesia de la Antigua con el Cristo de la Preciosísima Sangre y María Santísima de la Caridad. Su llegada a la Catedral y el acto de caridad ante el Palacio Arzobispal marcaron el tono de una tarde en la que la devoción volvió a ir de la mano del compromiso.
A partir de ese momento, Valladolid se convirtió en un mapa de recorridos simultáneos. Desde San Martín, la Procesión de Penitencia y Caridad desplegó un cortejo de gran peso histórico con el Cristo de la Humildad, el Cristo de la Cruz a María y La Quinta Angustia, deteniéndose en enclaves como el Hospital Clínico y la residencia de ancianos, donde la procesión adquirió un carácter especialmente cercano.
En paralelo, la procesión de La Amargura en el Monte Calvario recorrió el centro desde San Miguel con el conjunto del Monte Calvario y la Virgen de la Amargura, alternando momentos de recogimiento en sus actos de oración con escenas más abiertas en su paso por las iglesias de Jesús y de Santiago antes de dirigirse a la Catedral.
El barrio de Delicias también se sumó al recorrido con la Procesión de la Exaltación de la Luz de Cristo, en la que el Santísimo Cristo de la Exaltación y Nuestra Señora de los Dolores avanzaron por la ciudad en un itinerario marcado por el simbolismo y los actos de incorporación y despedida en el Colegio de los Ingleses.
A la misma hora, desde Santa Isabel, la Procesión de Humildad y Penitencia sacó a la calle al Santo Cristo de la Esperanza, el Santísimo Cristo Yacente, Nuestra Señora de la Soledad y la Santa Cruz, en un recorrido sobrio que encontró uno de sus momentos más íntimos en su regreso al convento junto a las Hermanas Clarisas.
Junto a ellas, la Estación Eucarística de la Cofradía de Jesús Resucitado llevó Las Lágrimas de San Pedro hasta la Catedral y la iglesia de San Lorenzo, mientras que la Procesión de la Sagrada Cena, desde San Pedro Apóstol, recorrió la ciudad con pasos como Jesús de la Esperanza, la Sagrada Cena y Nuestra Señora del Sagrario, poniendo el foco en el sentido eucarístico del día.
Con el avance de la tarde, la Procesión de Oración y Sacrificio, desde San Quirce, reunió algunas de las tallas más representativas como Nuestro Padre Jesús Flagelado, Jesús con la Cruz a Cuestas, el Santísimo Cristo del Perdón o el Cristo del Calvario, reforzando el carácter solemne de la jornada en su paso por la Catedral.
Ya entrada la noche, la Procesión del Santísimo Cristo Despojado y Nuestra Señora de la Amargura, desde San Andrés, añadió un tono de mayor recogimiento, con su estación de penitencia en el interior de la Catedral como uno de los momentos más destacados.
A partir de las 23.00 horas, el ritmo cambió. La Peregrinación del Silencio, desde Jesús Nazareno, recorrió el centro con el Cristo de la Agonía en un ambiente contenido en el que apenas el sonido de un trío de capilla acompañó el paso del cortejo.
Poco después, la Procesión de Regla de la Vera Cruz tomó las calles con algunos de los conjuntos más emblemáticos de Gregorio Fernández, como el Señor Atado a la Columna, el Ecce Homo, el Descendimiento o Nuestra Señora de los Dolores, dejando uno de los momentos más emotivos en su acto de oración por los difuntos en la Plaza Mayor.
La noche avanzó sin descanso con el 'Verum Corpus' de la Cofradía del Santo Entierro, que recorrió el centro con el Cristo Yacente antes de culminar en un acto de meditación en Santa Ana, y con la procesión de 'Cristo al Humilladero', desde San Miguel, en la que el Cristo Yacente volvió a ser protagonista en un recorrido marcado por los actos de oración en San Quirce y la plaza de San Pablo.
Ya en la madrugada, la Procesión de Regla de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias tomó el relevo desde su iglesia penitencial con el Cristo en la Cruz, San Juan y Magdalena, el Cristo Yacente y Nuestra Señora de las Angustias, prolongando el ambiente de recogimiento en su estación en la Catedral.
Al finalizar, Valladolid recuperó el silencio. Las calles se fueron vaciando, los últimos pasos regresaron a sus templos y la ciudad quedó en calma tras una jornada larga, en la que el Jueves Santo volvió a desplegar toda su intensidad y su capacidad de llenar cada rincón de significado.
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