Un total de 7.215 vecinos respaldan 49.575 propuestas, cuadruplicando los datos del proceso celebrado en 2023
La provincia de Valladolid empieza a recuperar la normalidad tras las crecidas históricas de sus ríos
El descenso de los caudales alivia la situación, aunque el Duero sigue en nivel naranja y los daños por las inundaciones se cuentan ya por cientos de miles de euros
La provincia de Valladolid comienza a dejar atrás uno de los episodios de avenidas fluviales más prolongados y complejos de los últimos años. Tras días de vigilancia constante en ríos grandes y pequeños, desde el Duero hasta cursos más modestos como el Zapardiel o el Sequillo, la situación evoluciona favorablemente, aunque aún persiste la cautela ante el inminente deshielo en las cabeceras.
El balance provisional deja ya cientos de miles de euros en daños repartidos por toda la provincia, en infraestructuras, terrenos agrícolas y zonas urbanas anegadas. Todo ello mientras sigue activo el nivel 1 del plan autonómico de inundaciones, Inuncyl, tras haberse rebajado desde el nivel 2 a comienzos de la semana.
El Duero, eje principal de la cuenca, continúa siendo el punto más vigilado. Aunque su caudal ha descendido de forma notable en los últimos días, todavía se mantiene en nivel naranja en todas sus estaciones de medición. En enclaves como Quintanilla de Onésimo y Herrera de Duero, el río llegó a registrar picos históricos a comienzos de la semana, duplicando los valores actuales. En apenas cuatro días, el caudal se ha reducido prácticamente a la mitad, marcando por primera vez en una semana una tendencia clara a la baja.
Aguas abajo, en San Miguel del Pino, camino de Tordesillas, el Duero también ha iniciado el descenso tras alcanzar registros excepcionales, aunque sigue por encima de los valores habituales y bajo estrecha supervisión.
El resto de ríos de la provincia presentan una evolución más favorable. El Pisuerga ha experimentado un ligero repunte, pero sin alcanzar de nuevo el umbral de riesgo superado a principios de semana. Por su parte, el Esgueva muestra ya caudales moderados tanto a su paso por la capital como en el valle, muy lejos de los niveles que provocaron desbordamientos puntuales días atrás.
También los afluentes de la margen derecha del Duero, como el Adaja y el Cega, han iniciado el retorno progresivo a sus cauces tras registrar picos significativos en localidades como Valdestillas y Megeces. Una evolución similar se observa en el norte de la provincia, donde el Cea y el Valderaduey mantienen una clara tendencia descendente.
Especial atención han requerido ríos de menor entidad, como el Zapardiel, que generó preocupación en el entorno de Medina del Campo tras multiplicar su caudal habitual, o el Sequillo, que atraviesa Medina de Rioseco. En ambos casos, los valores actuales se sitúan ya muy por debajo de los máximos registrados.
Con los ríos volviendo poco a poco a sus niveles normales, la provincia afronta ahora la fase de limpieza, evaluación de daños y recuperación. Aunque el episodio más crítico parece superado, las autoridades insisten en mantener la vigilancia activa hasta que se descarte por completo el impacto del deshielo y se consolide la estabilidad hidrológica en toda la cuenca.
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