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Los pavos reales y el Campo Grande: los guardianes de color del jardín más emblemático de Valladolid
El esplendor de un ave que une historia, leyenda y belleza natural desde hace casi un siglo en la capital del Pisuerga
En el corazón de Valladolid, allí donde el ritmo urbano baja la voz y los pasos se vuelven más pausados, se abre el Campo Grande: un jardín histórico que respira belleza, calma y vida. Sus senderos sombreados por árboles centenarios invitan a pasear sin prisa, a hacer deporte, a leer un libro en soledad o a conversar en un banco mientras el rumor del agua acompaña cada palabra. Es, para muchos vallisoletanos y visitantes, un pequeño paraíso natural encajado entre calles y edificios. Y, entre todos los habitantes que lo pueblan, hay unos que se han convertido en icono absoluto del parque: los pavos reales.
Un regalo que cambió la historia del parque
La presencia de estas aves majestuosas en el Campo Grande no es fruto de la casualidad. Se remonta a la primavera de 1930, cuando Isabel Aranguren, viuda de Zuazagoitia, decidió regalar al Ayuntamiento de Valladolid una pareja de pavos reales. Aves desconocidas hasta entonces en la ciudad, debían instalarse en los jardines siempre que se habilitara un refugio adecuado para protegerlas durante la noche.
El escritor Gustavo Martín Garzo recoge este momento en su obra 'El Campo Grande. Un espacio para todos', donde cita la generosa donación y la preocupación del Ayuntamiento por garantizar un hogar apropiado para los animales. Aquella primera pareja marcó el comienzo de una pequeña revolución en la fauna del parque.
Poco después, el Ayuntamiento decidió ampliar la población y adquirió varias parejas más. Hubo incluso ejemplares albinos, muy celebrados por los vecinos. La colonia creció tanto que algunos pavos reales fueron cedidos a otros ayuntamientos, como el de Madrid o al zoo de Matapozuelos. Actualmente, aunque no existe un censo oficial, se estima que más de 40 pavos reales viven en libertad entre los caminos, fuentes y arboledas del Campo Grande.

Entre la cotidianidad y la fantasía
Los pavos reales del Campo Grande no tardaron en convertirse en protagonistas literarios. La escritora Rosa Chacel los describió con precisión y ternura en 'Valladolid. Vivencias y fotografías'. Para ella, estas aves llevaban una "doble vida diurna", paseándose con parsimonia entre niños y madres, como si conocieran bien el impacto que causa su presencia. Los llamó "pájaros vedette", y es difícil encontrar una expresión que les encaje mejor.
Son, de hecho, los animales más fotografiados de Valladolid. Turistas y vecinos se detienen fascinados ante su plumaje, especialmente cuando los machos, únicos poseedores de ese abanico de colores, deciden desplegarlo. Aunque pasan mucho tiempo en tierra, es habitual verlos descansar en árboles de copas amplias, a los que ascienden mediante pequeños vuelos.
Caminar por el Campo Grande y encontrarse con ellos es casi como entrar en un cuento. Uno puede sorprenderse al verlos cruzar un sendero con dignidad regia o observar cómo avanzan con movimientos lentos y elegantes frente a la estatua de Zorrilla o cerca de la Pajarera. Su presencia añade un toque exótico a este pulmón verde, recordándonos que la naturaleza siempre guarda un punto de magia incluso en pleno centro urbano.
Origen, leyendas y curiosidades del pavo real
Su belleza no es solo paisajística; también está envuelta en historia, simbolismo y mitología.
Originario de la India y considerado allí su ave nacional, el pavo real ha estado envuelto en simbolismos desde la antigüedad: en el hinduismo es la montura del dios de la guerra, mientras que en la mitología griega la diosa Hera le otorgó los célebres "mil ojos" de su plumaje para vigilar a Zeus, una característica que lo convirtió también en objeto de fascinación en Europa, donde llegó de la mano de los romanos tras las conquistas de Alejandro Magno y fue incluso un apreciado manjar en sus festines. Esta ave, que vive entre 10 y 25 años, presenta claras diferencias entre machos y hembras, pues ellos pueden medir hasta 20 centímetros más, pesar casi el doble y, sobre todo, lucir el vistoso abanico de colores que lo ha hecho famoso, presente en distintas variedades como la blanca, marrón, bronce, gris, púrpura o la tradicional azul.
Un emblema imprescindible del Campo Grande
Hoy, los pavos reales forman parte indiscutible de la identidad del Campo Grande y, por extensión, de Valladolid. Son testigos silenciosos de la vida del parque: ven pasar generaciones, celebraciones, lecturas, juegos infantiles y miles de fotografías.
Para el visitante, encontrarse con ellos es un regalo inesperado. Y para el vallisoletano, un orgullo que se renueva cada vez que uno de estos "pájaros vedette" decide mostrarse en todo su esplendor. En un jardín que ya de por sí invita a la calma y al disfrute, los pavos reales añaden un toque de magia que convierte cada paseo en una experiencia única.
Si visitas Valladolid, no olvides reservar un instante para recorrer el Campo Grande. Quizá, entre el murmullo del agua y el silencio amable de sus senderos, te cruces con uno de estos guardianes del color que han hecho de este parque, desde hace casi un siglo, su hogar.
El evento, con entrada solidaria de tres euros, reunirá a voluntarias y juntas locales de toda la provincia
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