La muestra discurrirá hasta final de año, renovándose en la tercera semana de cada mes
Carmen en el Calderón
Esta ópera de Carmen que hemos visto en el Calderón es magnética, pero es deleble. Insólita pero no original. Todavía no me acabo de explicar la opción del Tenor Jean-François Borras como Don José. Me parece que no tiene la solvencia suficiente, ni el tipo necesario para encarar al personaje. Esta Carmen convierte en inusitado lo convencional, y para rematar convierte lo imprevisible en previsible. Resulta a veces brillante pero artificiosa. Eso sí, ha sido aclamada por el público de manera unánime.
La Mezzosoprano nacida en Tiflis (Georgia) Nino Surguladze resultó desde su aparición convincente, capaz vocalmente de dotar a su personaje de la contundencia y la gracia necesaria para seducir al público y a quién se pusiera a tiro. Su voz pobló el Teatro Calderón de ensoñaciones, sugerencias y provocaciones demostrando su gran nivel.
La técnica y la química que derramó Don José (Jean-François Borras) fue susceptible de mejora. Su voz, en ocasiones, resultó muy por debajo de lo mínimamente deseable. Igualmente, sus movimientos por el escenario, sus abrazos y sus besos fueron poco creíbles. Jean- François que hay que poner un poco más de queroseno en las escenas ardientes para que resulten creíbles.
El Bajo-Barítono Tomasso Barea (Escamillo) dio el do de pecho en su famosa canción de salida y despegó todos sus encantos vocales con un fraseo enérgico, con poderío, vamos.
El Coro Calderón Lírico, ¡ay, el coro! Estuvo bien en conjunto, pero no me gustaron sus movimientos en escena, muchos sin venir a cuento y repetitivos. Hay que ser un poco más comedidos, ahorrándose excesos innecesarios.
El Coro de Voces Blancas de Valladolid estuvo realmente magnifico y resultó uno de los momentos más brillantes de la noche. Felicitar a Clara de los Ojos por su trabajo. El papel de los secundarios, todos brillantes. Pero quiero mencionar especialmente a la talentosa Soprano vallisoletana Paula Mendoza que hace el papel de Frasquita. Su hermosa voz, su expresividad derramando elegancia y su alegría se apoderó de los espectadores que no la quitaron ojo en toda la representación.
Por último, hay que reseñar que la Dirección musical a cargo de Sergio Alapont dirigiendo a la OSCyL de manera sólida y profesional y la Dirección de escena de Jean-Louis Grinda han sido acertadas desde el comienzo hasta el final. En un palmo de terreno han construido un territorio sonoro y escénico inmenso, vamos que han sacado leche de un botijo, para entendernos.
El escenario me recordó a La Materia del Tiempo, las esculturas que tiene Richard Serra en el Museo Guggenheim en Bilbao. Carmen, como las esculturas de RS permiten que el espectador pueda coger su alfombra mágica y darse una vuelta por el mundo a su aire por espacio de tres horas y olvidarse de sí mismo.
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