16/05/2026
Merchandising Real
Lectura estimada: 2 min.
Es sorprendente desde la distancia observar como los fans de la monarquía británica adquieren de recuerdo infinidad de artículos personalizados con el evento de la proclamación de su nuevo Rey. En breve desayunarán en una taza marcada con la figura de Carlos III, comerán en un plato hondo con la imagen de Buckingham Palace y cenarán sobre un mantel que en las esquinas muestra el bordado del escudo real.
Cuestión de gustos, de memoria histórica y de respeto a unas tradiciones que en cada país se demuestran de una manera. Qué bonito sería ver en nuestras tiendas de artículos de regalo una taza del Emérito a bordo del "Bribón IV", una copa de cerveza con la imagen de Froilán, o un abanico para ir a los toros con la silueta de Victoria Federica.
Aquí somos muy rancios. Nos meten a todas horas los medios y las redes, que son gente que no trabaja, que vive del cuento, de la sangre y del apellido y ni un triste mechero o un mísero imán de nevera dedicada a nuestra monarquía. A caso es más atractivo Vinicius que Urdangarín, o cualquier actriz de 'Aquí no hay quien viva' que las hijas de nuestra Reina Letizia.
Comparar la pintaza del Rey Felipe con Carlos de Inglaterra sería absurdo, pero aquí no hay manera de encontrar ni un llavero que llevar a casa o regalar a un hermano de cumpleaños. Aquí solo admiramos a los cantantes, deportistas y políticos. Si alguien se atreviera a sacar un frasco de laca de García-Gallardo se haría rico, o un juego de peinetas de Mañueco se lo quitarían de las manos, unas camisetas de Jesús Julio con la maqueta del futuro soterramiento... ellos sí que tienen seguidores.
Las niñas llevan carpetas con fotos de Miss Cafeína, Bisbal o Leiva. Los chicos portan mochilas con el escudo del Madrid, Barsa o Pucela. De reyes y reinas nada. Qué bonita sería una edición limitada de sellos, con las fotos de las amantes del Rey Juan Carlos. Una edición bien encuadernada de las transferencias que realizó a Corina o un buen reloj de marca que en el cierre de plata estuviera escrito "lo siento, pido perdón y no lo volveré a hacer".
Aquí no respetamos ni sus flaquezas ni debilidades ni fallos humanos. El sábado vimos a una multitud bajo la lluvia venerando a los suyos, aquí estábamos pendientes de ver al Real Madrid levantar otro trofeo.
Hasta que no se case un futbolista, un cantante o un hijo de Ayuso, de Almeida o de Feijóo con Leonor o Sofía, me temo mucho que aquí no tendremos MERCHANDISING REAL.
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