La restauración pide un cambio de rumbo: menos trabas y una revisión de la ley Rider
Marcas de Restauración reclama un interlocutor único para el sector y más seguridad jurídica ante la fragmentación normativa y los problemas del reparto a domicilio
La restauración organizada quiere tener voz propia ante el próximo Gobierno. Con motivo de su 30º aniversario, Marcas de Restauración ha puesto sobre la mesa varias reivindicaciones para la próxima legislatura: un interlocutor político único para el sector, menos fragmentación normativa y una revisión de la conocida como ley Rider, cuya aplicación considera que está generando problemas en el servicio de reparto a domicilio.
Las peticiones las ha trasladado su directora general, Adriana Bonezzi, durante una entrevista en el pódcast EFEAgro Punto de Encuentro. La organización representa a 53 entidades y da empleo a más de 200.000 personas en España, por lo que reclama un mayor reconocimiento institucional de una actividad con un importante peso económico y laboral.
Bonezzi considera necesario que el nuevo Ejecutivo establezca una única vía de interlocución con la restauración. Actualmente, las empresas deben tratar con diferentes departamentos de la Administración relacionados con Consumo, Turismo, Comercio o Sostenibilidad, una dispersión que, a su juicio, dificulta la defensa de los intereses comunes del sector.
La patronal también reclama mayor seguridad jurídica para los empresarios. Uno de sus principales problemas es la convivencia de 17 reglamentaciones autonómicas diferentes, que obliga a las compañías a desenvolverse en un marco normativo distinto según el territorio en el que operan.
La ley Rider, en el punto de mira por los retrasos en los pedidos
Otro de los asuntos que Marcas de Restauración quiere abordar con el próximo Gobierno es la aplicación de la ley Rider, que regula el trabajo de los repartidores de plataformas digitales.
Bonezzi considera que la normativa ha reducido la flexibilidad con la que operaba el sector y advierte de que esta situación puede terminar perjudicando la imagen de las propias marcas. Su preocupación es que los clientes atribuyan a los restaurantes los retrasos en las entregas, cuando estos pueden estar relacionados con las limitaciones del modelo de reparto derivadas del marco legal.
Por ello, ha pedido revisar la norma para corregir las dificultades detectadas en su aplicación práctica y facilitar que las empresas puedan ofrecer un servicio adecuado a sus clientes.
Facturación millonaria, pero con menos margen de beneficio
En el terreno económico, la restauración de marca mantiene unas perspectivas favorables. El sector alcanzó una facturación de 26.400 millones de euros hasta julio de 2026 y espera cerrar el ejercicio con un balance positivo.
Sin embargo, el crecimiento de los ingresos no está evitando las dificultades para las empresas. El encarecimiento de las materias primas, los costes de producción y la inflación alimentaria están reduciendo los márgenes de beneficio.
Esta presión también se traslada al consumidor. Según Bonezzi, el precio medio del menú del día tradicional se encuentra ya cerca de los 17 euros, reflejo del incremento de los gastos que soportan los establecimientos.
Supermercados que sirven comidas y el reto de la IA
La directora general también ha puesto el foco en la competencia de los llamados 'mercaurantes', supermercados que incorporan mesas y sillas para ofrecer comida preparada y una experiencia similar a la de un restaurante. Marcas de Restauración reclama que estos establecimientos estén sometidos a las mismas reglas y exigencias legales que los negocios tradicionales cuando desarrollan actividades equivalentes. La organización considera que la seguridad jurídica debe garantizar unas condiciones de competencia equilibradas.
La transformación tecnológica es otro de los desafíos que afronta el sector. La llegada de la inteligencia artificial abre nuevas posibilidades para realizar pedidos y reservas mediante asistentes virtuales, pero Bonezzi cree que las empresas deben adaptarse a perfiles de clientes muy diferentes.
Mientras algunos consumidores ya utilizan habitualmente el móvil para pagar y gestionar sus pedidos, otros siguen prefiriendo llamar por teléfono para encargar una pizza, como se hacía en los años noventa.








