Trump se juega algo más que el Congreso: las elecciones que pueden cambiar el final de su presidencia
Unas elecciones de medio mandato que amenazan con arrebatar a los republicanos el control de la Cámara de Representantes y el Senado
Donald Trump no aparece en las papeletas de las elecciones del próximo martes 3 de noviembre, pero buena parte de su futuro político está en juego. Los estadounidenses elegirán a sus representantes en el Congreso en unos comicios de medio mandato que pueden cambiar el equilibrio de poder en Washington y complicar los dos últimos años de su presidencia.
Los republicanos afrontan la cita electoral con el control de ambas cámaras y el riesgo de perder sus mayorías. Los demócratas, por su parte, llegan con ventaja en las encuestas y aspiran a recuperar el poder legislativo para poner freno a las iniciativas del presidente y aumentar la vigilancia sobre su Gobierno. Trump ha convertido estas elecciones en una especie de referéndum sobre su gestión. En sus últimos mítines ha pedido a sus seguidores que acudan a votar como si su nombre figurase en las papeletas. "Fingid que estoy en la papeleta", ha llegado a decir, convencido de que su presencia puede movilizar a los votantes republicanos y evitar que se queden en casa.
El principal problema del presidente es su pérdida de popularidad. Según una encuesta de Reuters e Ipsos publicada el 26 de octubre, solo el 32% de los estadounidenses aprueba su gestión, después de haber tocado un mínimo histórico del 31 % la semana anterior. El malestar económico está detrás de buena parte del descontento. El coste de la vida, la subida de los precios de la gasolina y las consecuencias de la guerra con Irán se han convertido en asuntos que perjudican las expectativas electorales de los republicanos.
La ventaja demócrata también se refleja en las previsiones electorales. El modelo de Decision Desk HQ, actualizado el 30 de octubre, concede a los demócratas un 82 % de probabilidades de recuperar la Cámara de Representantes y un 62 % de hacerse con el control del Senado. Se trata de estimaciones, no de resultados asegurados, y el margen de incertidumbre es mayor en la Cámara Alta.
Ante este panorama, Trump ha intensificado su presencia en la campaña con una sucesión de mítines por distintos estados. Su estrategia pasa por movilizar a los votantes más fieles y respaldar a los candidatos republicanos que afrontan las contiendas más ajustadas.
En septiembre llegó incluso a prometer un pago de 5.000 dólares a los ciudadanos si los republicanos conservan el control de las dos cámaras. La propuesta, presentada como un dividendo económico, ha generado dudas incluso entre algunos miembros de su propio partido por su elevado coste y las dificultades para llevarla a cabo. La oposición ha cuestionado también que se vincule una promesa económica al resultado electoral.
El presidente tiene, además, un precedente poco favorable. En las elecciones de medio mandato de 2018, durante su primera presidencia, los republicanos perdieron el control de la Cámara de Representantes. Históricamente, este tipo de comicios suele castigar al partido que ocupa la Casa Blanca, especialmente cuando existe descontento con la gestión presidencial.
Si los demócratas recuperan el Congreso
La posible pérdida de las mayorías republicanas tendría consecuencias directas para Trump. Si los demócratas recuperan la Cámara de Representantes, podrán bloquear buena parte de su agenda legislativa, controlar las comisiones parlamentarias y abrir investigaciones sobre las decisiones de la Administración. También podrían impulsar un nuevo proceso de juicio político o impeachment contra el presidente, como ya sucedió en dos ocasiones durante su primer mandato. Sin embargo, iniciar ese procedimiento no significa que pueda ser destituido: para lograr una condena en el Senado se necesita una mayoría de dos tercios, un escenario muy difícil de alcanzar.
La batalla por el Senado presenta otras particularidades. En estas elecciones se renueva aproximadamente un tercio de sus cien escaños y los demócratas necesitan conseguir una ganancia neta de cuatro para alcanzar una mayoría propia. Los republicanos parten con 53 senadores frente a los 47 que suman los demócratas y los dos independientes que suelen votar con ellos.
La importancia de esta cámara va más allá de la aprobación de leyes. El Senado tiene un papel decisivo en la confirmación de los principales nombramientos presidenciales, incluidos los miembros del Gobierno y los jueces del Tribunal Supremo. También interviene en cuestiones esenciales de política exterior. Por tanto, perder una sola cámara ya supondría un obstáculo para Trump. Perder las dos dejaría al presidente con un Congreso controlado por sus adversarios políticos durante la recta final de su mandato.
La carrera por suceder a Trump ya mira a 2028
Las elecciones también pueden marcar el comienzo de una nueva etapa dentro del Partido Republicano. Con Trump sin posibilidad de presentarse a un tercer mandato, los movimientos para encontrar a su sucesor podrían ganar fuerza después de los comicios. Entre los nombres que suenan para las presidenciales de 2028 figuran el vicepresidente, JD Vance, y el secretario de Estado, Marco Rubio. Ambos forman parte del círculo más cercano al presidente, aunque todavía es pronto para determinar cómo se desarrollará la futura carrera por la candidatura republicana. La pérdida de las mayorías legislativas podría acelerar ese debate y abrir interrogantes sobre el liderazgo del partido una vez que Trump abandone la Casa Blanca. No obstante, resulta difícil imaginar que el mandatario renuncie a mantener el protagonismo político que ha marcado su trayectoria.
En cualquier caso, perder el control del Congreso no significaría que Trump perdiese sus poderes como presidente. Seguiría conservando las atribuciones que le reconoce la Constitución hasta el final de su mandato, previsto para el 20 de enero de 2029.
Lo que sí cambiaría sería su capacidad para sacar adelante iniciativas legislativas y mantener el respaldo parlamentario a su programa. Por eso, las elecciones del 3 de noviembre son mucho más que una renovación de escaños: pueden determinar con qué margen político afrontará Donald Trump los dos últimos años de su estancia en la Casa Blanca.








