Lisandro Alonso vuelve a encontrarse con Misael 25 años después en 'La libertad doble', la apuesta más arriesgada de la Seminci

El cineasta argentino recupera al protagonista de su primera película para explorar la soledad, la supervivencia y el significado de la libertad

Lisandro Alonso vuelve a encontrarse con Misael 25 años después en 'La libertad doble', la apuesta más arriesgada de la Seminci
'La libertad doble'.
El autor esMiguel Ángel  Fernández
Miguel Ángel Fernández
Lectura estimada: 4 min.

Un cuarto de siglo después de presentar al mundo a Misael, un leñador que vivía apartado de la sociedad en la Pampa argentina, el director Lisandro Alonso recupera a aquel protagonista en 'La libertad doble'. El cineasta, considerado uno de los referentes del Nuevo Cine Argentino, regresa así al universo de su primer largometraje, 'La libertad' (2001), para plantear una nueva reflexión sobre la soledad, los vínculos humanos y las consecuencias de las decisiones personales.

La película, presentada este año en la Quincena de Cineastas de Cannes, ha llegado a la 71ª Semana Internacional de Cine de Valladolid para completar la competición por los principales galardones del certamen. Su primer pase en el Teatro Calderón ha dejado una recepción dividida, con un sonoro pateo entre los espectadores, ante una propuesta que vuelve a apostar por el cine contemplativo y los largos silencios que caracterizan la filmografía de Alonso.

En 'La libertad doble', el realizador vuelve a trabajar con Misael Saavedra, el hombre que protagonizó su primera película sin ser actor profesional. En esta ocasión, comparte pantalla con su hermana Catalina, también interpretándose a sí misma. La cámara acompaña sus movimientos cotidianos sin apenas intervenir: comer, respirar, trabajar, descansar o permanecer en silencio forman parte de una narración que encuentra en los pequeños gestos su principal fuerza expresiva.

Misael continúa viviendo apartado del ruido y de las convenciones sociales, en un entorno natural donde los animales son prácticamente sus únicos compañeros. Su refugio es una construcción precaria levantada con restos de uralita, un techo improvisado que le protege sin llegar a ofrecerle las comodidades de una vivienda convencional. Allí transcurre su existencia, marcada por el trabajo, la supervivencia y una soledad que parece no haber cambiado demasiado desde aquel primer encuentro cinematográfico hace 25 años.

Dos formas de entender la libertad

La rutina del protagonista comienza a alterarse con la aparición de Alcides, un amigo con quien establece una relación de ayuda mutua. Sin embargo, el verdadero giro de la historia llega a través de una llamada telefónica. Desde el hospicio donde permanece ingresada su hermana Micaela desde hace quince años, un médico le comunica que la falta de recursos económicos obligará a cerrar el centro.

A partir de ese momento, la película desplaza su mirada hacia la relación entre los dos hermanos y plantea el significado de la libertad desde perspectivas muy diferentes. Si Misael representa una existencia alejada de las normas y las estructuras sociales, Micaela encarna otra forma de vivir, condicionada por la medicación y su estancia prolongada en una institución.

La llegada de la mujer supone un cambio en el universo del protagonista y abre una incógnita sobre cómo afectará a su independencia. Micaela aparece aferrada a una regadera que lleva consigo como si fuera su posesión más valiosa, un objeto cargado de simbolismo que acompaña su llegada a un entorno completamente distinto al que ha conocido durante los últimos quince años.

El título adquiere así una doble dimensión: la libertad de dos personas que, pese a compartir una historia familiar y caminar por un mismo mundo, mantienen formas de relacionarse con la realidad difícilmente conciliables. Alonso utiliza ese encuentro para cuestionar los límites de la autonomía individual y las responsabilidades que acompañan a la vida en sociedad.

Un reencuentro cinematográfico después de 25 años

Aunque el director no ha viajado a Valladolid para acompañar la presentación de la película, sí ha explicado en las notas de producción, recogidas por Ical, cómo ha evolucionado su relación con Misael desde que rodaron juntos 'La libertad'.

"Siempre lo he considerado parte de mi equipo de alguna manera, y así es como nuestra relación se ha mantenido viva a lo largo de los años", reconoce Alonso, que considera que el paso del tiempo ha introducido nuevas preocupaciones en sus vidas.

"Ahora que ya no tenemos 20 años, tenemos que tener en cuenta otras cosas: nuestros seres queridos, el mundo en el que nos toca vivir, las consecuencias de ciertas decisiones, propias y ajenas", reflexiona el cineasta. Una evolución personal que también ha terminado trasladándose a la pantalla.

El realizador insiste en que su nueva película no pretende limitarse al retrato individual de sus protagonistas. "La historia de 'La libertad doble' no habla solo de una persona y de su historia personal", explica, antes de invitar al espectador a buscar conexiones con la realidad social argentina.

"Si como espectadores hacemos un pequeño esfuerzo más, creo que se pueden encontrar varias reflexiones o conexiones con lo que ha pasado y sigue pasando a muchas personas en Argentina", añade.

Con esta nueva obra, Lisandro Alonso recupera una historia que comenzó hace 25 años para demostrar que el tiempo también transforma aquello que parecía inmutable. Una película que exige paciencia al espectador y que vuelve a situar en el centro de su cine a quienes viven al margen de las convenciones, mientras plantea una pregunta que atraviesa todo el metraje: qué significa realmente ser libre y qué ocurre cuando esa libertad debe compartirse.

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