Seminci se adentra en la Francia colaboracionista con 'Un hombre de nuestro tiempo'

Emmanuel Marre lleva a la Sección Oficial una película inspirada en las cartas de sus bisabuelos durante la ocupación nazi, un relato sobre el ascenso del colaboracionismo

Seminci se adentra en la Francia colaboracionista con 'Un hombre de nuestro tiempo'
'Un hombre de nuestro tiempo'.
El autor esMiguel Ángel  Fernández
Miguel Ángel Fernández
Lectura estimada: 5 min.

La correspondencia que sus bisabuelos intercambiaron entre 1937 y 1946 cambió la mirada del cineasta Emmanuel Marre sobre su propia historia familiar y terminó convirtiéndose en el punto de partida de 'Un hombre de nuestro tiempo'. Su segundo largometraje, presentado este jueves en la Sección Oficial de la Seminci, reconstruye uno de los periodos más oscuros de Francia a través de las aspiraciones políticas de un hombre corriente que acaba participando en el engranaje del colaboracionismo con la Alemania nazi.

Rodada en 16 milímetros y con una estética próxima al falso documental, la película combina el derrumbe de un país con la caída personal de un protagonista incapaz de renunciar a sus ambiciones. Marre, que ya dirigió 'Generación Low Cost' en 2021, utiliza una cámara Bolex para acompañar a su personaje en un recorrido marcado por el idealismo, la frustración y la progresiva degradación de sus relaciones personales.

La historia comienza con el armisticio de 1940, firmado por el mariscal Philippe Pétain con la Alemania nazi. Francia queda dividida entre la ocupación alemana en el norte y el régimen colaboracionista de Vichy en el sur. En ese contexto aparece Henrri Marre, un hombre que llega desde el París ocupado sin dinero, pero cargado de expectativas y con varios ejemplares de su libro autoeditado, 'Notre salut' ('Nuestra salvación'), en el que expone sus ideas para reconstruir el país.

Interpretado por Swann Arlaud, el protagonista persigue una grandeza nacional que cree posible recuperar a través del nuevo régimen. Su admiración por Pétain, considerado inicialmente un héroe nacional y convertido después en traidor tras la victoria aliada, condiciona sus decisiones y alimenta una huida hacia adelante que terminará afectando a todos los que le rodean.

Mientras él intenta abrirse camino en la nueva estructura política y social, su matrimonio se desmorona y su mujer y sus hijos quedan cada vez más alejados de sus prioridades. La voz en off de su esposa acompaña la narración y refleja, desde la distancia, el deterioro de una familia sacrificada por las aspiraciones de un hombre convencido de estar contribuyendo a la salvación de Francia.

Una mirada al colaboracionismo desde la intimidad familiar

Marre evita presentar al protagonista como una figura excepcional. Por el contrario, construye el retrato de alguien corriente cuya ambición y falta de escrúpulos le llevan a justificar decisiones cada vez más difíciles de defender. La película aborda así el colaboracionismo sin suavizar sus responsabilidades, incluso cuando quienes participaron en él prefieren referirse a su papel como una forma de "cooperación".

El origen de la historia se encuentra en las cartas familiares que el director descubrió años después. Aquellos documentos describían la vida cotidiana de una familia vinculada al colaboracionismo y le hicieron preguntarse por qué apenas había oído hablar del régimen de Vichy durante su educación.

"Para mí, que había leído esas cartas, supuso todo un shock, un impacto emocional, comprobar cómo un hombre tan normal, ordinario, podía haber sido parte del engranaje de un crimen de ese tamaño", explicó el cineasta durante su visita a Valladolid, en declaraciones recogidas por Ical.

El director recordó que el régimen de Vichy impulsó medidas represivas por iniciativa propia, entre ellas un sistema de trabajos forzados para extranjeros, y tuvo responsabilidad en la deportación de judíos. Esa constatación fue determinante para abordar la historia desde una perspectiva que no se limita a reconstruir los hechos, sino que también cuestiona los mecanismos sociales y políticos que permiten que personas aparentemente normales participen en sistemas autoritarios.

Una película histórica que huye del naturalismo

La propuesta de 'Un hombre de nuestro tiempo' también se distingue por su lenguaje cinematográfico. Marre ha buscado alejarse de la reconstrucción histórica convencional para acercar emocionalmente al espectador a los personajes, sin pretender que lo que aparece en pantalla sea una reproducción exacta del pasado.

"La película trata de recrear el presente en la pantalla", explicó. Su intención es que los personajes puedan sentirse tan próximos como las personas que comparten la sala de cine con el espectador, reduciendo así la distancia que suele imponer el relato histórico.

Para conseguirlo, el equipo apostó por una estética que hace visible la presencia de la cámara y utiliza una iluminación artificial deliberada. El objetivo, según el director, era alcanzar una "justicia sensorial y emocional" antes que perseguir una exactitud histórica absoluta.

"A veces tengo un problema con el naturalismo. Pesa mucho, es como estar en un museo de historia natural, viendo dioramas y vitrinas con animales o fondos dibujados", señaló Marre, que citó como referencia a Peter Watkins. La película no pretende ofrecer una verdad cerrada sobre el pasado, sino abrir una reflexión sobre cómo se construye y se interpreta la historia.

Esa voluntad explica también la presencia de anacronismos musicales. En diferentes momentos, los personajes bailan canciones de décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, como 'Life Is Life' o 'Pop Corn'. La decisión nace de las propias cartas de su bisabuela, en las que describía escenas de sus hijos bailando con entusiasmo.

El cineasta quería trasladar esa energía al público actual y consideró que la música de los años cuarenta no habría generado la misma respuesta emocional. La mezcla de épocas permite, además, subrayar que los mecanismos políticos y sociales que muestra la película no pertenecen exclusivamente a la Francia de 1940.

El nacionalismo como herramienta de manipulación

El desarrollo del protagonista también cambió durante el rodaje. Marre explicó que el resultado final se alejó en algunos aspectos del guion, premiado en Cannes, especialmente en la forma de representar la admiración del personaje por Pétain. Fue Swann Arlaud quien llevó al protagonista hacia una interpretación diferente, menos centrada en el fervor ideológico y más en las contradicciones de un hombre que busca su lugar en el poder.

Ese cambio permitió al director profundizar en la responsabilidad de los sectores políticos intermedios: personas que no necesariamente comparten por completo el ideario nacionalista, pero que terminan acercándose a posiciones antidemocráticas antes que respaldar alternativas que consideran demasiado alejadas de sus intereses.

"Como ciudadano, creo que el nacionalismo es una técnica de manipulación de las masas. Es lo que más interesa a las fuerzas económicas", afirmó Marre, que estableció paralelismos entre el discurso de su bisabuelo y determinadas corrientes políticas actuales.

El libro 'Notre salut', que existe realmente, es para el director un ejemplo de cómo las ideas excluyentes pueden presentarse bajo una apariencia intelectual. Su autor defendía que las personas no eran iguales por naturaleza y consideraba la democracia un error científico. Marre compara esa visión con la de determinados prescriptores políticos actuales y advierte de los riesgos de cuestionar la igualdad fundamental entre ciudadanos.

La película plantea así una reflexión sobre el avance progresivo del fascismo y sobre las consecuencias de intentar contener a la extrema derecha mediante concesiones que terminan reforzando sus posiciones.

"La película muestra cómo el fascismo no llega de un día a otro, sino que va paso a paso", concluyó el cineasta. Con 'Un hombre de nuestro tiempo', la Seminci incorpora a su competición una historia que parte de la memoria familiar para examinar las responsabilidades individuales, la fragilidad de la democracia y la facilidad con la que las ambiciones personales pueden terminar justificando la renuncia a los principios colectivos.

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