Seminci acoge 'Papagayo', la historia de amor que la guerra y el tiempo convirtieron en recuerdo

El cineasta canario de origen sirio Omar A. Razzak presenta un documental íntimo sobre su relación con una mujer israelí y un país que ya no reconoce

Seminci acoge 'Papagayo', la historia de amor que la guerra y el tiempo convirtieron en recuerdo
'Papagayo', de Omar A. Razzak.
El autor esMiguel Ángel  Fernández
Miguel Ángel Fernández
Lectura estimada: 4 min.

Hay historias que sobreviven a sus protagonistas y lugares que solo permanecen intactos en la memoria. Omar A. Razzak empezó a rodar en Israel junto a su entonces pareja, una ilustradora israelí, cuando ambos todavía imaginaban un futuro en común. Sin embargo, la ruptura sentimental y el estallido de la guerra en Gaza terminaron transformando aquel proyecto inicial en el retrato de dos mundos que dejaron de existir.

"El Israel que se ve en la película no es el Israel de ahora", explica el cineasta canario de origen sirio en una entrevista con EFE con motivo del estreno en España de Papagayo, dentro de la 71 Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci). La película, concebida inicialmente desde la curiosidad y el descubrimiento, adquirió un significado diferente a medida que los acontecimientos personales y políticos alteraron la realidad que mostraban sus imágenes.

El origen del documental estuvo en un viaje motivado por la situación administrativa de su pareja, que tuvo que abandonar España y regresar a Tel Aviv. Razzak decidió acompañarla y comenzó a grabar su experiencia casi como si estuviera escribiendo un diario audiovisual. Aquel desplazamiento le permitió descubrir lugares desconocidos, pero también enfrentarse a las contradicciones de su propia identidad.

"Yo viajo como español y yo me siento español, y cuando llego allí empiezo a ver que igual para ellos no soy español, sino que soy árabe", recuerda.

Mientras él recorría el territorio con la cámara, su pareja dibujaba algunos de los espacios que visitaba. Sus ilustraciones le permitían representar lugares a los que ella, como mujer, tenía dificultades para acceder en determinadas comunidades ultraortodoxas. De ese intercambio surgió una película que terminó situando a ambos en el centro del relato: una pareja cuya relación también estaba atravesada por las tensiones y contradicciones del entorno que exploraba.

La guerra en Gaza modificó todavía más el sentido de Papagayo. Lo que había comenzado con un tono cercano a la comedia fue adquiriendo una mirada melancólica y menos esperanzadora. Las imágenes grabadas durante el viaje pasaron a documentar una realidad anterior al conflicto, la de un país que el director siente ahora lejano.

Una historia que ya no podía contarse a dos voces

La ruptura sentimental acabó interrumpiendo el proyecto durante un largo periodo. Su expareja decidió abandonar la película y Razzak tuvo que enfrentarse a una cuestión fundamental cuando decidió retomarla: cómo reconstruir una historia compartida cuando una de las personas implicadas ya no quiere seguir formando parte de ella.

"Yo solo puedo hablar por mí", explica el cineasta, que recurrió a la animación para representar a su antigua pareja. El recurso le permitió transformar el diálogo que había articulado inicialmente el documental en una narración sostenida por una única voz, la suya.

A la separación personal se sumó la imposibilidad de regresar a Israel. Razzak tenía previsto viajar en diciembre de 2023 para completar el rodaje, pero la guerra en Gaza y las cancelaciones de vuelos frustraron sus planes. Los lugares que había filmado pertenecían ya a otro tiempo y las imágenes adquirieron el valor de un testimonio de una realidad que había cambiado profundamente.

"Si volviera, no sería la misma película. Bueno, ahora mismo no podría ni regresar allí a rodar", reflexiona.

La distancia entre lo vivido y lo que permanece en las imágenes se convierte así en uno de los ejes de la película. Papagayo no solo reconstruye una relación sentimental, sino que también refleja cómo los acontecimientos históricos pueden alterar el significado de los recuerdos y convertir un viaje personal en el retrato de un mundo desaparecido.

Una canción de amor para su hijo

El propio título del documental encierra una de sus principales paradojas: la posibilidad de comunicarse no implica necesariamente que exista comprensión. Una idea que atraviesa tanto la experiencia personal del director como su mirada sobre Israel, donde conviven comunidades con lenguas e identidades diferentes que, pese a compartir territorio, encuentran dificultades para entenderse.

En un contexto marcado por la guerra en Gaza y la polarización del debate público, Razzak aborda esas tensiones desde una perspectiva autobiográfica. En lugar de construir un relato centrado exclusivamente en la confrontación política, utiliza su experiencia íntima para explorar las distancias culturales, las identidades y los límites de la comunicación.

El proceso de terminar la película también le obligó a regresar a una relación que ya había concluido. Volvió a antiguas conversaciones de WhatsApp, escuchó repetidamente la voz de su expareja y revisó momentos de intimidad que habían quedado atrás. Un ejercicio que, lejos de plantearse como una terapia o un ajuste de cuentas, terminó adquiriendo otro significado.

"Lo que he tratado de hacer es una canción de amor, un regalo para mi hijo", explica.

De esta manera, Papagayo se convierte en un intento de preservar aquello que la separación y el paso del tiempo amenazan con borrar. La película, que ha agotado las entradas para sus tres proyecciones en la Seminci, deja constancia de una historia que no tuvo el desenlace esperado, pero que su director quiere conservar y transmitir a su hijo como parte de su propia memoria.

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