Cristina Urgel: "En todas las familias hay un elefante en la habitación del que no se habla"
Presenta en la Seminci 'La conversación que nunca tuvimos', su primer largometraje, un documental íntimo nacido de la historia de su abuela, una madre soltera, algo que no estaba bien visto en aquella época
Hay conversaciones que nunca llegan a producirse y silencios que terminan marcando a varias generaciones. La actriz y directora Cristina Urgel (Soria, 1979) ha convertido una de esas controversias en el punto de partida de La conversación que nunca tuvimos, su primer largometraje como directora, que presenta en la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci). Una película-documental que nace de una historia profundamente personal, la de su abuela Celia, que acaba convirtiéndose en un homenaje a todas aquellas mujeres que tuvieron que sufrir el desprecio del entorno por ser madres solteras en la España de los años cincuenta.
"En todas las familias hay un elefante en la habitación, sea de un tipo o de otro, del que no se habla, que se evita", reflexiona Urgel en una entrevista concedida a TRIBUNA, en la que reconoce que este proyecto ha sido el más improvisado y, al mismo tiempo, uno de los más importantes de su trayectoria. Lo que comenzó con una grabadora y una conversación con su abuela un año antes de su fallecimiento ha terminado convirtiéndose en una película que permite a tres generaciones de mujeres reencontrarse con su (ante)pasado.
La historia tiene su origen en unos audios que Urgel grabó a su abuela Celia cuando esta todavía conservaba intactas sus facultades mentales. Durante la charla, la mujer relató por primera vez con detalle una etapa de su vida que siempre había sido tabú dentro de la familia: el embarazo que la convirtió en madre soltera y las consecuencias personales y sociales que tuvo que afrontar.

"Ella no quería recordar lo mal que lo había pasado ni lo que pasó cuando se quedó embarazada. Entonces logré que me lo contara un año antes de morir y la grabé en audio", recuerda la directora. Aquellas palabras le permitieron comprender mejor a su abuela, aunque también le provocaron una inesperada sensación: "Me sentí un poco intrusa porque pensé que realmente esa era la conversación que debería haber tenido mi madre con ella".
Sin embargo, aquella conversación nunca se produjo. La relación entre madre e hija era complicada, y ambas fueron incapaces de abordar un pasado que había condicionado sus vidas. Celia falleció sin que pudieran mantener una charla en condiciones. Fue entonces cuando Urgel encontró en el cine una forma de recuperar una historia que había que abordar. Por esa razón, decidió grabar la reacción de su madre escuchando por primera vez los testimonios de su abuela. "Es tan bonito escuchar de su propia voz la historia de alguien que ya no está que dije: 'Esto lo tengo que rodar'", explica.
De esta forma, nació una impactante obra audiovisual construida sobre una conversación a tres bandas en la que dos mujeres escuchan a una voz que vertebra el relato.

Tres horas de conversación ininterrumpida
El documental sostiene un ejercicio de intimidad poco habitual. Urgel y su madre se sentaron frente a frente para escuchar las grabaciones de Celia, sin un guion previo y sin saber cómo se iba a desarrollar la trama. La directora recuerda que su madre aceptó participar sin ser plenamente consciente de lo que supondría ponerse delante de las cámaras. "Mi familia no se dedica a esto ni tiene nada que ver con el cine. Me dijo: 'Bueno, si para lo tuyo te va bien...'", relata entre risas.
Pero aquella predisposición inicial terminó dando paso a una experiencia emocional que ninguna de las dos había previsto. "El día del rodaje fue mágico y sanador porque se creó un ambiente en el que estábamos las tres solas", asegura. Para no perder ningún detalle, Urgel dispuso tres cámaras y decidió grabar toda la conversación sin interrupciones. Durante casi tres horas, madre e hija hablaron de Celia, escucharon sus recuerdos y afloraron sentimientos inexplorados.
"No se repitió ninguna toma. Puse tres cámaras para no perderme nada porque no se podía repetir. Está rodado del tirón. Estuvimos casi tres horas charlando sin cortar", explica. La única indicación que dio a su madre fue que se dejara llevar. "Le dije: 'Mamá, yo solo quiero que la escuches y que digas lo que te salga'. Esa fue la única instrucción", recuerda. Una decisión que, a su juicio, permitió captar la naturalidad de una reacción imposible de predecir.
"En el momento en el que mi abuela empieza a hablar es muy impactante. Imagínate escuchar la voz de tu madre contando su historia tres años después de que haya muerto. Nos olvidamos de las cámaras y de todo lo demás...", señala.

Un homenaje a las mujeres que fueron cuestionadas por ser madres solteras
Aunque el largometraje parte de una experiencia familiar, Urgel insiste en que va mucho más allá de una simple historia. Para la directora, la película también pretende recuperar la memoria de miles de mujeres que sufrieron el estigma de la maternidad fuera del matrimonio. "Siempre extrapolo esta historia como un homenaje no solo a mi abuela Celia, sino a todas esas mujeres que, por circunstancias de la vida, fueron madres solteras", explica.
La cineasta recuerda que la discriminación y el señalamiento social continuaron durante décadas. En este sentido, vincula el sufrimiento de su abuela con el de otras mujeres que pasaron por instituciones como el Patronato de Protección a la Mujer o que se vieron afectadas por los casos de los bebés robados. "Todo parte de lo mismo, del estigma de una madre soltera. Han sido mujeres muy silenciadas y creo que también es un ejercicio de memoria histórica. Les debemos mucho como sociedad a las mujeres de hoy en día", reivindica.
En el caso de Celia, las consecuencias fueron especialmente dolorosas. Su embarazo supuso una ruptura con la vida que había conocido hasta entonces y condicionó durante años la relación con su hija. "La llegada de mi madre al mundo no fue celebrada, todo lo contrario. Para mi abuela supuso el fin de su vida social", relata Urgel, que considera que aquel sufrimiento terminó generando heridas difíciles de cerrar y asumir. "Se querían mucho, pero no sabían quererse de una manera sana", reflexiona sobre la relación entre ambas.
Con el paso de los años, Celia consiguió que su historia quedara prácticamente relegada al olvido. "Siempre digo que mi abuela se camufló entre las viudas. Cuando ya era mayor, era una mujer sola. Conocían su historia, pero nadie hablaba de ello. De hecho, creo que la gente no era consciente de lo que había supuesto y de lo mal que lo había pasado mi abuela durante muchísimos años", recuerda.

"A veces es demasiado tarde para hablar de ciertas cosas"
Más allá de la memoria histórica, Urgel considera que 'La conversación que nunca tuvimos' plantea una reflexión sobre los conflictos familiares que no se abordan: "El documental también habla de los elefantes en las habitaciones de las familias y de no hablar de ciertas cosas. Y, a veces, ya es demasiado tarde para hacerlo". La directora reconoce que el cine le ha permitido ofrecer a su madre una oportunidad que la vida les había negado: escuchar el relato de Celia, comprender mejor sus decisiones y acercarse a una parte de su historia familiar que se había silenciado: "Gracias a la magia del cine he conseguido que mi madre viva esa conversación y no se quede con esa espinita".
Por eso, confía en que la película también sirva para animar a otras familias a afrontar conversaciones pendientes: "Las cosas se van haciendo una bola que provoca que las relaciones sean complejas". La cineasta insiste, en este sentido, en que hablar de aquello que duele, puede ayudar a comprender comportamientos y reconciliarse con el pasado, incluso cuando las personas implicadas ya no están.

De un cortometraje nominado al Goya a su primer largometraje
El camino a la Seminci no ha sido sencillo, pero sí ha estado lleno de sorpresas merecidas. 'La conversación que nunca tuvimos' nació de un cortometraje que logró una nominación a los Premios Goya: "Era el proyecto en el que menos había pensado hasta dónde podía llegar, porque era tan personal que me daba igual si conseguía un galardón por ello. Es decir, es una historia y la quería hacer aunque solo fuera para tenerla en casa".
Gracias al apoyo de la Junta de Castilla y León, que también había respaldado el cortometraje, pudo sacar adelante el largometraje que ahora presenta en Valladolid. "El corto era una versión muy editada, un resumen de la historia. Esta es la historia completa, más detallada, con más aristas, y contada de una manera diferente", explica. La nueva versión incorpora más imágenes de archivo y profundiza tanto en el pasado de Celia como en las consecuencias que tuvo para las siguientes generaciones. "Ahora ya es esa historia que quería contar", celebra y añade: "No puedo estar más contenta y más feliz".

Una comedia familiar con Macarena Gómez, Fran Perea, y Raúl Tejón, en el horizonte
El estreno de 'La conversación que nunca tuvimos' marca también el inicio de una nueva etapa para Cristina Urgel, que ha dejado atrás su trayectoria como actriz para centrarse en la dirección. "Como actriz estoy totalmente retirada -ríe-. Estoy mucho más feliz detrás de las cámaras", asegura.
De hecho, la cineasta ya trabaja en su siguiente proyecto, esta vez alejado del tono íntimo y emocional de su mencionado largometraje. Se trata de 'Hasta que el juzgado nos separe', su primera película de ficción como directora, una comedia familiar que ha rodado durante el verano en el Valle del Baztán, en Navarra. El elenco está compuesto, entre otros, por Macarena Gómez, Fran Perea y Raúl Tejón, y la película se estrenará, si todo va según lo previsto, en el año 2027. "Es una comedia familiar loca, divertida", adelanta Urgel, que reconoce sentirse cómoda moviéndose entre géneros diferentes. "Soy un poco varietés. Fíjate, paso de una película íntima a una comedia familiar", comenta.
Se trata de dos proyectos aparentemente opuestos que reflejan su interés por explorar distintas formas de contar historias. Aunque, por el momento, es 'La conversación que nunca tuvimos' la que ocupa un lugar especial en su memoria. De hecho, ahora llega a la Seminci dispuesta a hacer un alegato por aquellas heridas heredadas que las familias nunca lograron cicatrizar.









