Dos de cada tres españoles cuestionan el veto a la combustión
El Foro de Movilidad de Alphabet recoge un mayor respaldo a flexibilizar la normativa o eliminar el veto que a mantener las restricciones planteadas en la encuesta.
El calendario europeo de reducción de emisiones sigue abierto al debate político y también genera discrepancias entre los ciudadanos. Según una encuesta de Alphabet, el 34% de los españoles defiende permitir alternativas como los híbridos enchufables y los combustibles sintéticos a partir de 2035, mientras que otro 31% rechaza cualquier prohibición de los motores de combustión.
La revisión de las restricciones previstas para los coches nuevos de combustión en 2035 reúne el apoyo del 65% de los españoles consultados en la última edición del Foro de Movilidad de Alphabet. Sin embargo, detrás de esa mayoría conviven dos planteamientos: quienes quieren ampliar las tecnologías admitidas y quienes se oponen directamente a prohibir estas mecánicas.
El grupo más numeroso, con un 34%, apuesta por flexibilizar las exigencias para que puedan seguir teniendo cabida los híbridos enchufables y los vehículos que emplean combustibles sintéticos. Un 31% sostiene una posición más amplia y rechaza cualquier veto a los motores de combustión. Ambos coinciden en reclamar cambios, aunque difieren en su alcance.
El estudio también recoge un 18% favorable a retrasar el calendario para dar más tiempo a la transición. El mismo porcentaje respalda mantener las restricciones en los términos planteados en la encuesta. Aplazar su aplicación, modificar las condiciones o eliminar la prohibición son, por tanto, respuestas distintas que conviene separar al interpretar los resultados.
Los menores de 30 años, más favorables a admitir otras tecnologías
La petición de una normativa más flexible tiene su mayor respaldo entre los jóvenes. Un 38% de los participantes de entre 18 y 30 años elige esta opción, cuatro puntos por encima de la media del estudio.
Las diferencias entre los demás grupos son más reducidas. La flexibilización obtiene un apoyo del 32% entre los ciudadanos de 31 a 45 años, del 33% entre los de 46 a 60 y del 31% entre los mayores de 60. Estos porcentajes se refieren únicamente a la posibilidad de admitir alternativas tecnológicas, sin sumar a quienes prefieren retrasar las restricciones o descartarlas.
Alphabet, empresa de renting y movilidad corporativa perteneciente al Grupo BMW, vincula estos resultados con la necesidad de atender las distintas circunstancias de los usuarios. Su gerente de Marketing y Desarrollo de Negocio en España, Ángeles Roca, defiende que la transición se acompañe de opciones viables y adaptadas a las necesidades de desplazamiento.
El debate ciudadano coincide con las negociaciones sobre el marco europeo de emisiones. Francia y Alemania han acordado defender una reducción del 90% del CO₂ de los vehículos nuevos para 2035 sin exigir la compensación del porcentaje restante. Esta posición forma parte de la negociación comunitaria y no supone, por sí sola, la aprobación de una nueva normativa.
La procedencia europea obtiene la mejor nota
Más allá de las motorizaciones, la encuesta analiza cómo influye el origen del fabricante en la percepción de los compradores. El 47% de los consultados afirma tener bastante en cuenta este factor al adquirir un automóvil.
Europa encabeza la valoración por procedencias, con un 62% de opiniones positivas y una puntuación media de 3,83 sobre cinco. A continuación se sitúa Japón, con 3,64 puntos, seguido de Corea, con 3,18. Las medias de China y Estados Unidos quedan en 2,94 y 2,81 puntos, respectivamente.
El resultado expresa una mejor consideración de los fabricantes europeos entre los participantes, aunque no permite establecer una correspondencia directa con sus futuras compras. La encuesta se refiere al origen de las marcas, un criterio diferente del país en el que se fabrica cada vehículo.
El informe también señala que tres de cada cuatro españoles prefieren comprar un coche a un fabricante tradicional antes que a una compañía tecnológica. La trayectoria en el sector conserva así un peso relevante en las preferencias declaradas, en un mercado en el que la electrificación y el desarrollo del software están modificando tanto los productos como la competencia entre empresas.
Los datos aportan una fotografía de esas preferencias, pero su interpretación tiene límites: la información difundida no incluye el tamaño de la muestra, las fechas del trabajo de campo ni la metodología empleada. Tampoco permite determinar qué motorización escogerán finalmente los encuestados cuando tengan que cambiar de coche.








