Lorca instrucciones de uso
Me llamo Federico García Lorca, como todo el mundo. ¿Qué es lo necesario? ¿Qué historia está ahí agazapada, escondida y que merezca la pena ser contada, y el esfuerzo y el coraje para hacer una obra de teatro? Esto es lo que hacen María San Miguel, Pablo Rodríguez y Alba Muñoz.
Salgo de ver Federico. No hay olvido, ni sueño: carne viva, la obra cancelada por la Consejería de Cultura de CyL y el personal canta, ríe, aplaude, se emociona, no sé si hasta alguien del público llega a llorar, la mayoría, tengo la impresión, eran todos del mismo equipo, con la misma camiseta. "Porque yo no soy un hombre, ni un poeta, ni una hoja, pero sí un pulso herido que sonda las cosas del otro lado". Conozco gente de este lado y del otro que le mataron a su padre, a su hijo, a su hermano. ¿Qué pasa, que unos asesinatos prescriben y otros no?
Lorca fue un moderno. Comprendió como nadie el valor de las metáforas ultraístas, cubistas y surrealistas de su época. Su obra está cargada de imaginación, inspiración y evasión. Conocido internacionalmente como el poeta mártir de la guerra civil española. El poeta de los gitanos, de la luna, de las mujeres encerradas en la pesadilla de la España negra (en esta obra se habla mucho de eso) y del cante jondo.
Que haya sido cancelada por la Junta de Castilla y León ha sido la mejor propaganda con la que se ha encontrado la obra, eso creo que nadie lo duda, en la cola para entrar era de lo que más se hablaba. Respeto todas las opiniones, como decía Juan Gelman, tanto es así, que no las leo. La cultura no es una enfermedad. Pero volvamos, al teatro, porque esto es teatro, noo, al espacio Norte a la Izquierda de la compañía Teatro Azar en el barrio de la Victoria que ha abierto sus puertas para que se pudiera representar la obra y donde se ha puesto el cartel de no hay billetes en las sesiones de mañana y tarde que se ha programado la obra.
El teatro para Federico siempre ha sido "la máscara" el yo que tomamos y adaptamos para relacionarnos con lo demás. Esto es lo que hay que convertir en arte. El teatro siempre es un espacio para compartir con "otro" No con los tuyos, sino con "los otros" y en eso, esta obra hace aguas por todos los lados.
Para construir una trama y arrastrar al espectador al mundo que nos quiere enseñar la directora de Proyecto 43-2, truculento, salvaje, vengativo, de guerra entre hermanos, de tumbas y balas se necesita más que contar, tienen que suceder de verdad las cosas. Aquí se cuentan, no pasan. Aunque dice San Miguel que aquello "fue un genocidio planificado y sistematizado" Y que conste que eso que me adoctrinen en el teatro lo llevo muy mal. No encontré, de verdad, ninguna relación emocional entre lo que los restos de las personas asesinadas y el tono con lo que se contaba. Eso necesitaba otra liturgia, un poco más de oscuridad por así decirlo. Otro tono. La última parte narrada con voz off dejó mucho que desear. Ante esos esos hechos tan terribles es necesario una voz más trágica. No se puede contar todo, todo con la misma tonalidad, en eso Alba Muñoz tiene mucho que mejorar. Me gustaron más Pablo Rodríguez, sobre todo, poniendo siempre el tono correcto y María San Miguel con la seriedad que requiere la obra.
Lorca enterrado en un lugar desconocido, como símbolo de los miles de españoles todavía sin sepultura en zanjas y fosas comunes, sin ni siquiera una señal para el recuerdo es el leitmotiv de esta obra. "Y cuando pensamos que mi padre se había salvado, el resto salimos de las cuevas, y los falangistas pillaron a mi abuelo y lo fusilaron. Lo enterraron en una fosa que él mismo cavó en Urroz". Un asunto muy grave que los integrantes de Proyecto 43-2 toma por los cuernos. Porque no es de recibo que después de cuatro décadas de democracia y ante la consternación de la comunidad internacional todavía no se haya encontrado una solución.
La soledad de Federico es nuestra soledad. Su teatro, su poesía, sus dibujos siempre son alivio, una caricia ante las adversidades de la vida. Que Lorca tocó todos los palos y todo con duende, nadie lo duda. Hombre de mundo y hermanos de todos experimentó todo aquello con los sueña un escritor: reconocimiento, admiración e independencia económica.
Al final de la obra se la oía gritar a la ministra de Igualdad Ana Redondo, ¡Bravo, bravo, bravo! Y todos a tomar una caña tan contentos: unos y otros. Uno porque se ha hecho famoso, la compañía contenta con la aprobación del público y con algo en la caja; el público contento porque por momentos había sentido que tenía 18 años, solo faltó que a la salida "los grises" hubieran provocado una estampida, pero no se puede querer todo... ¿No hacíamos eso antes cuando íbamos a un mitin?
Me quedo con una cosa de la obra: "Nadie puede desaparecer del todo, ¿verdad?".








