La vallisoletana con problemas de salud mental a la que han salvado la vida: "Ahora quiero volver a ser yo"
María Santos logró sentirse valorada, por fin, cuando entró a la Asociación El Puente Salud Mental tras una vida marcada por el rechazo social y familiar: "Era la niña apartada, la que no quería nadie, la última a la que elegían"
Hay historias que merecen ser contadas. No por lo que puedan llegar a impactar, sino por la valentía que supone dar el paso y dejar de ser invisible para ciertas personas. La historia de María Santos (Valladolid, 1985) es un buen ejemplo de ello. Una mujer que siempre ha buscado respuestas, comprensión y un lugar en el que sentirse aceptada y, sobre todo, valorada. Hoy, a sus 41 años, asegura haber encontrado ese refugio en la Asociación El Puente Salud Mental, ubicada en la calle Tajahierro de Valladolid.
María se sincera, en una entrevista concedida a TRIBUNA, y arropada por su querida y admirada Amanda, lo hace con la naturalidad que la caracteriza. Es decir, no esconde las heridas del pasado y no renuncia a su esperanzador futuro, donde aspira a volver a sentirse plenamente independiente. "A mí la asociación me ha salvado la vida", afirma con rotundidad. Una frase que resume lo que aporta El Puente a su día a día, después de años en los que, según relata, no encontró el respaldo emocional que cualquier ser humano necesita.

Una infancia marcada por el acoso escolar
María nació en Valladolid, aunque sus primeros años transcurrieron entre diferentes municipios de la provincia y la comunidad autónoma de Cantabria, debido a diferentes circunstancias familiares. Hasta los 12 años no comenzó a residir de manera habitual en la capital vallisoletana. Su infancia, lejos de estar marcada por la tranquilidad, estuvo condicionada por una situación familiar complicada y por el acoso escolar que asegura haber sufrido desde los seis años. "He sufrido bullying continuamente a lo largo de toda mi vida. He sido una niña maltratada física y psicológicamente, y no tenía ese apoyo ni familiar ni profesional", recuerda.
María explica que las agresiones e insultos de otros compañeros se sumaban a la falta de cariño que percibía por parte de los profesores. Una situación que terminó por convertir la escuela en una calle sin salida. "Yo era la niña apartada, la que no quería nadie, la última a la que elegían", asegura al recordar aquellos trabajos en grupo en los que ningún compañero quería ponerse con ella.
En lugar de favorecer su integración, reconoce que los docentes terminaban agrupando a quienes eran diferentes. Aquellas experiencias fueron dejando huella en una niña que comenzó a asumir la soledad como una forma de vida. "Siempre he sido una persona que ha ido más por solitario. Si nadie me va a querer, si nadie me va a aceptar y nadie va a estar a mi lado apoyándome, es mejor estar sola", explica.
Una sensación que la ha acompañado durante buena parte de su vida: "Yo nunca me he sentido apoyada ni valorada. Hasta que no he llegado a la asociación, no he encontrado ese sostén de tranquilidad y paz".
"Si pudiera volver al pasado, habría estudiado para ser periodista"
Las dificultades, que tenía que lidiar, tuvieron consecuencias en su trayectoria académica. María pasó por diferentes centros educativos de la provincia antes de continuar sus estudios en Valladolid, pero nunca consiguió encontrar la motivación necesaria para aprovechar las etapas. Ahora, con la perspectiva y madured que da el paso del tiempo, considera que detrás de sus dificultades había problemas que nadie superaba. "El orientador académico del colegio siempre decía que no era que no pudiera estudiar, sino que no me daba la gana. Pero yo ahora pienso: '¿Por qué no se preocuparon por saber por qué no quería estudiar?'", se pregunta.
Lejos de considerar que carecía de habilidades, María cree que las circunstancias personales y la falta de cariño condicionaron sus oportunidades. "Si pudiera volver al pasado, sabiendo todo lo que sé hoy, habría estudiado para ser periodista, actriz o escritora", asegura.
Su pasión por la escritura, de hecho, siempre ha estado presente. Recuerda con especial cariño las clases de Lengua y Literatura, en las que disfrutaba redactando historias. Una afición que ha recuperado gracias a las actividades de El Puente, donde participa en un club de lectura y escritura creativa. Incluso ha conseguido ganar el primer premio de un concurso de relatos literarios organizado por dicho colectivo.

Una vida buscando respuestas
María comenzó a acudir a consultas de salud mental cuando apenas tenía seis años. Desde entonces, su relación con los hospitales ha sido intermitente, ya que ha alternado periodos de seguimiento con otros en los que dejaba de acudir. Durante todo ese tiempo, asegura haber tenido la sensación de que algo le sucedía, aunque no encontraba una explicación: "Siempre he pensado que me pasaba algo, pero no sabía exactamente ni qué ni el porqué. Me sentía rara, diferente, como que tenía otro enfoque de las cosas".
El punto de inflexión llegó hace aproximadamente un año, cuando comenzó con su nueva psicóloga con la que, por primera vez en mucho tiempo, se sintió escuchada, comprendida, valorada y querida. A partir de entonces, y tras acudir a una trabajadora social, inició los trámites para obtener el certificado de discapacidad. Es más, recibió un diagnóstico de discapacidad psicosocial asociada a sus problemas de salud mental.
María explica, en este sentido, que, entre sus diagnósticos, se encuentran un trastorno de personalidad no especificado y un trastorno mixto de ansiedad y depresión: "Tener ansiedad es muy complicado y tener depresión también, pero tener las dos a la vez es aún peor. Tienes ganas de hacer cosas, pero a la vez eres incapaz de hacer nada. Quieres, pero no puedes".
Saber lo que la pasaba le ha permitido analizar las experiencias que habían marcado su vida. "Cuando tuve un diagnóstico pude investigar, entender qué significaba y por qué me sucedían determinadas cosas. Ahora soy mucho más consciente de mi situación", señala.
El trabajo, otro obstáculo por el camino
La trayectoria laboral de María tampoco ha estado exenta de dificultades. Comenzó a trabajar a los 17 años y desarrolló buena parte de su carrera profesional en el ámbito comercial. Durante los últimos años, trabajó como teleoperadora para una empresa de telefonía, una actividad que, según explica, terminó afectando a su bienestar emocional.
En ese periodo tuvo que afrontar dos bajas laborales por problemas de ansiedad. La situación se complicó cuando, durante su última baja, recibió el alta médica con limitaciones para desempeñar tareas que implicaban situaciones de elevada responsabilidad y estrés. "¿Cómo voy a volver a trabajar como teleoperadora comercial sin estresarme?", se pregunta.
María asegura que solicitó a la empresa una adaptación de su puesto de trabajo acorde con sus limitaciones, pero sus peticiones no fueron atendidas. Ante esta situación, acudió a la Inspección de Trabajo y, posteriormente, recibió una carta de despido disciplinario por ausencias que, para la empresa, eran injustificables. Ahora, todo está en manos de la justicia. De hecho, esta circunstancia ha supuesto un nuevo golpe que, afortunadamente, ha podido lidiar acompañada. "Gracias a la asociación, he podido estar más tranquila. Me he sentido arropada y no he tenido que comérmelo todo yo sola", explica.

El Puente, el lugar donde comenzó a sentirse valorada
María llegó a la Asociación El Puente Salud Mental hace aproximadamente un año, después de obtener el certificado de discapacidad. Aunque ya conocía a la entidad, los servicios y recursos que la misma podía ofrecerle.
Su primera toma de contacto con la asociación fue complicada. "El día que llegué, sufrí una crisis de ansiedad. Me encontraba tan sobrepasada, agobiada y bloqueada, que aparecí corriendo y llorando", recuerda. Fue entonces cuando conoció a Aída, una de las profesionales de la entidad y un referente para ella: "Me tendió la mano y me dijo: 'No te preocupes, te vamos a ayudar en lo que necesites'".
Aquellas palabras marcaron un antes y un después. Amanda, una de las coordinadoras generales de El Puente, reconoce que María ha evolucionado: "Mis compañeras, que trabajan con ella a diario, destacan que ha tenido una evolución bastante buena. Ahora mismo no tiene un puesto de trabajo porque ha visto la necesidad de centrarse en sí misma y adquirir las herramientas necesarias para volver a trabajar".
La coordinadora también destaca la disposición de María para compartir su experiencia, algo que no es sencillo, especialmente para las personas que tienen problemas de salud mental. "No hay muchas personas que se abran de esta manera. Su evolución y su predisposición son un ejemplo y una lección de vida", señala.
Siete viviendas y 19 plazas para vivir de forma independiente
Uno de los recursos que más está ayudando a María es el 'Programa específico de viviendas y apoyo para la vida independiente', impulsado por la Asociación El Puente Salud Mental. La iniciativa cuenta con siete viviendas y 19 plazas, ocupadas por cinco mujeres y 14 hombres, que encuentran en estos espacios una oportunidad para lograr una vida autónoma. María reside en una de estas viviendas, que comparte con otra persona. No se trata únicamente de disponer de un techo, sino de contar con un entorno estable donde pueda mejorar la convivencia, la toma de decisiones y el bienestar emocional.
Amanda explica que estas viviendas tienen carácter temporal, pero sin un plazo fijo de permanencia, ya que cada proceso depende de las necesidades y la evolución de la persona. "Les damos una oportunidad para vivir. Les apoyamos en sus decisiones y en su día a día para que vayan adquiriendo las competencias y habilidades con el objetivo de que, en el futuro, puedan vivir de manera independiente", detalla.

En el caso de María, la finalidad no es abandonar cuanto antes la vivienda ni encontrar empleo, ya que su prioridad es recuperar su estabilidad emocional y fortalecer las herramientas que le permitan afrontar con garantías una nueva etapa. La propia María, de hecho, tiene claro que no quiere precipitarse. "Ahora mismo estoy enfocada en mi mejora, en mi bienestar del día a día y en conseguir una estabilidad mental y emocional", afirma.
El programa busca precisamente que las personas puedan vivir por su cuenta cuando estén en condiciones de hacerlo, sin imponer tiempos que puedan dificultar su evolución. En este sentido, la asociación desarrolla una importante labor de inserción laboral. En lo que va de año, El Puente Salud ha conseguido 24 reinserciones laborales, un resultado que refleja el papel de la entidad en el acompañamiento hacia el empleo de personas con problemas de salud mental.
"Sueño con volver a caminar sin que la asociación me dé la mano"
Cuando se le pregunta por el futuro, María no duda en reconocer que quiere recuperar su independencia. Sin embargo, también es consciente de que todavía necesita tiempo para conseguirlo. "Por supuesto que sueño con poder caminar sin la asociación. Pero a día de hoy no me veo sin ese apoyo. Ahora mismo, me llevan de las dos manos. Quiero volver a recuperar esa independencia que tenía antes, sabiendo todo lo que hoy sé y todo lo que estoy aprendiendo gracias a ellos", afirma.
María ha decidido compartir su experiencia porque considera que todavía existe un profundo desconocimiento sobre los problemas de salud mental y las discapacidades que son invisibles a simple vista. Asegura que, aunque la sociedad se ha concienciado, todavía persisten prejuicios que dificultan la comprensión de quienes conviven con estas dificultades.
Su intención es contribuir a cambiar esa percepción y demostrar que detrás de una aparente apariencia normal pueden existir situaciones que requieren comprensión, acompañamiento y recursos. Por esa razón, quiere transmitir un mensaje a quienes llegan con miedo a una asociación como El Puente: "Les diría que no tengan ningún reparo, que aquí están para ayudarles, comprenderles y apoyarles. Aquí, tenemos nuestras circunstancias, pero todos somos iguales".
A sus 41 años, sabe que todavía tiene mucho camino por recorrer y que habrá momentos difíciles, pero también reconoce que ahora cuenta con algo que echó en falta durante buena parte de su vida: personas dispuestas a escucharla y acompañarla. Su objetivo es sencillo de expresar y, a su vez, complejo de lograr: recuperar el bienestar, volver a trabajar cuando esté preparada y conseguir una vivienda propia para desarrollar su proyecto de vida.
Mientras tanto, seguirá avanzando. Porque, después de una vida marcada por el rechazo social y familiar, María ha encontrado en El Puente el punto de partida que deseaba, donde la garantizan que ya nunca volverá a la casilla de salida.









