Álex Seblanc: "Es más difícil pillar el algortimo de Instagram que sacarse Derecho"
El vallisoletano se sienta en 'Cerveceando' para hablar de redes, leyes, repostería y de ese vínculo con Valladolid que sigue llevando por bandera
Abogado, pastelero, atleta e influencer. Cuatro palabras que podrían parecer difíciles de encajar en una misma persona, pero que forman parte de la historia de Álex Seblanc. El vallisoletano, nacido y criado en La Rondilla, ha convertido su vida en una mezcla poco convencional de estudios, deporte, repostería y redes sociales, donde ya reúne a cientos de miles de seguidores.
A sus 24 años, Alejandro Sánchez Blanco, Álex Seblanc en redes, continúa vinculado al mundo del Derecho mientras desarrolla profesionalmente su faceta como creador de contenido. Una trayectoria que, reconoce, ni siquiera el Álex adolescente habría imaginado. "El Alex del instituto lo que pensaba era que quería dedicarse al atletismo y ejercer como abogado, pero nunca se creería lo que tendría ahora, esa comunidad tan bonita que estoy creando", explica durante su paso por 'Cerveceando', el espacio de Tribuna Valladolid y Mahou.
Porque detrás de los números, los vídeos y los millones de reproducciones hay también un joven que sigue teniendo muy presente su ciudad. Si tuviera que definirse sin recurrir a ninguna de sus profesiones, lo tiene claro:"Me definiría como una persona que quiere mucho a Valladolid, sobre todo porque lo llevo siempre por bandera".
Su vida en las redes le ha permitido construir una comunidad que sigue de cerca sus vídeos, muchos de ellos relacionados con su familia, sus abuelos, su pareja o las tradiciones y rincones de Valladolid. Pero el éxito en internet tiene una parte que ni siquiera él consigue controlar. "Conseguir que un vídeo se haga viral es más difícil que sacarte la carrera de Derecho", reconoce entre risas. La explicación está en una palabra que cualquier creador conoce bien: algoritmo. "No sabes cómo pillarlo. Yo entiendo a mi público y sé lo que le gusta a la gente que me sigue, pero luego hay otras veces que te sorprende el algoritmo".
Y entre vídeo y vídeo también necesita parar. Aunque la exposición constante forma parte de su trabajo, Álex reconoce que espera con ganas esos momentos en los que puede desconectar por completo. Su refugio está en Retortillo, en Salamanca, el pueblo de su familia, donde busca precisamente lo contrario a la vida digital. "Estoy deseando que llegue el verano para estar la semana de descanso en mi pueblo. Quiero aburrirme, tirarme en la piscina y aburrirme", cuenta.
La desconexión también aparece cuando vuelve a Valladolid y se encuentra con sus amigos de siempre. Con ellos, asegura, no necesita hablar de seguidores, redes sociales o trabajo. Más bien todo lo contrario. "Como vengo muy poco, les pregunto por su vida, que me actualicen. Ellos me ven cada día en realidad, saben de mí, pero yo no sé de ellos", explica. Por eso prefiere escuchar y recuperar el tiempo perdido: "Les dejo que hablen, que me cuenten su vida y escuchar y chupar toda su vida".
Y hay algo que no cambia aunque pasen los años: las mismas historias compartidas una y otra vez. Entre amigos, las anécdotas del instituto siguen teniendo espacio en cada encuentro. Una de las más recordadas es aquella excursión de segundo de Bachillerato a León para visitar la catedral. "Siempre recordamos esas anécdotas del instituto. Ojalá volver", reconoce.
La repostería, otra de las facetas que hoy forman parte de su identidad, llegó casi por casualidad. Un día decidió compartir una receta de torrijas y el vídeo comenzó a crecer hasta alcanzar millones de reproducciones. Después llegó una tarta que preparaba junto a su abuela y volvió a suceder. "Dije: pues oye, a lo mejor a la gente le encanta lo dulce y también lo tradicional", recuerda.
Desde entonces, los dulces se han convertido en uno de los ingredientes de su contenido y en una nueva vía para conectar con quienes están al otro lado de la pantalla. Una mezcla entre tradición y modernidad que, curiosamente, también utiliza para describirse a sí mismo.
Si Álex Seblanc tuviera que convertirse en un postre, elegiría algo tan tradicional como unas torrijas, pero con un pequeño giro. "Con un toque de algo muy moderno", explica. Una definición que también encaja con su propia trayectoria: Valladolid como punto de partida, Madrid como escenario de parte de su presente y las redes como una ventana desde la que sigue contando su historia.
Porque entre el abogado, el pastelero, el antiguo atleta y el influencer hay, sobre todo, un vallisoletano que sigue regresando a casa para sentarse con sus amigos, ponerse al día y recordar aquellas historias que, por muchos millones de reproducciones que acumule, siguen siendo las que más importan.








