'Super-Adrián', el joven con síndrome de Down que custodia la fortaleza de la Fundación Eusebio Sacristán
El vallisoletano, empleado de la limpieza y monitor de tiempo libre, es un apasionado del deporte y de su Real Valladolid: "Sufro mucho en el estadio"
Adrián Gómez (Valladolid, 2002) tiene sueños. Algunos esperan su momento y otros ya han aparecido por el camino. Le gustaría ser entrenador de fútbol y también ponerse algún día detrás de una mesa de mezclas para ser DJ. Mientras llega esa oportunidad, trabaja, disfruta del deporte, va al José Zorrilla a ver a su Real Valladolid, se toma algo con sus amigos y, desde hace unas semanas, sale a correr.
Natural de Valladolid y residente en Portillo, Adrián tiene Síndrome de Down. Una condición con la que nació y que, reconoce en una entrevista concedida a TRIBUNA, le costó asumir. "Al principio... bueno. Pero cuando llevas más años lo acabas asumiendo", explica. Aun así, admite que todavía encuentra algunas dificultades, especialmente a la hora de expresarse: "Cuando hablo no puedo pronunciar bien algunas palabras". Él, como un auténtico superhéroe, lo sigue intentando.
Su día a día transcurre entre Portillo y Valladolid. Forma parte de la plantilla de la Fundación Eusebio Sacristán, aunque su relación con la entidad comenzó mucho antes. Todo empezó en el año 2015, cuando comenzó a participar en la escuela deportiva. Años después, en 2023, dio otro paso y comenzó a trabajar como monitor. Desde entonces, ha ido incorporando responsabilidades hasta convertirse en uno de los ejemplos de la apuesta de la entidad por la incorporación laboral de personas pertenecientes a colectivos vulnerables.
Por las mañanas, su trabajo está principalmente relacionado con las tareas de limpieza. "Si me dicen que hay algo fuera, paso y lo limpio", cuenta con una sonrisa. Algunas tardes cambia completamente de función y colabora como monitor de tiempo libre en las diferentes actividades que la fundación pone en marcha. Allí, trabaja con personas con y sin discapacidad. Se trata de una función que ha ido desarrollando en los últimos años, y con la que no ha dejado de formarse.
Sus padres le animaron a interesarse por la fundación. Hoy, cuando se le pregunta si se imagina trabajando allí en un futuro, él no duda: "Me gustaría seguir aquí". ¿El motivo? Lo tiene claro: "Me veo cómodo y me tratan muy bien".

De Portillo a Valladolid cada mañana
Adrián es de esas personas que no tiene problemas con el despertador. "Me gusta madrugar", asegura. Habitualmente se levanta a las 7.30 horas y entra a trabajar a las 9.00. La mayoría de los días regresa a Portillo para comer, aunque los lunes la organización es diferente. Termina a las 14.00, depende del evento, y vuelve a incorporarse a las 16.00, por lo que ese día se queda a comer en Valladolid junto a su admirado padre.
Los fines de semana, eso sí, los utiliza para descansar y disfrutar. Le gusta ir al cine, jugar a los bolos, quedar con sus amigos y, sobre todo, le encanta el deporte. El fútbol ha formado siempre parte de su vida. También ha practicado baloncesto y, últimamente, ha salido a correr. Adrián participó el pasado fin de semana en la XII Legua Popular. Se trata de una experiencia completamente nueva para él y reconoce que le costó, pero detrás de esa decisión hay una persona muy importante: su hermana. "Sigo su ejemplo. Como mi hermana empezó a correr, dije: 'Pues para seguirla, yo también empiezo'", relata.
Esa afición de su hermana por las carreras le ha permitido, además, conocer otros rincones del mundo. Una de las ciudades que más recuerda es Berlín. Viajar, de hecho, es algo que le gusta, aunque reconoce que salir de España no es tan fácil, especialmente por el idioma. Sin embargo, ya tiene en mente su próximo destino. Su hermana vive en Australia y Adrián quiere visitarla algún día. De momento, reconoce, "solo es un plan".

Socio del Pucela y sufridor en el José Zorrilla
Si hay un deporte que ocupa un lugar especial en su corazón es el fútbol. Es socio del Real Valladolid y acude al estadio José Zorrilla acompañado de un amigo. ¿Disfruta o sufre viendo al Pucela? La respuesta no deja lugar a dudas: él sufre. Su amigo, asegura entre risas, menos que él.
También sigue al equipo cuando juega lejos de la ciudad. Es más, le gustaría ver al Pucela fuera del estadio, y es algo que ya hizo el año pasado en Gijón. En ese partido, pensaba que el Sporting "nos iba a golear". Sin embargo, el encuentro acabó con un igualado empate a dos. Adrián pudo disfrutar, de hecho, de una remontada momentánea del equipo de Fran Escribá antes de firmar las tablas.
No obstante, su relación con el fútbol va más allá. Cuando era pequeño soñaba con ser futbolista. Con el paso de los años, aquel objetivo ha cambiado, pero no ha desaparecido su deseo de seguir vinculado a dicho deporte. "Antes, mi sueño era ser futbolista, y ahora mi sueño es ser entrenador de un equipo de fútbol", asegura. Todavía no ha iniciado ese camino porque, explica, es un proyecto que ha dejado "a un lado". Eso sí, no renuncia a él.

"También me gustaría ser DJ"
Ser entrenador no es su único sueño. Hay otro bastante diferente que Adrián todavía no ha contado. "Me gustaría ser DJ", confiesa por primera vez a TRIBUNA. La idea nace en su querido pueblo. Una persona de su peña ejerce como DJ y verle trabajar despertó su curiosidad. "Cuando le he visto, me ha convencido. Quiero hacer lo mismo que él", explica.
Sus padres todavía no conocen esa aspiración. O, al menos, no la conocían antes de esta entrevista. Aun así, compaginar ahora esos proyectos con su trabajo le resulta complicado. Por eso, prefiere pensar en ellos como opciones a materializar en un futuro.
Una sociedad, con barreras
Adrián habla también de cómo percibe la relación de la sociedad con las personas con síndrome de Down. Cuando se le pregunta si considera que existe suficiente empatía, su respuesta es negativa. En determinados momentos sigue necesitando apoyo de su familia para desenvolverse con seguridad en algunas situaciones. Pone como ejemplo a su padre, que le ayuda a cruzar la calle.
Su entorno social, sin embargo, es diverso. Tiene amigos con síndrome de Down y otros que no lo tienen. También mantiene contactos con la Asociación Down Valladolid, aunque actualmente buena parte de su rutina gira en torno a su valorada labor en la Fundación Eusebio Sacristán.

Con sus amigos habla fundamentalmente del presente. "Hablamos del día a día, y no tanto del futuro", explica. Algunos continúan formándose en otras escuelas y Adrián ya piensa en recomendarles que conozcan la fundación en la que él ha encontrado su espacio. "Les animaré", asegura.
Cabe reseñar que la Fundación Eusebio Sacristán en la que trabaja canaliza la colaboración de empresas sujetas a las obligaciones establecidas por la legislación sobre discapacidad que, cuando concurren las condiciones legales para aplicar medidas alternativas, contribuyen a generar empleo a través de entidades sociales.
Un futuro con trabajo, fútbol, música y viajes
Cuando piensa en los próximos años, Adrián no dibuja grandes planes porque quiere conservar aquello que funciona en su vida. Es decir, quiere seguir trabajando donde está porque se siente cómodo... y valorado. Por supuesto, no va a dejar de ver a su Real Valladolid, aunque le haga sufrir. También, le gustaría viajar más y algún día cruzar medio mundo para visitar a su hermana... su referente.
Y, además, mantiene guardados sus dos sueños en una caja fuerte que ahora mismo custodia, y que se llama Fundación Eusebio Sacristán, la misma que le quiere y le siente como un superhéroe, ya sea vestido de Pep Guardiola o David Guetta.









