José Miguel Pérez ‘Joselillo’ le duele no verse anunciado en su ciudad, aunque mantiene la esperanza de volver a torear en el coso de Zorrilla
La ilusión inquebrantable de un torero de Valladolid que celebra sus veinte años de alternativa
José Miguel Pérez ‘Joselillo’ le duele no verse anunciado en su ciudad, aunque mantiene la esperanza de volver a torear en el coso de Zorrilla
Dice el tango de Gardel que "veinte años no es nada", pero dos décadas en el toreo dan para mucho. Si no, que se lo digan a José Miguel Pérez, ‘Joselillo’, que este viernes celebra el vigésimo aniversario de su alternativa. Un 4 de septiembre de 2006, el vallisoletano se hacía matador de toros de manos de David Luguillano, que actuaba como padrino, y con Manolo Sánchez como testigo, ante reses de Herederos de Atanasio Fernández.
"Fue un día ilusionante, una tarde muy bonita y con la incógnita de estar ante una etapa nueva en la que no sabes qué va a pasar". El diestro recuerda que el toro de la alternativa le propinó un golpe fuerte en un quite y le advirtió "de lo duro que es esta profesión". Pinchó el toro del doctorado tras una buena faena, pero se resarció en el sexto, al que pudo cortar las dos orejas y abandonar en volandas el coso de Zorrilla junto a Manolo Sánchez.
Es "poco amigo" de números y estadísticas, y se queda con el conjunto de una trayectoria "meritoria y decente", con triunfos en importantes plazas de toros y con el cariño de un público que siempre le ha respetado. Además de su alternativa o de la confirmación en Madrid, se queda con muchos momentos que ya permanecerán imborrables en su retina, especialmente aquellas triunfales tardes en Pamplona: "una plaza que era una olla a presión y de la que recuerdo a todo el mundo coreando mi nombre, fue impresionante". "También me quedo con actuaciones en plazas de menor relevancia, pero que siempre me sirvieron para seguir creciendo como torero", recuerda el vallisoletano.

No torea en Valladolid desde 2015
Hubo momentos duros. "Hay una tarde muy amarga en Cenicientos en el año 2008, donde un toro de Alcurrucén me dio una importante cornada y me hizo perderme mi actuación en Madrid al día siguiente". Aunque más doloroso que las cornadas ha sido el olvido que ha sufrido en ferias importantes, especialmente en su plaza de toros de Valladolid, en la que no se ha vuelto a vestir de luces desde 2015. "Aquella fue mi última tarde: salí por la puerta grande con los ‘victorinos’ y nunca más me pusieron".
"Todos los años duele no verse anunciado en Valladolid, pero este año un poco más, ya que celebro el veinte aniversario de mi alternativa". A Joselillo le molestan "las injusticias", máxime cuando "en otras ferias ves hueco para toreros de la tierra, como es lógico". No obstante, prefiere no pensarlo y mantiene la "esperanza" de volver a hacer el paseíllo en el Coso de Zorrilla.
José Miguel vive un momento "sereno y de madurez personal y profesional". Entrena cada día como si fuera a torear mañana y está físicamente "mucho mejor que hace veinte años". Este septiembre será muy especial y celebrará la efeméride, primero en un festival en Simancas y, más tarde, con una corrida de toros en la localidad navarra de Sangüesa. "El festejo de Simancas me hace mucha ilusión porque es uno de los pocos lugares de Valladolid donde nunca se olvidan de sus toreros, y volver a Sangüesa es un regalo, después de haber triunfado allí hace algunos años".
La dignidad de las direcciones de lidia
Compagina su profesión como torero con las direcciones de lidia en los festejos populares. "Eso me ayuda a poder vivir en torero y seguir con mi profesión". "Intento llevar a cabo todas las direcciones de lidia con profesionalidad y haciéndolo lo mejor posible". Sueña con volver al circuito y hacerse el hueco que se merece en un oficio duro, muy duro, y a veces ingrato, pero también muy bello.
Sabe que tiene el cartel de torero especialista en corridas duras, como así lo ha demostrado en estos veinte años. Sin ir más lejos, recuerda su actuación en San Agustín de Guadalix el pasado mes de abril en lo que califica como la "tarde más dura" de su carrera profesional, con la gesta que tuvo que hacer al lidiar un toro de Prieto de la Cal y otro de Reta Casta Navarra, que han sido los dos "animales más complicados" que jamás ha lidiado. Salió muy reforzado de aquella gesta y de una sola pieza, que no era poco, pero confiesa que también le gustaría torear algún hierro 'más comercial'. Podía destapar así el toreo que lleva dentro y alcanzar la profundidad que sueña en cada entrenamiento. "Ya demostré en algunas ocasiones de lo que soy capaz con otro tipo de toro. Me viene a la mente, por ejemplo, una tarde con Morante de la Puebla y Ponce en Valladolid en la que logré un importante triunfo en 2008", afirma.
Las ilusiones están intactas. La madurez y el poso son un aliciente para ver a un torero muy digno, solvente y con una gran capacidad lidiadora. Prefiere "no darlo vueltas", pero en el fondo sabe que un nuevo paseíllo en Valladolid sería como tocar el cielo. También, un acto de justicia.









