Valladolid "estalló" con Obús y Burning en una noche en la que el rock se reivindicó

El concierto lo abrió la banda local Cianóticas Perdidas con su estilo "cuquipunk" y sus letras comprometida

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Valladolid "estalló" con Obús y Burning en una noche en la que el rock se reivindicó
Fotos: Sergio Borja
El autor esRebeca Pasalodos Pérez
Rebeca Pasalodos Pérez
Lectura estimada: 3 min.
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La Plaza Mayor de Valladolid se convirtió este domingo en una gigantesca sala de rock. Las Ferias y Fiestas de la Virgen de San Lorenzo reservaron una de sus noches para las guitarras, las baterías y los estribillos que han acompañado a varias generaciones y, desde las 20:00 horas, el escenario fue tomando temperatura hasta desembocar en una auténtica fiesta de rock and roll con Cianóticas Perdidas, Burning y Obús como protagonistas.

La primera descarga llevó sello vallisoletano. Cianóticas Perdidas, ganadoras del concurso Onda Rock, afrontaron uno de los conciertos más importantes de su todavía corta trayectoria. Y lo hicieron manteniendo intacta esa mezcla que ellas mismas han bautizado como 'cuquipunk': la combinación de una apariencia amable y divertida con letras cargadas de crítica, ironía y ganas de contar aquello que muchas veces queda fuera de las canciones. Su propuesta sirvió además para reivindicar el espacio que necesitan las bandas emergentes para crecer y encontrar escenarios en los que demostrar que también hay futuro para el rock local.

A las 21:00 horas, puntuales, llegó uno de los momentos más esperados de la noche. Burning tomó el relevo para demostrar que hay canciones que no envejecen. Más de cinco décadas después de aquellos primeros años en los que un grupo de chavales de barrio encontró en los Rolling Stones una forma de entender la música y la vida, la banda madrileña volvió a reivindicar su lugar en la historia del rock español.

Durante cerca de una hora y media, Burning hizo un recorrido por algunos de los grandes clásicos de su repertorio. Sonaron 'Esto es un atraco', 'Mueve tus caderas' o la imprescindible '¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?', canciones convertidas ya en parte de la memoria colectiva del rock nacional.

Y la Plaza respondió. El público se mostró especialmente animado durante la actuación, bailando, cantando y dejándose llevar por una banda que convirtió su paso por Valladolid en uno de los conciertos más divertidos de la noche. Burning puso el broche a su actuación con 'Una noche sin ti', antes de dejar paso a la espera por el último gran protagonista de la jornada.

Y entonces llegó el turno de Obús.

A las 22:45 horas, la Plaza Mayor cambió de registro y recibió de lleno la contundencia del heavy metal. Fortu y los suyos salieron al escenario dispuestos a convertir las fiestas vallisoletanas en una gran celebración del rock duro. Y cumplieron. Lo que siguió fue, más que un concierto, una auténtica fiesta con un público completamente volcado.

El repertorio recuperó algunos de los títulos imprescindibles de la trayectoria de Obús, con la contundencia de 'Dosis de heavy metal', 'Sólo lo hago en mi moto', 'El que más' o 'Va a estallar el Obús'. Sobre el escenario, Fortu volvió a ejercer de maestro de ceremonias, llevando el peso de un espectáculo en el que la conexión con quienes llenaban la Plaza Mayor fue constante.

Hubo tiempo para bailar, saltar, cantar y también para que cientos de móviles iluminaran la Plaza Mayor con sus linternas, dejando una de las imágenes de la noche. Uno de los momentos más especiales llegó cuando Fortu presentó sobre el escenario a su mujer, vallisoletana, reforzando todavía más el vínculo del cantante con la ciudad. Y el guiño a Valladolid no terminó ahí, el vocalista apareció además con una camiseta del Real Valladolid, un gesto que fue recibido con entusiasmo por el público.

Obús reservó para el final uno de sus himnos más reconocibles. 'Vamos muy bien' puso el broche al concierto y terminó de convertir la Plaza Mayor en una fiesta colectiva, con el público completamente entregado y coreando uno de esos estribillos que han sobrevivido al paso de las décadas.

Fue el cierre perfecto para una noche en la que Burning y Obús demostraron el excelente estado de forma del rock español. Dos conciertos diferentes, pero con un denominador común: un público dispuesto a bailar, cantar y celebrar canciones que, pese al paso de los años, siguen funcionando como el primer día.

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