Negacionismo absurdo

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Negacionismo absurdo
El autor esMarcos Pastor Galán
Marcos Pastor Galán
Lectura estimada: 3 min.

La pandemia por COVID trajo consigo el resurgimiento de la corriente negacionista. Todo de la mano de profesionales sanitarios que veían que podían llenar salas con una entrada económica para dar charlas y posteriormente vender un libro. Además, youtube les permitía ganar dinero con sus vídeos a la vez que difundían mentiras acreditándose como eruditos.

Desde aquel entonces, se han multiplicado los casos de enfermedades como el sarampión. Y esto no sería un problema si no fuera porque estaba casi erradicado en España. La vacuna triple vírica (sarampión-rubeola-paperas) tenía los días contados con este virus que ha dejado fallecidos en los últimos años. Porque el problema no es pasar la enfermedad, es que puedes no terminar de pasarla y hacer que otros tampoco.

La infamia del negacionismo hizo que mucha población no se vacunase de COVID, porque los bulos decían que llevaba un chip 5G. Pero también decían que llevaba un chip de bluetooth, un virus, una bacteria e, incluso, un alien. Se llegó a decir que estaba hecha de fetos muertos y que modificaba el ADN. Como se observa, ni siquiera el negacionismo sabe dar una sola propuesta.

Con esto, vino la moda de dudar de todas las vacunas con frases como: no conozco a nadie que tenga (lo que sea), no es necesario vacunar a mi hijo. Con ello, el sarampión se ha cobrado varias vidas en nuestro continente, también en España. Y el problema no es que fallezca el niño que sus padres no han vacunado, es que es una dosis que se pone a los 12 meses de vida, por lo que ese niño puede contagiar a bebés y darles el mismo final.

Así, la decisión absurda y ridícula de unos padres irresponsables, puede acabar con la vida de bebés inocentes que cumplen su calendario vacunal. ¿Se harían responsables económica y penalmente esos padres si es mi hija o la de cualquiera que lea esto quien fallezca por su capricho negacionista? Pongo el ejemplo del sarampión porque es una vacuna "tardía", ya que se espera a que el niño tenga un año, pero hay más casos con otras enfermedades.

Y el refuerzo negativo de "negacionistas" sanitarios, tiene culpa y debería comprometerles penalmente. Uno de los más sonados en la pandemia fue Luis de Benito, médico digestivo que se autoproclamaba experto en infecciones y aseguraba que no había pacientes COVID ingresados en su hospital. Nadie comprobó que en realidad su especialidad es digestivo y que trabajaba en el hospital más pequeño de la Comunidad de Madrid, que tiene el mismo tamaño que algunos centros de salud grandes, por eso no había pacientes.

Y como él otros tantos menos famosos, que daban charlas, vendían libros y así promocionaban también sus clínicas privadas. ¿Son responsables de que la gente sea negacionista? Sí y no, porque no podemos culparles de que la gente les crea. Sin embargo, sí se les debe culpar por atentar contra la salud pública con mensajes que saben que son falsos. Deberían tener que elegir entre responder penalmente o promocionar la salud con el mismo ímpetu.

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