La plantilla morada desvela las historias personales, familiares y deportivas que se esconden detrás de los números y nombres que lucirá durante la temporada 2026/2027
Los dorsales del UEMC Baloncesto Valladolid: mucho más que un número a la espalda
La plantilla morada desvela las historias personales, familiares y deportivas que se esconden detrás de los números y nombres que lucirá durante la temporada 2026/2027
Los dorsales que lucirán los jugadores del UEMC Baloncesto Valladolid durante la temporada 2026/2027 esconden mucho más que una simple combinación de cifras. Detrás de cada número hay recuerdos, tradiciones familiares, referentes deportivos e incluso homenajes a personas importantes en la vida de los integrantes de la plantilla morada.
Desde el número 1 hasta el 59, cada elección tiene su propia historia. Algunas están vinculadas a la familia, otras a momentos concretos de sus carreras y otras a jugadores que han marcado a quienes ahora defienden la camiseta de las ardillas.
Moha Niang llevará el 1 con 'Moha' a la espalda. El nombre responde simplemente a una cuestión personal: "Es el diminutivo de Mohammed y me gusta más Moha". El dorsal, sin embargo, llegó por descarte. Su número habitual era el 15, pero Kevin Schutte se adelantó y lo escogió para esta temporada. "En mi primer año de Senior, jugando en Santurtzi, escogí el 15 que era el único número que quedaba libre y desde entonces siempre lo he elegido porque sentía que me daba suerte". Sin su dorsal habitual, se decantó por el 1, el primero que le vino a la cabeza.
Jacob Hanna recupera el 2, acompañado de su apellido en la camiseta. Durante su etapa universitaria siempre había utilizado el 5 porque tiene cinco hermanos y él es el quinto. Sin embargo, el año pasado decidió iniciar una nueva etapa y eligió el 2, precisamente porque es la imagen reflejada del 5 en un espejo. "El número 5 es mi número favorito, pero independientemente del número, sigo siendo el mismo jugador, con el mismo esfuerzo sobre la pista", explica.
El 5 de Juan García-Abril es diferente al resto. No es una elección personal, sino un dorsal que responde a una de las tradiciones más importantes del club. El número está reservado a un jugador de cantera como homenaje a Lalo García, el Eterno Capitán del baloncesto vallisoletano. García-Abril será así, una temporada más, el encargado de mantener vivo sobre la pista el legado del mítico capitán morado.
Pablo Marín seguirá con el 6, un número que considera prácticamente inseparable de su identidad. "Para mí y mi familia es un número especial, simbólico y tiene muchos motivos detrás", explica. Su padre, su madre y su hermano también lo han llevado cuando jugaban al baloncesto, por lo que decidió continuar con la tradición familiar. Después de lucirlo ya la pasada temporada en Pisuerga, volverá a llevarlo durante el nuevo curso.
Alejandro Rivas vestirá el 8, también con su apellido. En su caso, el dorsal tiene un origen familiar. Su padre utilizaba el 11 o el 8 y él había llevado habitualmente el primero de ellos. Sin embargo, el 11 ya estaba ocupado en Valladolid por Drenin Dinkins y tampoco podía utilizarlo en Llíria, por lo que finalmente se quedó con el 8.
Drenin Dinkins será quien luzca el 11. El estadounidense comenzó utilizando el 1 durante su etapa escolar, pero al llegar a la universidad ya estaba ocupado. Entonces decidió cambiarlo por el 11, un número con un significado especial para él porque era el dorsal que llevaba su abuelo cuando jugaba al baloncesto. "Es un reconocimiento y un asunto familiar el llevarlo", explica.
Pablo Martín mantiene el 12, un dorsal que ya considera propio después de varias temporadas utilizándolo. Durante su etapa de formación siempre llevó el 7, pero al terminar su etapa junior quiso cambiar. El 12 fue el elegido y desde entonces le ha acompañado en La Flecha, Pisuerga, Morón y Córdoba. "Me trae buenos recuerdos de estas últimas campañas y espero seguir llenándolo de experiencias positivas", señala.
Kevin Schutte ha convertido el 15 en parte de su identidad. Durante sus primeros años como jugador utilizó diferentes dorsales, principalmente el 12, el 13 y el 14. Este último le acompañó durante buena parte de su etapa universitaria en Hofstra y también con las selecciones neerlandesas.
Todo cambió después de la pandemia. Schutte decidió que era el momento de comenzar una nueva etapa y encontró inspiración en varios de sus referentes. Nikola Jokić, DeMarcus Cousins, Carmelo Anthony y Vince Carter tuvieron su parte de culpa en la elección. El 15 le conectaba especialmente con Anthony y, tras años utilizando otros números, decidió avanzar un dorsal y convertirlo en el suyo.
"Para mí simbolizaba el comienzo de una nueva etapa tras la pandemia y, al mismo tiempo, me conectaba con jugadores cuyo juego y cuya trayectoria siempre me habían inspirado", explica. Ahora, en su tercera temporada como profesional, asegura que el 15 "ha llegado para quedarse".
Iñigo Royo llevará el 22, un número que comenzó utilizando porque el 8, su dorsal habitual, estaba ocupado durante su etapa en Baskonia y Clavijo. Además, el 22 coincide con una fecha importante para él y también con el número del portal en el que pasa sus vacaciones junto a sus padres.
Cuando llegó a Valladolid se planteó recuperar el 8, pero finalmente decidió mantener el 22 y darle un significado añadido: rendir un pequeño homenaje a Sergio de la Fuente, uno de los grandes referentes de la historia reciente del club.
Jorge Martínez lucirá el 30 con 'J. Martínez' a la espalda. Durante años había utilizado el 10, pero cuando llegó a un nuevo equipo ya estaba ocupado. Preguntó entonces a sus amigos de toda la vida y el 30 fue la opción elegida. Como aquella temporada le fue bien, decidió convertirlo en su dorsal definitivo.
El nombre también tiene un componente familiar. Siempre ha utilizado la inicial de su nombre y el apellido de su padre, a quien atribuye buena parte de la responsabilidad de que comenzara a jugar al baloncesto.
Jaime Llamas volverá a aparecer como 'Prado. J', un cambio que tiene un significado especialmente personal. Después de utilizar durante años 'Llamas', decidió incorporar el apellido de su madre. "Quería tener conmigo a mi madre, que es con la que llevo toda la vida y se lo merece", explica.
Su dorsal, el 32, también está relacionado con una experiencia familiar. Cuando era pequeño perdió a su padre el 3 de febrero de 2005. De aquella fecha nació el número que le acompaña: el 3 y el 2 se unieron para formar el 32 que ahora lucirá en Pisuerga.
Enrique Gutiérrez O'Callaghan cerrará la lista con el 59. El dorsal llegó prácticamente por casualidad cuando aterrizó por primera vez en La Flecha. Los números disponibles entonces iban del 47 al 63 y el 59 era el que quedaba libre. Además, aquella temporada coincidió con la edad que tenía su padre.
La campaña salió especialmente bien y el número terminó adquiriendo un significado especial. Desde entonces, O'Callaghan mantiene el 59 como una especie de amuleto que le acompaña también ahora en su aventura con el UEMC Baloncesto Valladolid.
Así, los dorsales de las ardillas vuelven a demostrar que en el baloncesto un número puede ser mucho más que un número. Puede representar a una familia, recordar a alguien que ya no está, homenajear a un referente, cerrar una etapa o simplemente convertirse, con el paso de los años, en parte de la identidad de un jugador.
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