El cocinero vallisoletano, jefe de cocina de Dama de la Motilla, es uno de los cinco finalistas de un certamen que reunirá el 19 de octubre en el Basque Culinary Center a jóvenes talentos de la gastronomía española
Carlos Adeva, ante el reto de Talentos Martiko: "No quiero el premio, quiero la beca para estudiar en el BCC"
El cocinero vallisoletano, jefe de cocina de Dama de la Motilla, es uno de los cinco finalistas de un certamen que reunirá el 19 de octubre en el Basque Culinary Center a jóvenes talentos de la gastronomía española
La cocina vallisoletana tendrá representación en la final de Talentos Martiko 2026, un certamen que busca descubrir, reconocer y dar visibilidad a jóvenes profesionales de la gastronomía. El cocinero Carlos Adeva Molleda, actualmente al frente de los fogones de Dama de la Motilla, en Fuensaldaña, es uno de los cinco finalistas de esta séptima edición, cuya final se celebrará el próximo 19 de octubre en el Basque Culinary Center de San Sebastián.
El concurso está dirigido a cocineros y cocineras de entre 20 y 35 años y pone a prueba su creatividad y técnica a través de dos elaboraciones: un aperitivo realizado con uno de los pescados ahumados de Martiko y un plato principal cuyo ingrediente protagonista debe ser el foie gras fresco o el magret de pato. Los tres primeros clasificados recibirán premios económicos y formación especializada en el Basque Culinary Center.
Para Adeva, la final supone un nuevo reconocimiento a una trayectoria que comenzó siendo adolescente y que le ha llevado por diferentes cocinas de Valladolid y Castilla y León. El cocinero ya sabe lo que es ganar un concurso gastronómico: en diciembre de 2025 se proclamó vencedor del III Concurso Nacional de Cocina con Trufa de Cogeces del Monte con su propuesta 'Pato, trufa, queso y brioche'.
Ahora afronta un nuevo desafío con dos elaboraciones en las que ha querido plasmar su pasión por la cocina francesa, el producto y las elaboraciones tradicionales. Lo hace, además, con la intención de disfrutar de una experiencia que considera una oportunidad para seguir creciendo profesionalmente.

PREGUNTA: ¿Cómo empezó a interesarse por el mundo de la cocina y qué trayectoria ha seguido a lo largo de los años?
RESPUESTA: Mis padres son hosteleros, aunque ellos se dedican al otro lado del negocio, principalmente a la sala. Desde pequeño siempre me gustó la cocina. A los 16 años empecé a estudiar cocina en el instituto Diego de Praves y después hice las prácticas en el Hotel AC Palacio de Santa Ana.
A partir de ahí comencé a trabajar en Villa Paramesa y posteriormente en Suite 22, donde estuve cuatro años y terminé como jefe de cocina. Después me incorporé a la Gastrobodega de Martín Berasategui, en Rueda. Más tarde pasé al Grupo Bla Bla Bla, donde fui jefe de cocina de Flamma. Después estuve en Raza y finalmente aterricé donde estoy ahora, en Fuensaldaña, en el restaurante Dama de la Motilla. La verdad es que estoy muy contento.
P: ¿Cuál es el concepto de Dama de la Motilla?
R: Es un restaurante que lleva 30 años abierto y que siempre se ha caracterizado por dar muy bien de comer y ofrecer un hospedaje magnífico, pero, sobre todo, porque la gente se marcha muy feliz.
Creo que la línea de este restaurante no permite ponerse a hacer determinadas cosas simplemente porque estén de moda. Al final son 30 años de historia, hay clientes de toda la vida y una reputación asentada, así que hay que seguir una línea tradicional.
Yo estoy muy cómodo porque me siento en mi salsa. Soy un apasionado de la gastronomía francesa, así que se trata de juntar diferentes elementos y conseguir algo bonito. Intentamos hacer las cosas bien: salsas bien trabajadas, buenos fondos, sabores definidos y una materia prima de calidad. Esa es una de las claves de Dama de la Motilla.
P: ¿Cuál considera que es su fuerte?
R: Creo que un cocinero, sobre todo en España, tiene que estar formado en todos los ámbitos de la cocina. En otros países de Europa quizá no es exactamente así, pero aquí tienes que saber trabajar técnicas de pastelería, cocina salada, frío, caliente...
Yo donde mejor me desenvuelvo es en los calientes, en el guisoteo, en el ‘chup chup’ y en las salsas. Es donde más cómodo me siento y donde siempre he estado.
Además, me gusta mucho la pastelería. Normalmente a los cocineros no les suele gustar tanto porque tienes menos capacidad creativa, pero a mí sí. Me gustan las elaboraciones complejas, pesar, la técnica, que todo sea minucioso, que todo sea perfecto y detallado. No puedes saltarte un ingrediente o un proceso porque, si lo haces, la receta no sale como esperas.
P: ¿Cómo se enteró de que era finalista? ¿En qué contexto estaba?
R: Volvía a casa del gimnasio el martes y estaba preparando las maletas para irme a la playa. Estábamos a punto de salir cuando sonó el teléfono y pensé: "Uy, ¿qué ha pasado?". Un martes por la mañana, pensé que no podía ser nada bueno.
Era una chica de la organización del concurso, Vanesa, que es encantadora. Me dijo: "Oye, Carlos, este año ha habido muchísimo nivel". Yo pensé que simplemente era el típico detalle de "como nos caes muy bien, por lo menos te llamamos y no te mandamos un correo diciéndote que no vienes". Pero al final no me llamó para eso, sino para decirme que era finalista.
La verdad es que fue una alegría enorme, porque es un concurso al que siempre van cocineros de muchísimo nivel.
P: ¿Cómo se lo trasladó a sus compañeros de Dama de la Motilla?
R: Se alegraron muchísimo. Tengo la suerte de contar con unos grandes compañeros y con un gran jefe. Somos un gran equipo y siempre intentamos ir a la par en todo.
Al final, en una cocina no solo tienes compañeros de trabajo. Pasas por tantas situaciones de estrés, tantas dificultades, risas, momentos, cansancio y agotamiento que acaba siendo mucho más que una relación laboral. Creas una alianza y formas un vínculo.
Por eso la gente te quiere no solo como compañero, sino también por cómo eres como persona. La verdad es que fue muy bonito. Siempre digo que, en estas cosas, a mí me hace más ilusión que se alegre el resto que yo mismo.

P: ¿Podría explicar cuáles son las propuestas con las que ha sido seleccionado?
R: La primera elaboración es un aperitivo. Martiko daba cuatro opciones, que son toda su gama de ahumados: trucha, atún, salmón y bacalao. En mi caso escogí el salmón y utilicé un solomillo de salmón ahumado.
Como te decía antes, soy un apasionado de la cocina francesa y quería plasmarlo en la propuesta. Hice un paté en costra, que parece una masa quebrada y que se rellena, en este caso, de pescado.
Para mí fue un reto porque ya lo había intentado anteriormente y nunca había conseguido hacerlo como quería. Esta vez dije: "A por ello". Estuve bastante tiempo pensando cómo conseguir que saliera bien y, a base de pruebas, finalmente lo conseguí.
El relleno es muy sencillo: salmón ahumado y verduras de la huerta, como espinacas y perejil. Después lo acompaño con unas verduras encurtidas que hacemos nosotros, unos tirabeques, una gelatina de rosado de Cigales, en homenaje un poco a la zona donde estoy, y un caldo que elaboramos con papada ibérica y salmón.
Lleva también un poco de jengibre, que aporta un punto ácido y fresco que funciona muy bien con los ahumados. Con ese vinagre de las guarniciones, el bocado completo, para mí, queda buenísimo.
P: ¿Y la segunda propuesta?
R: La segunda propuesta es el plato principal. Martiko daba dos opciones: magret de pato o foie. Yo no podía quedarme solo con una. El foie me encanta y el magret de pato también, así que quería hacer algo con los dos.
Cogí el magret de pato, lo marqué en la sartén y saqué la grasa. Después separé la carne y la cociné en un guiso con chalotas y caldo de pato. Lo puse a reducir, reducir y reducir, y le añadí confit de pato para darle un poco más de untuosidad. Ese fue el relleno.
Después, con un caldo de pato, hice unos falsos canelones y, con el foie, preparé una salsa perigó. Es una salsa que se emulsiona con foie y mantequilla y que tiene una untuosidad y una textura muy potentes y melosas.
Todos los elementos estaban en mi cabeza y todos me gustaban, así que la única manera de hacerlo era disponerlos juntos en el plato.

P: ¿Cómo afronta la presión de cocinar en la final del 19 de octubre en el Basque Culinary Center?
R: Estoy tranquilo. Voy a hacer lo que sé hacer. El año que fui, los nervios eran increíbles. Al final vas a San Sebastián, que es la ciudad del cocinero, y todo gira alrededor de la gastronomía. Poder ir desde Valladolid y tener la suerte de cocinar delante del jurado que tuve, con Hilario Arbelaitz, del restaurante Zuberoa, el presidente de Martiko o Elena, la hija de Arzak, supone mucha presión.
Este año quiero afrontarlo de una manera mucho más natural, disfrutándolo. Voy al BCC muy tranquilo y sin tensiones. A pasarlo bien, a intentar llevar mi cocina, igual que hice la otra vez, y a intentar que todo el mundo lo disfrute. Ya está.
P: ¿Qué cosas puede llevar preparada desde Valladolid?
Es una buena pregunta porque todavía no lo sé exactamente. Sí sé que guisos, salsas y determinadas elaboraciones se pueden llevar preparadas, sobre todo porque no son salsas que puedas hacer en una hora.
Al final, los caldos que hago pueden necesitar casi 24 horas, dependiendo de la materia prima, entre el reposo y la cocción.
Tenemos que preparar 12 raciones de cada propuesta en dos horas y eso me preocupa un poco. No suelo decirlo mucho, pero creo que funciono bastante bien bajo presión.
Yo no quiero el premio, yo quiero la beca para estudiar en el BCC. Para mí eso es lo realmente importante. Como la persona humilde que soy, creo que sería un logro enorme.
P: ¿Qué cree que marcará la diferencia el día de la final?
Hay una chica que va del restaurante Azurmendi que, para mí, es como Cristiano Ronaldo en el fútbol. Y también está Aitor Martínez Ros, de Can Ros Restaurante...
Sé que son cocineros muy buenos, gente muy profesional y muy preparada. Creo que todos tienen un nivel enorme.
Al final, pienso que lo que va a decantar al jurado serán los pequeños detalles. Si consigues finalizar el plato tal y como lo has preparado en casa, el problema lo tiene el jurado, no tú.
Yo voy a poner toda la carne en el asador. Eso lo tengo muy claro.
P: ¿Hay algún chef o compañero de la gastronomía local que le haya inspirado y apoyado?
R: Emilio, de Suite 22, por supuesto. Me ayudó y me enseñó muchísimo y me dio mucha confianza. Fue muy importante para mí estar en ese restaurante porque además me pilló en unos años fundamentales de formación personal y profesional.
Me enseñó lo que me gustaba y lo que no me gustaba de la gastronomía. En la Gastrobodega de Martín Berasategui aprendí muchas cosas, sobre todo la disciplina, el arte de hacer las cosas bien, la perfección y la autoexigencia.
Y, desde luego, Gema. Es la mejor cocinera que conozco. No puedo decir nada malo de ella desde el punto de vista culinario. Es increíble.

P: ¿Qué supondría para usted ganar este premio?
R: La verdad es que no lo sé. Honestamente, no lo sé.
Para mí sería, desde luego, un antes y un después, como persona también. Soy una persona muy competitiva, aunque no con el resto, sino conmigo mismo. Siempre intento superarme y nunca quiero estar en mi zona de confort.
De hecho, cuando estoy relajado siento que tengo que complicarme la vida. Es algo que a veces detesto de mí.
P: ¿Se considera uno de los cocineros que están dando forma a esta nueva generación de la gastronomía en Castilla y León?
R: Creo que eso es decir mucho, la verdad. Lo único que hago es intentar hacer bien mi trabajo. Hay mucha gente por ahí que es muy buena y que está mejor preparada que yo. He tenido la suerte de trabajar con gente en restaurantes de los que he podido aprender muchísimo.
Siempre he intentado ser un buen compañero y una buena persona con la gente que tengo alrededor.
En Valladolid tenemos grandes cocineros, la verdad que sí. Unos completan a otros. Hay quienes son muy buenos en determinados aspectos y otros que destacan en cosas diferentes. La fortaleza de un restaurante no está solo en una persona, sino en tener un buen equipo.
P: ¿Qué mensaje daría a las nuevas generaciones de cocineros locales?
R: Yo creo que todo merece la pena. Lo que más cuesta es lo que más merece la pena. Es algo que he aprendido y que tengo muy interiorizado. Haz lo que quieras y hazlo porque el 'no' ya lo tienes. Y si te sale mal, vuelves a empezar. Creo que hay que pensar así.
Si te puede el miedo, te vas a quedar sin vivir la vida de verdad.
P: ¿Cómo se va a preparar hasta octubre?
R: Ahora estoy de vacaciones y hay que disfrutar un poco del momento. A la vuelta del trabajo lo plantearemos bien, pero quiero hacerlo con tranquilidad y haciendo las cosas bien. Tengo muchas ganas de ir a San Sebastián, que es la ciudad del cocinero, y de disfrutar, pasarlo bien e intentar que los nervios no superen lo que es una experiencia muy bonita.
Hay gente muy buena y muy profesional que se ha quedado fuera y que también se habría merecido estar en la final. Por eso creo que debo disfrutar del momento y disfrutar de la vida.
P: ¿Va acompañado de alguien de Su equipo?
R: Sí, tengo que llevar acompañante. Además, este año la organización me insistió en que tenía que llevar obligatoriamente a una persona porque preparar 12 platos de cada propuesta es bastante complicado.
Lo tenemos que organizar bien a la vuelta. Mis compañeros están de vacaciones, yo estoy de vacaciones y toca disfrutar. El año ha sido muy largo y hemos trabajado mucho. Es cierto que yo no sé tener días libres. Llevo cuatro días de vacaciones y no he parado. Mi cabeza no para.

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