21/07/2026
Ted Lasso y Luis de la Fuente
Luis de la Fuente, junto a Víctor Orta, este jueves en el Estadio José Zorrilla. Real Valladolid.
Lectura estimada: 7 min.
A Luis de la fuente le conocéis, pero si no conocéis a Ted Lasso os invito a hacerlo, es un entrenador del equipo de fútbol del Richmond, y él no sabe de fútbol, pero es muy buena persona. Su lema que lo tiene pegado en el vestuario es BELIEVE, realmente es una bonita serie de televisión y le vimos en el descanso de la final de ayer en el mundial de Futbol.
Son dos figuras del fútbol que, han demostrado que el verdadero éxito tiene mucho más que ver con las personas que con los marcadores: Ted Lasso, conquistó al mundo con su optimismo, y Luis de la Fuente, el seleccionador español que ha construido un grupo campeón desde la confianza, la humildad y el compromiso. Ambos comparten una filosofía sorprendentemente parecida: primero construye personas; después llegarán los resultados.
La confianza es una decisión
Ted Lasso repite una idea que atraviesa toda la serie: creer en las personas incluso antes de que ellas crean en sí mismas. No ignora sus errores, pero decide mirar más allá de ellos.
Luis de la Fuente ha hecho algo similar con la selección española. Apostó por jugadores jóvenes, defendió sus decisiones frente a las críticas y creó un entorno donde cada futbolista sabía que tendría oportunidades si trabajaba.
En la vida ocurre exactamente igual. No necesitas garantías absolutas para empezar un proyecto, cambiar de trabajo o perseguir un sueño. Solo necesitas decidir confiar en que serás capaz de aprender por el camino.
El equipo siempre supera al ego
Ni Ted Lasso ni Luis de la Fuente construyen equipos alrededor de una sola estrella. Ninguno pretende ser el protagonista de la historia. Y quizá ahí resida precisamente su grandeza. No lideran desde el miedo. No convencen desde la autoridad. Construyen desde la confianza.
Ambos entienden que el talento individual gana partidos, pero los equipos unidos ganan los campeonatos. En nuestra vida también jugamos en equipo. Nuestra familia, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo o nuestra pareja forman parte del ecosistema que sostiene nuestro bienestar. El ego pregunta: "¿Cómo puedo destacar?". La mentalidad de equipo pregunta: "¿Cómo puedo ayudar?". Paradójicamente, quienes más ayudan suelen acabar siendo quienes más crecen.
Liderar también significa cuidar
El liderazgo no consiste en ocupar la primera fila. Consiste en hacer que los demás sean mejores. Eso sirve para un entrenador, un padre, un profesor, un empresario o cualquier persona que influya en otra. Y quienes consiguen que otros crean en sí mismos dejan una huella mucho más profunda que quienes solo buscan reconocimiento.
Los dos conocen a las personas antes que a los futbolistas. Saben cuándo un jugador necesita una conversación más que una corrección táctica. Comprenden que el rendimiento nace muchas veces del bienestar emocional.
Durante demasiado tiempo hemos confundido la empatía con la debilidad. Sin embargo, cuidar no significa rebajar la exigencia. Significa crear las condiciones para que los demás puedan dar su mejor versión.
La filosofía del cuidado, desarrollada por pensadoras como Carol Gilligan, recuerda que las relaciones humanas no son un obstáculo para la excelencia; son precisamente el terreno donde esta puede aparecer.
El éxito como consecuencia, no como objetivo
Aristóteles decía que la excelencia no es un acto, sino un hábito. Nos hemos acostumbrado a interpretar el éxito como una fotografía: el ascenso, el campeonato, el reconocimiento público. Pero tanto Ted Lasso como Luis de la Fuente parecen entender que el éxito es, sobre todo, un proceso. Lasso apenas habla de ganar. Habla de mejorar.
De la Fuente tampoco construye sus discursos alrededor de los títulos. Habla de compromiso, de convivencia y de trabajo colectivo.
La vida funciona de forma parecida. Cuando todo gira alrededor del resultado, aparece la ansiedad. Cuando la atención se centra en el proceso, aparece el crecimiento.
Los estoicos ya lo entendieron hace dos mil años. Epicteto recordaba que solo debemos preocuparnos por aquello que depende de nosotros. El marcador rara vez depende exclusivamente de uno mismo. El esfuerzo, la preparación y la actitud, sí.
La humildad no es pensar menos de ti; es pensar más en los demás.
Ted Lasso escucha mucho más de lo que habla. Luis de la Fuente también se caracteriza por una comunicación tranquila, cercana y respetuosa.
Los dos entienden que liderar no consiste en tener siempre la última palabra.
La humildad no significa renunciar a la ambición. Significa aceptar que siempre podemos aprender algo, incluso de quien menos esperamos.
La confianza como acto de valentía
Vivimos en una cultura donde la sospecha parece más inteligente que la confianza. Confiar se interpreta como ingenuidad. Creer en alguien parece un riesgo. Ted Lasso hace exactamente lo contrario. Confía incluso cuando no tiene pruebas suficientes para hacerlo: Believe.
Luis de la Fuente también lo hizo cuando apostó por jugadores jóvenes, muchos de ellos cuestionados por la opinión pública. Mientras otros analizaban estadísticas, él analizaba personas. Porque el talento necesita algo que los datos no siempre pueden medir: alguien que crea en él.
Lo mismo ocurre fuera del deporte. Un profesor puede cambiar la vida de un alumno simplemente porque decidió confiar antes que juzgar. Un jefe puede transformar una empresa si entiende que gestionar personas no consiste en vigilarlas, sino en desarrollarlas.
Una familia puede convertirse en refugio cuando sus miembros dejan de exigirse perfección y empiezan a ofrecer apoyo.
La confianza no garantiza el éxito. Pero la desconfianza casi siempre garantiza el fracaso. Ted Lasso crea una cultura basada en la confianza, el humor, la empatía y el compromiso.
Luis de la Fuente ha construido una selección donde el ambiente es tan importante como la táctica. En una empresa, una familia o un grupo de amigos, el ambiente determina el rendimiento. Las personas florecen cuando sienten que pertenecen a un lugar donde pueden equivocarse, aprender y volver a intentarlo.
El ego nunca levanta trofeos durante mucho tiempo
Hay una frase atribuida al entrenador Phil Jackson: "La fuerza del equipo está en cada miembro; la fuerza de cada miembro está en el equipo". Es difícil encontrar una definición mejor de lo que representan Lasso y De la Fuente. Ambos entienden que las grandes victorias nacen cuando el protagonismo se reparte.
En un mundo que premia la marca personal, ellos reivindican el valor del "nosotros". Sin relaciones sanas no existe una buena vida. Podemos acumular éxito profesional y seguir sintiéndonos profundamente solos.
La presión no desaparece; cambia la manera de vivirla
Ambos entrenadores trabajan bajo una enorme presión. La diferencia es que no permiten que esa presión controle sus decisiones.
Ted Lasso responde con serenidad y humor. Luis de la Fuente responde con calma y coherencia.
En nuestra vida sucede algo parecido. No podemos controlar los problemas, pero sí la actitud con la que los enfrentamos.
La serenidad no elimina las dificultades. Nos permite pensar mejor mientras las atravesamos.
Cada persona merece una segunda oportunidad
Uno de los mensajes más poderosos de Ted Lasso es que nadie queda definido por su peor momento.
Luis de la Fuente también ha recuperado jugadores que parecían olvidados y ha confiado en futbolistas cuando otros ya habían dejado de hacerlo.
Todos fallamos. Todos tenemos etapas malas. Pero una vida no se mide por los errores cometidos, sino por la capacidad para levantarse después de ellos.
Perdonarse no significa justificar los fallos. Significa no convertirlos en una identidad.
La constancia vence a la inspiración
No existen discursos motivacionales capaces de sustituir el trabajo diario. Ted Lasso insiste en mejorar un poco cada día.
Luis de la Fuente habla continuamente del esfuerzo, la preparación y el compromiso.
La inspiración es maravillosa. Pero la disciplina construye los resultados. Los grandes cambios casi nunca llegan de un gesto heroico. Llegan de cientos de pequeñas decisiones repetidas durante mucho tiempo.
La serenidad como ventaja competitiva
Marco Aurelio escribió que "la tranquilidad perfecta consiste en el buen orden de la mente".
Hoy vivimos rodeados de urgencias. Todo exige respuesta inmediata. Todo parece definitivo. Sin embargo, tanto Ted Lasso como Luis de la Fuente transmiten una calma que descoloca.
No reaccionan impulsivamente. No alimentan el conflicto. No necesitan demostrar continuamente que tienen razón. Esa serenidad no elimina los problemas. Pero evita crear otros nuevos.
Quizá la verdadera fortaleza consista precisamente en eso: conservar la claridad cuando alrededor todo invita a perderla.
Ser mejor persona también es una forma de ganar
Existe una pregunta que atraviesa toda la serie Ted Lasso y buena parte del discurso de Luis de la Fuente.
No es "¿hemos ganado?" Es otra mucho más incómoda. "¿En qué nos hemos convertido mientras intentábamos ganar?".
Cualquiera puede alcanzar objetivos sacrificando principios. Lo verdaderamente difícil es crecer sin dejar de ser buena persona. Eso exige humildad cuando llegan los éxitos. Responsabilidad cuando aparecen los errores. Y generosidad cuando el mérito podría atribuirse únicamente a uno mismo.
Una filosofía para la vida
Si Ted Lasso y Luis de la Fuente escribieran juntos un manual para vivir, probablemente no hablaría de ganar siempre. Hablaría de creer antes que dudar. De escuchar antes que imponer. De construir equipos antes que egos. De mantener la calma cuando llegan las tormentas. De celebrar el esfuerzo tanto como el resultado.
Y, sobre todo, de recordar que el éxito no consiste únicamente en alcanzar metas, sino en la persona en la que te conviertes mientras las persigues. Porque al final, la vida se parece mucho a un vestuario. Nadie gana solo.
Todos necesitamos alguien que confíe en nosotros, alguien que nos recuerde nuestro potencial cuando lo olvidamos y un propósito que vaya más allá del marcador.
Quizá esa sea la mayor lección que comparten Ted Lasso y Luis de la Fuente: los títulos son efímeros, pero el impacto que dejamos en las personas puede durar toda la vida.
El partido más importante
Al final, todos entrenamos para algo. Unos lo hacen para levantar una copa. Otros para sacar adelante una familia. Otros para construir una empresa, educar a sus hijos, superar una enfermedad o simplemente vivir con dignidad.
Todos tenemos un vestuario. Todos necesitamos compañeros. Todos, en algún momento, necesitaremos que alguien nos recuerde quiénes somos cuando nosotros mismos lo hayamos olvidado.
Quizá por eso Ted Lasso emociona tanto y Luis de la Fuente conecta con tanta gente. No porque representen el éxito deportivo. Sino porque nos recuerdan que el sentido de la vida rara vez se encuentra en conquistar a los demás. Se encuentra en aprender a caminar con ellos.
Porque, al final, los trofeos acaban en una vitrina. Pero la forma en la que tratamos a las personas permanece mucho después de que el partido haya terminado.
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