Valladolid se moja de vino para dar la bienvenida a sus fiestas: así ha sido el desfile de peñas

Miles de jóvenes llenan desde primera hora de la tarde la Acera de Recoletos, convertida en una gran fiesta de disfraces, agua y vino

imagen
Valladolid se moja de vino para dar la bienvenida a sus fiestas: así ha sido el desfile de peñas
El autor esMiguel Ángel  Fernández
Miguel Ángel Fernández
Lectura estimada: 4 min.
Última actualización: 

Valladolid ya está de fiesta. La ciudad ha dado este viernes, 4 de septiembre, el pistoletazo de salida a la Feria y Fiestas en honor a la Virgen de San Lorenzo con su ya tradicional Desfile de Peñas. Miles de jóvenes se han concentrado desde primera hora de la tarde en la Acera de Recoletos para disfrutar de uno de los días más esperados del calendario festivo vallisoletano.

Mucho antes de que las peñas comenzaran a recorrer las calles del centro, la fiesta ya había tomado Recoletos. Poco a poco, el paseo se ha ido llenando de jóvenes ataviados con sus camisetas de peña y, sobre todo, de disfraces de todo tipo. Grupos de amigos llegados desde distintos puntos de la ciudad se han reunido para compartir una tarde que, para muchos, marca oficialmente el comienzo de diez días de celebración.

La música ha sido una de las grandes protagonistas de la espera. Varias sesiones de DJ han amenizado las horas previas al desfile, mientras la concentración de público crecía y el ambiente se iba calentando. La Acera de Recoletos se ha convertido así en una improvisada pista de baile en la que no faltaban las fotografías, los reencuentros y las primeras bromas entre cuadrillas. Y tampoco el agua.

Las pistolas y los globos de agua han acompañado buena parte de la tarde, en una especie de batalla improvisada entre amigos y peñistas en la que resultaba complicado permanecer seco durante demasiado tiempo. Un disparo desde la distancia, un globo lanzado por sorpresa o una carrera para evitar acabar empapado han convertido las calles en el escenario de una guerra de agua en la que, como suele ocurrir en las fiestas, nadie parece estar completamente a salvo.

Aunque si hay un líquido que ha marcado la jornada, ese ha sido el vino.

El buen tiempo ha permitido que la celebración se desarrollase con normalidad y que los vallisoletanos pudieran disfrutar de una tarde prácticamente veraniega. El sol y las altas temperaturas han hecho del agua un aliado para combatir el calor, mientras los vasos y las botellas de vino se han convertido en otro de los elementos inseparables de este primer día de fiestas.

Porque si algo caracteriza al Desfile de Peñas es precisamente esa mezcla de música, color y desorden festivo que durante unas horas transforma el centro de Valladolid.

Los disfraces han vuelto a ser una de las imágenes más llamativas de la jornada. Superhéroes, personajes de ficción, uniformes, animales, referencias de actualidad y todo tipo de ocurrencias han recorrido la ciudad formando parte de una competición no escrita por conseguir el atuendo más original. Algunos grupos han preparado sus disfraces durante semanas; otros parecen haber resuelto la cuestión con lo que tenían más a mano. En ambos casos, el objetivo es el mismo: salir a la calle y disfrutar.

A medida que avanzaba la tarde, la Acera de Recoletos se encontraba cada vez más abarrotada. Las camisetas de las distintas peñas se mezclaban entre el público y las charangas y la música ponían banda sonora a una concentración que ya hacía presagiar lo que estaba por llegar.

Después, las peñas han comenzado su recorrido por las principales calles del centro de la capital del Pisuerga. Las carrozas, la música y los grupos de amigos han llenado el itinerario del desfile, mientras cientos de personas se agolpaban en las aceras para contemplar el paso de los participantes.

La Plaza de Zorrilla, Miguel Íscar, Duque de la Victoria y Ferrari se han convertido durante el recorrido en un auténtico río humano que avanzaba hacia la Plaza Mayor. Por las calles no había demasiadas diferencias entre quienes participaban directamente en el desfile y quienes habían salido simplemente a disfrutar del ambiente. La fiesta terminaba alcanzando a todos.

Y entre medias, una constante: los disfraces, el agua y el vino.

El Desfile de Peñas se ha convertido con los años en mucho más que un simple pasacalles. Es uno de los grandes rituales que anuncian la llegada de las fiestas vallisoletanas. Es el momento en el que la ciudad cambia de ritmo, las calles se llenan y la rutina queda aparcada durante unos días.

También es una jornada de reencuentros. Muchos vallisoletanos aprovechan esta tarde para volver a encontrarse con amigos, compañeros de estudios o antiguos conocidos. Otros llegan a Valladolid desde fuera para no perderse una cita que se ha convertido en imprescindible para varias generaciones.

Cuando las primeras peñas han comenzado a desfilar, la imagen de la tarde ya estaba perfectamente definida. Miles de personas habían tomado el centro de Valladolid y la ciudad entera parecía haberse puesto de acuerdo para celebrar al mismo tiempo.

La jornada ha dejado, además, una de esas estampas que difícilmente se pueden explicar en un programa oficial: jóvenes disfrazados corriendo por las calles con pistolas de agua, globos que sobrevuelan las cabezas, vasos de vino en alto y música a todo volumen.

0 Comentarios

* Los comentarios sin iniciar sesión estarán a la espera de aprobación
Mobile App
X

Descarga la app de Grupo Tribuna

y estarás más cerca de toda nuestra actualidad.

Mobile App