La IA no es una tendencia

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La IA no es una tendencia
El autor esEmilio Rodríguez García
Emilio Rodríguez García
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Hay una comparación que me entusiasma e inquieta a partes iguales. La inversión prevista en centros de datos de IA en Estados Unidos empieza a acercarse, en proporción al PIB, a la que requirieron las autopistas interestatales, la red de ferrocarril o el programa Apolo. Proyectos de tal magnitud que no los recordamos como experimentos tecnológicos sino como la reconfiguración de una economía.

Y aun así seguimos hablando de la inteligencia artificial como si fuera algo que hay que "adoptar". Como si fuera una herramienta más que se evalúa, se prueba y se incorpora al flujo de trabajo cuando el equipo tiene tiempo. Creo que lo estamos encasillando en un marco equivocado.

Lo que está ocurriendo no se explica bien con el vocabulario de la transformación digital. Se explica mejor con el vocabulario de la infraestructura. La IA no es solo software: son chips, energía, redes, capital y talento moviéndose a una escala que no habíamos visto en décadas. Y justo cuando estamos en un momento en que oficios tradicionales como electricistas o albañiles, críticos para estos desarrollos, están en mínimos históricos. 

Y no hablemos de energía nuclear. Creo que ya somos de los pocos países que seguimos renunciando a ella, cuando la realidad es que las grandes tecnológicas están firmando contratos de energía nuclear porque los modelos actuales consumen más electricidad de la que muchas ciudades pueden generar. Eso no es hype, como le gusta decir a los jóvenes. Es ingeniería física a escala continental.

Lo que me preocupa es que Europa, y las empresas europeas en particular, están mirando esto con la misma distancia con la que se miraron otras transiciones. Esperando a que madure. Esperando evidencia suficiente para decidir tomar acción. El problema es que cuando la evidencia es suficiente, las posiciones ya están tomadas. La soberanía tecnológica no debería verse afectada por la burocracia comunitaria, dado que es la capacidad real de no depender de actores externos para tomar decisiones sobre nuestros negocios, economía y seguridad.

La pregunta que me hago, y que creo que deberían hacerse muchas empresas, no es si la IA es útil. Es si se la están tomando como una inversión estructural o como un experimento de bajo riesgo. La diferencia no es de presupuesto; es de convicción. Y los que ya la tienen están aprendiendo a una velocidad que los demás no van a poder recuperar fácilmente.

La IA permanecerá no porque sea popular, sino porque ya está demasiado integrada en las capas económicas, industriales y geopolíticas que se están construyendo ahora. Cuando algo llega a ese nivel, lo interesante es lo que haces mientras todavía tienes margen de maniobra.

 

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