¿Y ahora qué va a pasar? El junio que preocupa a miles de migrantes en España

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¿Y ahora qué va a pasar?  El junio que preocupa a miles de migrantes en España
Imagen cortesía de Atlas Legal Abogados de Extranjería https://atlas-legal.es/
El autor esGretell Leyva Salazar
Gretell Leyva Salazar
Lectura estimada: 5 min.
Última actualización: 

Un mes que cierra etapas para miles de migrantes y abre otras nuevas. Porque en migración, los finales casi siempre son el comienzo de otra historia.

 

Hace unos días entró en mi despacho una mujer venezolana con la misma carpeta azul que lleva trayendo desde hace años. La conozco desde que llegó a España. La vi presentar su solicitud de protección internacional, recibir la resolución, obtener su residencia por razones humanitarias, encontrar trabajo y construir una vida que ya no cabía en aquella carpeta.

Se sentó frente a mí, apoyó los documentos sobre la mesa y me hizo una pregunta que llevo escuchando con frecuencia en las últimas semanas:  -¿Y ahora qué va a pasar?

No preguntaba únicamente por una tarjeta de residencia. Preguntaba por su trabajo, por el alquiler que paga cada mes, por la vida que ha construido aquí y por el futuro de sus hijos. Preguntaba si después de tantos años todavía tendría que seguir demostrando que merece quedarse.

Junio de 2026 está lleno de preguntas parecidas.

Para miles de personas migrantes, este mes marca el final de una etapa que parecía estable y el comienzo de otra que todavía observan con incertidumbre. Sin embargo, quienes trabajamos cada día en extranjería sabemos algo que a menudo se pierde entre boletines oficiales, reglamentos y comunicados administrativos: detrás de cada cambio normativo hay personas reales intentando vivir, trabajar y construir una vida en paz.

Con independencia de si esa persona llegó huyendo de una crisis humanitaria, por una oferta de trabajo, para realizar un doctorado, reunirse con su familia o desarrollar un proyecto empresarial. Cuando las normas migratorias cambian, todos comparten algo parecido: la necesidad de entender cómo les afecta el cambio y qué viene después. Porque detrás de cada autorización hay mucho más que un permiso. Hay decisiones de vida, proyectos profesionales, familias y sueños construidos a ambos lados de una frontera.

El pasado 12 de junio entró en vigor el Pacto Europeo de Migración y Asilo. La noticia puede parecer irrelevante para quien nunca ha tenido que enfrentarse a un procedimiento migratorio, pero tiene consecuencias muy concretas para miles de familias. Entre ellas, la desaparición de las autorizaciones de residencia por razones humanitarias vinculadas a la protección internacional, una figura que durante años permitió a muchas personas, especialmente venezolanas, residir legalmente en España cuando no obtenían ni el estatuto de refugiado ni la protección subsidiaria.

Ahora esa etapa termina. Y los finales siempre producen vértigo.

Los migrantes conocen bien los finales. Saben lo que pesa una despedida y lo que cuesta llegar a un lugar donde nadie conoce tu nombre. Saben lo que es empezar de nuevo cuando todavía no ha terminado el duelo por lo que quedó atrás. Quizá por eso desarrollan una habilidad que no se enseña en ninguna escuela: reinventarse.

Hay personas que pueden vivir toda su existencia sobre la tierra sólida que les vio nacer. Las personas migrantes aprendemos a caminar sobre las rocas, los mares, las arenas movedizas, los clavos ardientes.

Por eso, aunque el fin de estas autorizaciones genera preocupación legítima, también abre una nueva etapa. El ordenamiento jurídico prevé mecanismos para que estas personas puedan modificar su situación hacia autorizaciones de residencia y trabajo, residencias de larga duración o incluso otras fórmulas que les permitan consolidar su proyecto de vida en España.

Junio guarda además otra fecha trascendente.

El 30 de junio finalizará el plazo para acogerse a la regularización extraordinaria. Detrás de esta medida hay miles de ciudadanos del mundo que forman parte de nuestra sociedad sin haber podido acceder plenamente a ella.

¿Quiénes son esas personas? Son hombres y mujeres que llevan años levantándose temprano para ir a trabajar mientras esperan una oportunidad para regularizar su situación. Son solicitantes de protección internacional que ya forman parte de empresas de los más diversos sectores en todo el país. Son estudiantes, trabajadores, emprendedores, artistas, familias enteras que por diferentes motivos se encuentran irregular en España.

No llegaron ayer. Muchos llevan años contribuyendo, pagando alquileres, estudiando, emprendiendo, trabajando y construyendo futuro. Lo único que les faltaba era que el Derecho alcanzara una realidad que llevaba tiempo existiendo.

Por eso la regularización no debería entenderse como un privilegio. Es el reconocimiento jurídico de una realidad social.

Una sociedad más fuerte no es aquella que ignora a quienes forman parte de ella, sino aquella que les permite hacerlo en igualdad de condiciones, con derechos, obligaciones y seguridad jurídica.

Cuando una persona regulariza su situación, gana ella y gana su familia. Pero también el conjunto de la sociedad. Se benefician el mercado laboral, la Seguridad Social, la economía y la convivencia. Porque la integración no se construye desde la incertidumbre permanente. Se construye desde la estabilidad jurídica.

Quizá por eso este junio sea, al mismo tiempo, un mes de despedidas y de esperanza. El final de las residencias humanitarias tal y como las hemos conocido. El final de una oportunidad extraordinaria de regularización. Pero también el comienzo de nuevas oportunidades, nuevos proyectos y nuevas formas de arraigarse definitivamente en España.

A lo largo de mi vida he conocido a cientos de personas migrantes. Como abogada las he acompañado en procedimientos administrativos. Como migrante he compartido sus miedos y alegrías. Y si hay algo que he aprendido es que las personas migrantes poseen una capacidad extraordinaria para volver a empezar cuando las circunstancias las obligan a hacerlo.

Los abogados y gestores que dedicamos nuestra vida al Derecho de Extranjería conocemos bien esa realidad. Nuestro trabajo no consiste únicamente en presentar solicitudes o interpretar normas. Consiste en acompañar personas en momentos decisivos de sus vidas, encontrar caminos cuando parece que no los hay y recordarles que ningún cambio normativo debería afrontarse en soledad.

Cada día vemos cómo una resolución favorable cambia la vida de una familia. Cómo una autorización de residencia da paso al acceso al empleo o a la creación de una empresa. Cómo una nacionalidad española permite que una persona deje de vivir pendiente de la caducidad de su tarjeta y se sienta parte del país que eligió para echar raíces.

Por eso, cuando alguien entra en el despacho y me pregunta «¿y ahora qué va a pasar?», no pienso solo en reglamentos, instrucciones y criterios administrativos. Pienso en el camino que mejor le conduzca a afianzar su proyecto de vida en España.

Junio llega con dos finales. El fin de las residencias humanitarias tal y como las hemos conocido y el cierre de una oportunidad extraordinaria de regularización. Pero también llega con miles de comienzos.

Y quizá esa sea la mejor definición de la migración: la historia de personas que han aprendido a convertir cada final en el primer capítulo de una nueva vida.

 

Imagen cortesía de Atlas Legal Abogados de Extranjería https://atlas-legal.es/

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