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Tiedra mantiene viva una de las tradiciones más singulares del Corpus en Castilla y León
La procesión, la bendición de los niños y la histórica subasta de las posturas convierten la festividad en un acontecimiento de gran valor cultural y etnográfico
Las calles de Tiedra volvieron a llenarse este jueves, 4 de junio, de emoción, devoción y tradición con la celebración del Corpus Christi, una festividad que el municipio vallisoletano conserva con un marcado carácter popular y religioso y que constituye uno de los ejemplos más singulares del patrimonio inmaterial de la provincia.
Vecinos y visitantes participaron en una jornada que hunde sus raíces en siglos de historia y que mantiene intactos algunos de los rituales más llamativos de la celebración. Uno de los momentos más emotivos tuvo lugar durante la procesión, cuando los niños fueron colocados sobre pequeñas colchas y sabanillas dispuestas en el suelo para recibir la bendición de los principales símbolos religiosos que recorren las calles de la localidad.
Encabezando el cortejo avanzaron los tradicionales pendones, la cruz parroquial, los ciriales y la imagen de Nuestra Señora de Tiedra Vieja. Tras ellos, el sacerdote portó el Santísimo Sacramento bajo palio, mientras danzantes y músicos acompañaban el recorrido entre muestras de respeto y recogimiento por parte de los asistentes.
La ceremonia, transmitida de generación en generación, sigue despertando un profundo sentimiento de pertenencia entre los vecinos, que consideran esta celebración una de las expresiones más representativas de la identidad local. El paso de la procesión sobre los niños simboliza la protección y bendición para los más pequeños, una costumbre que apenas se conserva en contadas localidades españolas.
La jornada continuó en la explanada de la ermita de Tiedra Vieja con otro de los actos más esperados: la tradicional subasta de las posturas. En este singular evento, los distintos elementos que participan en la procesión son adjudicados mediante pujas que se realizan simbólicamente en fanegas de trigo, evocando la estrecha relación histórica entre la vida religiosa y la actividad agrícola de la comarca.

Las ofertas fueron aumentando progresivamente entre la expectación del público hasta alcanzar cifras especialmente elevadas por algunos de los elementos más representativos del cortejo, como el estandarte principal. Los aplausos acompañaron cada nueva puja en un ambiente festivo que contó además con la participación activa de la alcaldesa de la localidad, animando el desarrollo de la subasta.
La combinación de fervor religioso, participación popular y costumbres heredadas convierte cada año la celebración del Corpus de Tiedra en un auténtico viaje al pasado. Un legado que el municipio preserva con especial cuidado y que sigue atrayendo la atención de quienes buscan conocer algunas de las tradiciones más genuinas y mejor conservadas del medio rural castellano.
Más allá de su dimensión religiosa, la fiesta constituye un valioso testimonio de la historia colectiva de la localidad y una muestra de cómo determinadas costumbres han logrado mantenerse vivas frente al paso del tiempo, reforzando el vínculo entre generaciones y manteniendo intacta la memoria de un pueblo orgulloso de sus raíces.
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