La ceremonia reconocerá la labor social de instituciones, empresas, entidades y personas comprometidas con la inclusión y la solidaridad
María Jesús Fournier, la vallisoletana que convirtió las cenas en la calle en una red de ayuda para personas vulnerables
La presidenta de la Asociación ASALVO, que será premiada este miércoles por la ONCE, reivindica el valor del voluntariado y alerta de una sociedad "cada vez más individualista"
La presidenta de la Asociación ASALVO (Asociación de Alumnos Voluntarios), María Jesús Fournier, recibirá este miércoles en el Teatro Calderón el Premio a la Persona Física que otorga la ONCE en su gala anual de galardones solidarios, un reconocimiento que, asegura, recibió "con asombro" y que considera "muy importante". En una entrevista concedida a TRIBUNA, Fournier recuerda cómo se enteró de la noticia. "Me llamó Araceli de Las Heras, directora del Consejo Territorial de la ONCE en Castilla y León. Meses antes me había invitado a la gala como representante de ASALVO y ya había confirmado mi asistencia, pero volvió a llamarme para decirme que había sido premiada. Conozco a otras personas galardonadas y no me creía que el jurado había pensado en mí, una profesora jubilada", explica.
La trayectoria vital de Fournier está marcada por la solidaridad desde la infancia. Nacida en una familia humilde en Valladolid, recuerda que creció "sin ducha ni calefacción" en una vivienda de la calle Correos, aunque nunca sintió que aquella fuera "una infancia desgraciada". "A los 14 años me puse a trabajar porque era lo que tocaba en aquella época. Yo quería ser profesora y lo conseguí", relata. Estudió Filología Hispánica y compaginó la enseñanza con el voluntariado, una experiencia que, asegura, transformó su vida: "Buscaba construir un mundo mejor y poner los conocimientos al servicio de los demás".
Durante los años 80 y 90 colaboró como voluntaria en el antiguo manicomio de Valladolid, una etapa que reconoce que le marcó profundamente. "Había mucho sufrimiento, mucha gente con hambre de compañía. Iba todos los domingos. Nunca he odiado a nadie y tuve la suerte, como profesora de literatura, de apoyarme en los textos para transmitir las cosas buenas que traía ayudar a los demás", profundiza. El origen de ASALVO surgió precisamente de esa inquietud social. Fournier recuerda que comenzaron repartiendo cenas en la calle, especialmente en la zona de Arco de Ladrillo, al detectar que el comedor social de la ciudad solo ofrecía comidas. "Íbamos unas ocho personas, incluidos alumnos de Segundo de Bachillerato, con bocadillos, caldo y café", explica. Con el tiempo, aquel grupo decidió constituirse formalmente como asociación: "Llevamos casi 15 años sin local propio porque no queremos asumir gastos de alquiler. Todo lo que entra en la asociación se destina íntegramente a las personas sin techo".

La presidenta de ASALVO subraya que la entidad funciona exclusivamente gracias al voluntariado y las donaciones. "No tenemos coche de la asociación, usamos los nuestros; tampoco oficinas ni grandes infraestructuras. Trabajamos con nuestros propios medios para poder dedicar todos los recursos a quienes lo necesitan", incide. Actualmente, la asociación reparte alrededor de 5.000 cenas al año y sale tres noches por semana -martes, jueves y domingo- para atender a las personas vulnerables. Además de comida y ropa, ASALVO financia tratamientos dentales, gafas o acompañamientos médicos, y desarrolla actividades de ocio para combatir la soledad no deseada.
"Tenemos unas 20 familias vulnerables y más de 100 personas que dependen de nosotros", señala Fournier, quien insiste en que una de las mayores necesidades es la compañía: "Hay personas ingresadas en hospitales que no tienen a nadie que vaya a verlas o pregunte por ellas". En este sentido, la galardonada lamenta que la sociedad actual sea "cada vez más individualista". "Ser solidario cada día cuesta más. Hay gente solidaria, claro, pero todavía nos queda mucho trabajo por hacer", concluye.
Por último, desde ASALVO hacen un llamamiento a incrementar el número de voluntarios y las aportaciones económicas para poder ampliar la ayuda a las personas más vulnerables de la ciudad, una labor ya premiada por la ONCE y que, en esta ocasión, ha querido personalizar en la figura de María Jesús, una vallisoletana que merece la pena conocer por la lección de vida que da cada día.
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