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La procesión de San Isidro vuelve a congregar a cientos de vecinos entorno a la Ermita
La lluvia respetó el desfile procesional para acompañar al patrón de los agricultores en una jornada marcada por la devoción, la música y la amenaza de lluvia
El barrio de San Isidro de Valladolid ha vuelto a vestirse de fiesta este 15 de mayo para rendir homenaje a su patrón, San Isidro Labrador, en una jornada cargada de emoción, tradición y fervor popular. La Ermita de San Isidro se convirtió, un año más, en el epicentro de una celebración que reunió a cientos de vecinos y autoridades locales.
La jornada comenzó con la tradicional misa celebrada a las 11:00 horas en la ermita. Debido a las reducidas dimensiones del templo, numerosos asistentes siguieron la ceremonia desde el exterior. Entre las autoridades presentes estuvieron el alcalde de Valladolid, Jesús Julio Carnero, así como otros representantes del equipo de gobierno: la concejala de Juventud, Carolina del Bosque; la concejala de Deportes, Mayte Martínez; concejal de Mercados, Víctor Martín; el responsable de área de Seguridad y Limpieza, Alberto Cuadrado, así como la de Cultura, Irene Carvajal. También han acudido la consejera de Agricultura, María González, y la delegada de la Junta de Castilla y León, Raquel Alonso.
El alcalde de Valladolid aprovechó para felicitar a todos los agricultores y ganaderos en una fecha "muy importante para nuestra agricultura y nuestra ganadería".

Durante la homilía, los mensajes se centraron en la esperanza y agradecimiento hacia los trabajadores del campo, destacando la importancia de su labor. La celebración religiosa estuvo acompañada por una coral que puso la nota solemne antes de dar paso a uno de los momentos más esperados del día: la procesión.
Como marca la tradición, los hombres de la Cofradía portaron a San Isidro, mientras que las mujeres llevaron sobre sus hombros a Santa María de la Cabeza. Antes de iniciar el recorrido, vecinos y devotos cumplieron con otro de los rituales más simbólicos de la fiesta: tocar las esquilas de los bueyes que acompañan al santo.

La procesión recorrió el entorno de la ermita entre palmas, vítores y música tradicional. Los dulzaineros animaron el ambiente interpretando jotas castellanas, provocando que muchos vecinos se animaran a bailar durante el trayecto. Todo ello bajo un cielo amenazante que obligó a acelerar ligeramente el recorrido ante la posibilidad de lluvia.
Pese a las nubes, la procesión pudo completarse sin que cayera una sola gota, en una jornada que muchos atribuyeron simbólicamente a la protección del propio santo. El ambiente festivo también se trasladó a los alrededores de la ermita, donde no faltaron los puestos de dulces tradicionales, pastas y garrapiñadas.
Tras la misa y la procesión, otra de las citas imprescindibles fue la apertura del Museo de la Labranza, situado junto a la ermita. Los visitantes pudieron recorrer esta pequeña joya etnográfica que conserva una importante colección de aperos y herramientas agrícolas, recordando el legado y la historia del trabajo en el campo que cada 15 de mayo honra Valladolid.

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