La última puerta a la libertad

El CIS de Santovenia (Valladolid) acoge a 76 internos en medio abierto para facilitar su integración social antes de finalizar la condena

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La última puerta a la libertad
Instalaciones del Centro de Inserción Social Máximo Casado, ubicado en Santovenia del Pisuerga (Valladolid). Fotos: Leticia Pérez
R. Travesí / ICAL
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'El talego es talego', dice Michele Vigilante en la novela 'La séptima lápida', del autor Igor de Amicis, después de haber pasado 20 años en una celda de una cárcel italiana. Un hombre de la Camorra que, tras cumplir su condena, obtiene la libertad y en el exterior le espera una tumba vacía con su nombre. Un libro en el que está enfrascado Adrián (nombre supuesto) en una sala que hace las veces de biblioteca en el Centro de Inserción Social (CIS) 'Máximo Casado Carrera', ubicado en Santovenia de Pisuerga (Valladolid) y dependiente del Centro Penitenciario de Villanubla. Una instalación que, a diferencia de una prisión, no tiene muros altos ni concertinas ni barrotes y donde se habla de habitaciones en lugar de celdas. Y es que se trata de un centro donde los internos están en medio abierto, un modelo penitenciario más orientado a la integración social, que supone la última puerta a la libertad.

Adrián es uno de los 76 internos presenciales en el CIS de Santovenia, donde lleva un mes, tras cumplir tres de los nueve meses de condena en la prisión de Topas, en Salamanca. Un salmantino de 49 años que, por lo tanto, tiene previsto una estancia en el centro hasta octubre. "Estar aquí es una oportunidad y tengo que aprovecharla antes de conseguir la libertad. Esto es el portal de la calle, ya que la palpas con cada salida", asegura a la Agencia Ical. Salidas fijadas por el personal del Centro de Inserción Social para que pueda acudir a la Asociación de Alcohólicos Rehabilitados de Valladolid (ARVA) a sus terapias para tratar su adicción al alcohol. Pero también sale para formarse en una entidad por que, en la actualidad, está en el paro.

Es un viejo conocido de este CIS porque hace unos años ya estuvo seis meses y habla con conocimiento de causa. "Cuando estás un tiempo en prisión, algunas personas necesitamos ayuda de este tipo de centros, con profesionales que te asesoran muchísimo para gestionar tus emociones, buscar un empleo y volver a la vida normal y más tranquila", apunta. En este sentido, Adrián reconoce estar "encantado de la vida" en el centro por que tiene a su disposición herramientas para lograr una reinserción social plena y evitar la reincidencia.

Castilla y León cuenta con seis centros de integración social (Burgos, León, Salamanca, Segovia, Valladolid y Zamora), que son lugares que promueven la integración progresiva de quienes cumplen condenas privativas de libertad y facilitan un abordaje de tratamiento adecuado para los que se encuentran en tercer grado. También, permiten la gestión de las penas y medidas alternativas al ingreso en prisión.

El 'Máximo Casado Carrera' -inaugurado en 2011 y cuyo nombre es un homenaje al funcionario leonés de Prisiones que fue asesinado por ETA en 2000- tiene registrados 102 internos en medio abierto (76 presenciales y 26, con medios telemáticos que no tienen la obligación de pernoctar en las instalaciones de Santovenia). En total, hay 522 penados dependientes del Centro Penitenciario de Valladolid, por lo que el 19,5 por ciento de ellos está en medio abierto, dos puntos y medio más que en en conjunto de España. Además, es un porcentaje que ha aumentado en los últimos años por que antes el CIS se movía entre un 12 y un 14 por ciento. "Era uno de mis objetivos y lo vamos consiguiendo por que la Junta de Tratamiento, de la que soy presidenta, es un poco más favorable a dar más oportunidades por que la condena se cumple dentro de la prisión pero también en el medio abierto", subraya a Ical la directora de la Prisión de Villanubla, Nuria San José. A su juicio, apostar por ello es una estrategia "eficaz" de política penitenciaria y de seguridad pública.

Eso sí, deja claro que en ese régimen también hay "exigencias" por que el interno tiene que cumplir con los objetivos marcados, además de ser responsable, donde se le otorga la "máxima confianza", que debe ser devuelta en forma de responsabilidad. Algunos, los menos, no aguantan el ritmo establecido y en varios días regresan al centro penitenciario. Además, al CIS no suelen llegar condenados por delitos "serios" o "graves" sino relacionados con robos, vinculados a una vida marginal, o relacionados con el consumo de sustancias tóxicas. "Los internos que llegan aquí lo valoran como un premio pero para nosotros es un beneficio, al igual que los permisos", precisa. En ningún caso, hay una reducción de condena y solo se sigue con el trabajo de la reinserción.

No en vano, el paso de los internos a un tercer grado en un centro de inserción social permite poner "a prueba" lo que se ha trabajado en el cárcel. "Si pasan directamente a la libertad, lo normal es que, al final, fallen, sobre todo la gente que tiene problemas de adicciones. De poco sirve trabajar mucho en la prisión si luego no se pone en práctica en el medio abierto", añade. San José destaca que es el CIS está para ayudar por que es el "último camino" a la reinserción, al suponer una preparación para la ansiada libertad. Algo que corroboró un estudio realizado por la Central Penitenciaria de Observación, tras el seguimiento a 20.000 internos del país entre los años 2009 y 2019, ya que el porcentaje de reincidencia era la mitad entre las personas que disfrutaron de libertad condicional (12,6 por ciento) frente a las que fueron excarceladas tras el cumplimiento total de la condena (24,8 por ciento).

Ingresos directos

También ha habido un incremento de los ingresos directos en el CIS que no pasan por Villanubla, con internos con condenas cortas, que son primarios o que cuentan con una estabilidad laboral y familiar, sin una adicción grave o con delitos relativamente antiguos. El año pasado, hubo once y en lo que va de 2026 se han registrado ocho.

Adrián reconoce que el CIS es un recurso "muy importante" a la hora de salir a la calle, gestionar las emociones y tratar de volver a una vida "normal" y "más tranquila". "Una vez que estás aquí, tienes que ser consciente que el permiso que te dan es para hacer tus cosas como gestiones, terapias o cursos. No para hacer otras cosas", sentencia. El interno es consciente de la "oportunidad" que le brinda el sistema y no piensa desaprovecharla. "Tengo mi habitación y comodidades como un gimnasio y una biblioteca, además de comida. No me falta techo y te lo dice alguien que ha vivido dos años en la calle", comenta.

El papel de los 37 trabajadores del CIS de Santovenia, incluidos los del Servicio de Gestión de Penas y Medidas Alternativas, es fundamental para lograr un éxito en la reinserción. De ellos, 19 son funcionarios de interior, que mantienen un contacto muy estrecho con los internos, al igual que el equipo técnico.

Uno de los funcionarios de interior, que lleva 15 años en el CIS desde su apertura en Santovenia, apunta que los internos valoran mucho que se les escuche cuando acuden al personal para contar sus problemas familiares y laborales. "Los presos son conscientes que este tipo de centros son muy diferentes a un centro penitenciario, donde están privados de libertad. Aquí, saben que hay muchas oportunidades antes de cumplir la condena y lo normal es que traten de aprovecharlas", declara.

Otro compañero que ahora finaliza sus prácticas en el centro de Valladolid asegura que, tras casi dos años en el puesto, ha comprobado que el trabajo que se lleva a cabo es "efectivo" y "eficaz" por que las personas logran la reinserción social, que es objetivo principal, gracias al acompañamiento y el seguimiento que prestan todos los equipos del CIS.

Adrián valora esa ayuda que recibe del personal del centro como psicólogos y trabajadores sociales, que le marcan las pautas para contar con un bienestar fuera, pero también del personal de vigilancia. "Las herramientas están aquí, solo hay que aprovecharlas para cambiar de vida. El primer día que salí del CIS, después de dos semanas, estuve bien al principio pero a las tres horas me agobié, por que temía que me iba a torcer y meter la pata, por lo que tenía ganas de volver a mi hogar (en referencia al centro)", explica. De ahí la importancia de trabajar muy bien los permisos penitenciarios y las salidas programadas de la prisión antes de dar el paso al medio abierto.

También ayuda la labor de las entidades sociales, instituciones y organismos que colaboran con el CIS y prestan servicios para ayudar a los internos para que adquieran rutinas saludables, gracias a un cambio en el estilo de vida. "Nosotros no llegamos a todo ni somos especialistas de todo ni disponemos de todos los recursos. La coordinación con el tercer sector y con los distintos recursos comunitarios es una pieza esencial de nuestro modelo de intervención", asegura. A día de hoy, existen 21 organizaciones colaboran con los internos en programas, muchas de ellas en materia de adicciones.

De esta manera, pueden adquirir hábitos laborales, familiares y sociales. Consciente de que el empleo es clave en la reinserción, la directora del Centro Penitenciario de Valladolid recuerda que el "trabajo dignifica", por que permite contar con un sustento económico, además de que ayudar a combatir la estigmatización que suele tener el colectivo.

Mayoría con empleo

En la actualidad, siete de cada diez personas internas en Santovenia cuentan con un trabajo mientras que un 13 por ciento está desempleado y otro tanto es pensionista. Los que no tienen un trabajo realizan cursos de formación o de cualificación profesional, ya sea en el propio CIS o en alguna asociación, sin olvidar las competencias transversales que reciben algunos.

El centro cuenta con la figura del verificador, encargado de comprobar si el interno cumple con las penas y las medidas alternativas en el exterior así como controlar a las personas en situación de libertad condicional.

Nuestro protagonista, Adrián, busca un trabajo que se adapte a sus "necesidades". Su vida laboral, desde los 16 años, siempre ha estado ligada al sector de la construcción pero ahora trata de encaminar su futuro hacia el mundo de la jardinería o la carpintería. "Necesito trabajos que sean compatibles con mis terapias y tener una día a día más tranquilo. El alcoholismo y la construcción están muy relacionados y no quiero tener tentaciones y volver a caer en el pozo. El alcohol me ha traído aquí, a la mala vida, y es algo que deseo solucionar", confiesa.

El subdirector del CIS 'Máximo Casado', Jesús Abdón, reconoce el salto que supone para un interno estar en el centro por que se ven obligados a "hacerlo todo en la calle" como ir al médico, acudir al ayuntamiento para la solicitud del empadronamiento, buscar un empleo, trabajar o hacer un seguimiento terapéutico. No en vano, señala que la gran diferencia con un centro penitenciario es que "todos los profesionales, ONGs, asociaciones y entidades, incluso los profesores, entran en la prisión para hacer toda la intervención con los internos". En cambio, el Centro de Inserción Social es al revés por que la comunidad sale al exterior en busca de los recursos. "Esto es simplemente un lugar de encuentro y para muchos, un lugar solo para dormir, además de tener un contacto estrecho con los profesionales, de cara a ayudarles en el proceso de reinserción", expone. 

Subraya que el objetivo de este tipo de instalaciones es normalizar su conducta, gracias a los apoyos y atender sus dificultades, hasta que estén en libertad condicional o incluso después.

Abdón valora que el espacio arquitectónico "amable" ayuda a la integración de los internos para lograr un mejor comportamiento y una mayor comunicación con los profesionales que van a tutelarlos y hacer un seguimiento. El CIS de Santovenia, dispone de 99 habitaciones dobles y dos más individuales que están adaptadas para personas con movilidad reducida, por lo que la capacidad máxima asciende a 200 internos, aunque nunca ha estado completo.

Jornadas de evaluación y mejora

Con motivo del 15 aniversario del centro, se han organizado las jornadas técnicas 'Medio abierto: Clave para la reinserción social' entre marzo y junio como un espacio de reflexión, evaluación y mejora de la labor desarrollada en estos años pero también para dar a conocer el trabajo del CIS. Más de una decena de mesas para abordar temas como la mujer y el medio abierto, el papel de la empresa para la reinserción, la coordinación institución entre el CIS y la Cárcel de Villanubla y Palencia, las prestaciones frente al desempleo, la intervención con las familias, la tramitación administrativa, los programas de intervención, el seguimiento terapéutico, la gestión de penas y la labor del Juzgado de Vigilancia Penitenciaria.

Nuria San José muestra su satisfacción por la buena acogida de las jornadas, que han despertado el interés de profesionales y alumnos relacionados con la materia. "Es importante que demos visibilidad al trabajo que se hace en el CIS y que la sociedad lo conozca por que los internos merecen una segunda oportunidad", precisa a Ical. También manifiesta que la iniciativa sirve como un espacio de formación para los propios profesionales y así "seguir mejorando y creciendo", además de avanzar en los mecanismos de coordinación con las diferentes instituciones, entidades y colaboradores.

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