Castillos que hablan (XVI): Cuando los Reyes Católicos pusieron a la Mota a la vanguardia defensiva europea

El imponente edificio construido en ladrillo mudéjar conserva una doble galería de tiro visitable y una majestuosa torre del homenaje de 40 metros de altura

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Castillos que hablan (XVI): Cuando los Reyes Católicos pusieron a la Mota a la vanguardia defensiva europea
El autor esJosé Ángel Gallego Vázquez
José Ángel Gallego Vázquez
Lectura estimada: 3 min.

Soy el castillo de la Mota.

Tomo el nombre de la elevación del terreno donde se situaba la ciudadela medieval de Medina del Campo, protegida por una muralla de cal y canto de la que aún se conserva algún resto. Antes que yo existió una fortaleza en época de Pedro I, en el siglo XIV, de la que poco se conoce.

Comenzaron a construirme en el reinado de Juan II, el padre de la reina Isabel la Católica. Mis muros se asientan sobre las viejas murallas medievales del siglo XII, aunque fue Enrique IV quien concluyó las obras en el recinto interior y dio forma a mi gran torre del homenaje. Los Reyes Católicos, entre 1477 y 1483, construyeron mi barrera defensiva, un gran cinturón protector que me rodea, con una moderna doble galería de tiro subterránea y un foso de más de diez metros de profundidad. El ladrillo mudéjar, que me confiere esta personalidad tan especial, también ayudaba a amortiguar los impactos de la artillería enemiga. Todo un alarde de arquitectura militar en la época que permitió convertirme en inexpugnable y situarme a la vanguardia europea.

Más de cinco siglos después sigo sorprendiendo a propios y extraños. Especialmente, cuando los muchos visitantes que cada año se acercan hasta mí, se adentran en un alucinante viaje al pasado recorriendo parte de las galerías subterráneas a través de mis entrañas. Con un avanzado sistema de iluminación y ventilación, para que los soldados pudieran permanecer durante el tiempo que durase la refriega.

El hermano del conquistador Fernando Pizarro permaneció encerrado en mi torre del homenaje veinte años

Bajo la puerta de acceso, hay una sala circular abovedada, usada durante la batalla como cárcel de sitio. Se trata de una mazmorra de diez metros de profundidad en forma de botella con solo una puerta de acceso donde se aprisionaban a los enemigos durante la contienda.

ENCIERROS DE JUANA I, BORGIA Y PIZARRO

Pero mi historia no solo se escribe con la tinta de conflictos, batallas y asedios. Mis piedras guardan un sinfín de acontecimientos y mitos que agrandan mi leyenda. Doña Juana I de Castilla, la que pasaría a la historia con el injusto sobrenombre de ‘la loca’, fue retenida por sus padres los Reyes Católicos para evitar su marcha a Flandes en busca de su amado Felipe el Hermoso. Intentó escapar de su jaula de oro, jamás lo consiguió y fue el preámbulo a su encierro definitivo durante 46 interminables años en Tordesillas.

Quien sí que burló el presidio fue César Borgia, el hijo del Papa Alejandro VI y declarado enemigo del rey Fernando, quien protagonizó una auténtica huida de película desde mi torre del homenaje donde permaneció encarcelado hasta 1506. El hermano del conquistador Fernando Pizarro, Hernando, también permaneció recluido forzosamente la friolera de veinte años.

ABANDONO Y RECONSTRUCCIÓN

Mi decadencia comenzó en el siglo XVII. Cerca de 300 años permanecí abandonado, olvidado y mi interior se derrumbó por completo. En 1904 me declararon como Monumento Nacional y comencé a resurgir de nuevo. En los años 40 del siglo XX reconstruyeron las dependencias interiores, y se convirtieron en la sede de la Sección Femenina. En los años 80 pasé a mi actual propietario, la Junta de Castilla y León, con un doble uso: turístico y formativo.

Si quieres pasearme, disfrutarme y descubrir muchos más secretos es fácil concertar una visita. Podrás subir también a lo alto de mi torre del homenaje donde las vistas de la villa de las ferias, a cuarenta metros de altura, son sencillamente espectaculares.

Además de estas visitas guiadas habituales, en algunas fechas se ofrece unos recorridos teatralizados con don Rodrigo de Lerma y doña Beatriz Almazara, dos personajes que tan bien me conocen, y que harán que este viaje hasta la Medina del siglo XVI sea inolvidable. Aquí os espero amigos.

Soy el Castillo de la Mota de Medina del Campo.

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