La historia de Ariana, la argentina con ceguera que un perro guía le cambió la vida

Relata en primera persona su día a día con Alaska, su compañera inseparable, y su adaptación a una nueva ciudad como Valladolid, donde pretende quedarse

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La historia de Ariana, la argentina con ceguera que un perro guía le cambió la vida
Ariana Arrejin, con su perro guía. Fotos y vídeo: Sergio Borja
El autor esAlejandro De Grado Viña
Alejandro De Grado Viña
Lectura estimada: 3 min.

En pleno Paseo de Zorrilla, entre el bullicio cotidiano de la ciudad, Ariana Arrejin (Buenos Aires, 1975) camina con paso firme. A su lado, un perro guía le marca el ritmo. Lo que para muchos es una escena más, para Ariana no lo es. Ella, con todas las dificultades a las que se enfrenta a diario, protagoniza una historia de superación, esfuerzo, adaptación y de cómo la llegada de la pequeña Alaska le cambió la vida.

"Mi ceguera es por un retinoblastoma bilateral (cáncer en las retinas). Me tuve que adaptar desde Primaria, Secundaria, a través del sistema braille, y con profesores de orientación y movilidad. Aprendí a usar el bastón, hasta que decidí, hace cuatro años, utilizar un perro guía. Fui a la Escuela de perros guías argentinos, y conocí a Alaska. Llevo con ella dos años y medio. La gestión la hice en Buenos Aires, y me traje a Alaska en avión a España. Se portó como una campeona durante las 13 horas de vuelo", explica Ariana, con una sonrisa, en una entrevista concedida a TRIBUNA.

Su historia comienza en Argentina, donde desarrolló buena parte de su vida tanto personal como profesional: "Estaba viviendo en Buenos Aires, tenía un trabajo, y vine a España porque mi pareja es español. Trabajaba de cornista en la Banda Sinfónica de Ceibas, donde estuve 16 años". De hecho, la música siempre ha estado presente en su vida: "Desde bien pequeña, me gustaba la música, era una oportunidad laboral para mí. Me gané una vacante. Es verdad que no es fácil encontrar un trabajo adaptable, pero lo conseguí".

A partir de ahí, y ya en Valladolid, ha construido una rutina que combina autonomía y actividad: "Me levanto a las 07.00 horas. Saco a Alaska para que haga pis, después desayuno, y llevo a cabo varias actividades... Por ejemplo, voy a una clase de inglés en la ONCE, luego como en casa, y estoy con la perra, porque necesita su atención... También tengo cosas que hacer por las tardes. Hago tiro con carabina, y senderismo. Salgo mucho a caminar".

Lejos de tener una vida limitada, Ariana nunca ha tirado la toalla. Ella ha encontrado en Valladolid varias formas de disfrutar y aprovechar su tiempo libre: "La televisión no me gusta, y no porque no la pueda ver, sino porque no la consumo todos los días. Prefiero escuchar música, audiolibros...".

El cambio de país también le ha supuesto un reto emocional: "La familia la tengo allí, en Argentina. En España, en Valladolid, vive la familia de mi pareja, que también es mía. Hablo mucho con mi madre, y echo de menos Argentina... Mi intención es ir allí algún día, pero no para quedarme". Mientras se lo piensa, afronta el futuro con optimismo: "También me gustaría trabajar, en ello estoy, y no necesariamente como cornista".

¿CÓMO SE HA ADAPTADO A VALLADOLID?

Adaptarse no ha sido fácil. Ariana asegura que es complicado caminar por Valladolid por las diferencias que tiene con su ciudad natal: "Allí las ciudades son bastantes más cuadriculadas. Aun así, el autobús lo utilizo mucho. De hecho, prefiero coger el bus. Depende el día y lo que haga". Independientemente del trayecto, ella reconoce que los vallisoletanos "son muy majos" y que está "muy a gusto en la ciudad""Mi intención es quedarme. Valladolid no es tan grande como Buenos Aires, pero tiene todo lo que una ciudad quiere", añade. En su día a día, además, cocina y sale a comprar cuando no tiene más remedio: "Prefiero hacer la compra online, me la llevan a casa. Es mucho más sencillo para mí, pero también bajo a comprar. Cualquier empleado del supermercado me echa una mano, me dice las marcas y los precios del producto que quiero, y a partir de ahí elijo".

En cualquier caso, es consciente de quién le cambió la vida. Alaska, su perro guía, la marcó un antes y un después. La permite tener una cierta soltura, esquivar obstáculos, estar segura a la hora de cruzar pasos de cebra y subir escaleras. "Es una compañía fundamental", incide Sin embargo, Ariana aprovecha para lanzar un mensaje claro a la ciudadanía: "Pediría a la gente que no distraiga a los perros guía, que no se acerquen, ni le den comida, es nuestros ojos y puede alterar nuestro camino".

De su mano, Ariana 'dibuja' en Valladolid una historia de confianza y cierta independencia, dando una lección de cómo rehacer su vida a 10.000 kilómetros de Buenos Aires, donde es un ejemplo que, desde hace años, traspasa fronteras.

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