PREGUNTA: ¿Cómo nace la idea de 'Los días que no existieron'?
RESPUESTA: Una vez una fuente puso en mis manos unos papeles sobre una red nazi oculta en España. Yo quise hacer un reportaje, pero esa fuente me pidió que no lo publicara, que no quería remover determinadas cosas. Entonces me puse a escribir una novela. Al principio era solo una historia sobre nazis refugiados en España, pero mientras escribía ocurrió algo decisivo.
PREGUNTA: ¿Qué cambió el rumbo de la novela?
R: Mi abuelo, con casi cien años, me contó algo que nunca había revelado a la familia: que había sido extorsionado por ETA. Fue una sensación muy potente, porque tuve que entender que aquel abuelo feliz que jugaba con sus nietos era también un hombre atemorizado que salía cada día de casa a una hora distinta. Ahí entendí que no podía escribir una novela ajena a eso y empecé de nuevo. Convertí a Julia en la nieta de un asesinado por ETA.
P: ¿Cómo se cruzan las dos líneas narrativas: el nazismo refugiado y el terrorismo de ETA?
R: No son dos historias conectadas entre sí, sino dos crímenes distintos que confluyen en la vida de Julia. Ella quiere encontrar un gran reportaje y acaba investigando a ese viejo nazi cuando aparecen unos documentos sobre una red escondida en España. Y, al mismo tiempo, carga desde niña con el dolor del asesinato de su abuelo. Cuando comprende que el crimen va a prescribir, decide afrontarlo.
P: ¿Hay algo de su mirada periodística en Julia?
R: No es un alter ego, porque tiene virtudes y defectos que yo no tengo, pero sí comparte mi mirada periodística. Necesitaba que fuera verosímil la velocidad narrativa y su capacidad de investigación. Dudé entre hacerla periodista o policía y elegí periodista porque conozco perfectamente cómo funciona un periódico, las relaciones dentro de una redacción o la manera de investigar.

P: ¿Qué quería explorar a través del personaje de Gustav Hafner?
R: Desde niño me ha fascinado la historia de los nazis que vivieron en España con total impunidad tras la Segunda Guerra Mundial. Cómo el paso del tiempo fue diluyendo sus responsabilidades y cómo se integraron con naturalidad en nuestra vida cotidiana. Me interesaba que Julia pudiera hacerle esas grandes preguntas sobre la banalización del mal de las que hablaba Hannah Arendt.
P: La novela está apoyada en una enorme investigación. ¿Qué testimonios lemarcaron más?
R: Yo tenía miedo de caer en clichés tanto sobre los nazis como sobre ETA. Por eso decidí investigar a fondo la condición humana. Hablé con terroristas de ETA, con decenas de víctimas, con un mercenario que asesinó terroristas, con la hija de uno de los pilotos que bombardeó Guernica, con supervivientes de la ocupación nazi, con soldados de la División Azul o incluso con el último ministro franquista vivo. Probablemente, el testimonio más impactante fue el de la hija de uno de los aviadores de Guernica.
P: ¿Cómo se afronta emocionalmente un trabajo tan intenso?
R: Con muchísimas ganas y pasión. No lo he vivido como una carga. Al contrario. Esa investigación ha ido poniendo argumento a mi vida. Puede sonar cínico, pero me lo he pasado en grande y he aprendido muchísimo sobre el ser humano.
P: ¿Es también una novela sobre silencios familiares e históricos?
R: Sí, completamente. Todos los personajes tienen una relación complicada con la memoria y con el pasado, tanto víctimas como verdugos. Además, todos están atravesados por cierto misterio. Muchas veces ese suspense nace precisamente de lo que callan.
P: Aunque se presenta como un thriller, el libro tiene una gran carga histórica y emocional, ¿quiso romper las barreras entre géneros literarios?
R: Utilizo la palabra thriller por la velocidad narrativa y por las cuestiones pendientes de resolver, pero nunca escribí pensando en un género concreto. Mientras escribía no me preocupaba etiquetar la novela.

P: ¿Qué le ha dado la ficción que no le da el periodismo?
R: Yo tengo la enorme suerte de trabajar con libertad absoluta en los medios donde participo. La novela no me ha permitido decir cosas que no pudiera contar en el periodismo. Lo que sí me ha permitido es rellenar los huecos que la realidad deja vacíos. Hay historias reales que nunca terminan de resolverse y la ficción te da la posibilidad de completarlas.
P: ¿Le preocupa reabrir debates sobre ETA o el pasado nazi?
R: La novela ya ha generado conversaciones sobre esos temas y me parece positivo. Además, los debates alrededor de los libros suelen ser mucho más civilizados que los debates parlamentarios sobre la memoria, donde todo acaba contaminado por la política. Pero la novela no tiene un objetivo político ni social: solo pretende atrapar al lector.
P: ¿Qué le están devolviendo los lectores?
R: Muchos me dicen que mientras leían se preguntaban qué habrían hecho ellos de haber nacido en la Alemania de los años 30 o en el País Vasco de los años 70. Eso significa que se han implicado emocionalmente en la historia y para mí es muy enriquecedor.
P: ¿Qué desea que quede en el lector después de cerrar el libro?
R: Me gustaría que el lector se llevara una gran experiencia de lectura. Esa sensación maravillosa que tenemos con las novelas que nos atrapan y hacen que no queramos que se acaben. Ese es el objetivo más simple y, al mismo tiempo, el más ambicioso que puede tener un novelista.
