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Concierto para lunáticos
Palabras contra el olvido 715
Como los astronautas del Artemis 2 que se emocionaron viendo en persona los colores verdes y marrones, más allá del gris que vemos desde la tierra, los asistentes al Recital 9 de la Sala de Cámara del CCMS se conmovieron con el pianista Kirill Gerstein y el Ensemble de la OSCyL.
Empezó Mozart con su Quinteto para piano y vientos en mi bemol mayor, K, 452 y el público asistente pudo comprobar en directo que entre Kirill Gerstein y el Ensemble de la OSCyL todo funcionaba a las mil maravillas. Cuanto se agradece que los músicos cuando tocan a Mozart aquello verdaderamente suene a Mozart y no a Beethoven.
La música de Mozart sirve para expresar lamento y alegría a partes iguales. Siempre tienes la impresión de que te asoma a un precipicio, al vientre de la ballena donde todo lo que sucede es asombroso y respira verdad por los cuatro costados.
Se nota que hay una química especial entre el pianista Kirill Gerstein y el Ensemble de la OSCyL. No me extraña, cuando ves a aparecer en escena a José Manuel Urbán y a José Miguel Asensi y compañía aquello sabes a ciencia cierta que lleva el marchamo de la seriedad y la verdad a partes iguales. Tienen la misma autoridad que el martillo de un reloj público a la dar las campanadas.
Mucho me gustó Mozart, pero también me gustó mucho György Ligeti y su Trio para violín, trompa y piano, 'Homenaje a Brahms'. Esta música arrebata al más pintado. Emociona y arrebata. Es difícil escribirlo hay que verlo, escucharlo y sentirlo. Tiene todo y los músicos ponen todo. Ponen inspiración, armonía, sensibilidad, personalidad y sentimiento, mucho sentimiento.
Y claro cuando todo esto sucede, el personal se frota las manos y disfruta especialmente y siento algo parecido a eso que llaman felicidad. ¡La felicidad, me la dio tu amor...!
El público al finalizar el concierto guardó un reverencial silencio cuando los músicos tocaron la última nota, esa es la mejor rúbrica el silencio imprescindible a un concierto notabilísimo, con hondura, que alcanzó cotas de calidad que el público supo apreciar y degustar.
Los astronautas del Artemis desaparecieron 43 minutos en el espacio profundo y dejaron de ver nuestro planeta. El público de la Sala de Cámara, sin tener que enfundarse el traje de astronauta despareció del mundo durante más de 80 minutos y no sale en la TV. Y no hubo propinas ni gaitas. El descollante musical que habíamos presenciado no necesitaba más. Luego a la salida del CCMD hacía una noche de perros pero que nos 'quitaran lo bailao' habíamos disfrutado de un concierto de los que no se olvidan ni llegando a casa empapado hasta los tuétanos.
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