Miss Julys: memoria viva de la noche, la libertad y la lucha trans en Valladolid

Julia Navas García repasa su vida entre escenarios, represión y espectáculo con motivo del Día de la Visibilidad Trans: "Nosotras abrimos camino cuando todo era mucho más difícil"

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Miss Julys: memoria viva de la noche, la libertad y la lucha trans en Valladolid
Julia Navas García, conocida artísticamente como Miss Julys.
El autor esMiguel Ángel  Fernández
Miguel Ángel Fernández
Lectura estimada: 7 min.
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Cada 31 de marzo se celebra el Día de la Visibilidad Trans, una fecha para reivindicar derechos, pero también para mirar atrás y reconocer a quienes allanaron el terreno en tiempos mucho más hostiles. En Valladolid, uno de esos nombres propios es el de Julia Navas García, conocida artísticamente como Miss Julys. Su historia atraviesa el franquismo, la explosión de la noche en los años 70 y 80, y una vida dedicada al espectáculo, la provocación y la libertad. Hoy, desde la calma de su día a día, recuerda sin filtros lo que fue vivir, actuar y resistir cuando aún no existían palabras para nombrarse.

"En 2026 sigue siendo oportuno echar la vista atrás", dice Miss Julys, y lo dice con la autoridad de quien estuvo allí cuando todo era mucho más complicado. Antes de que el término transexual se popularizara y de que la transición de género fuera una realidad reconocida, "los travestís pusieron esa semilla". Fueron, en sus palabras, quienes empezaron a abrir un camino en pleno franquismo, cuando simplemente ser diferente podía costarte la libertad.

Ella cantaba "si vas a Valladolid, pregunta por la Miss Julys...". Una versión vallisoletana y original de la copla que popularizó en 1957 Margarita Sánchez y que, muchas veces, formaba parte de su repertorio en las tantísimas performance que hizo por Valladolid, su provincia y tantas otras localidades del mapa de España.

Para muchos vallisoletanos, su nombre sigue evocando noches de espectáculo, provocación y libertad. Para quienes le han perdido la pista, hoy asegura estar "feliz", aunque reconoce que su vida poco tiene que ver con aquella intensidad: "Mantengo la misma esencia canalla y transgresora, pero me he adaptado. Me he hecho un poco vaga y muy cómoda, ¿para qué nos vamos a engañar?".

Vive "desde hace un porrón de años" en La Rondilla, barrio al que rebautiza con humor como 'La Perla de la One', junto a su perro Rocky, un pinscher de once años que define como "la mejor compañía" para una mujer que insiste en que "nunca se siente sola".

Su historia comienza en Medina del Campo, donde nació, "era amiga de Isabel la Católica y de Juana la Loca", bromea, antes de marcharse a los 18 años a Cataluña. Allí empezó una vida independiente, en una pensión "con muchos amigos", hasta que un conocido, apodado 'La Barbara' por su parecido con Barbra Streisand, le consiguió trabajo como ayudante de cocina en el restaurante La Font del Gat, en Montjuïc. "Era un restaurante de la ostia, donde hacía de ayudante de cocina. Fue una etapa breve hasta que conocí el mundo de la noche", recuerda.

Ese descubrimiento marcaría su vida. En Barcelona dio sus primeros pasos artísticos en la cervecería Gambrinus, en plena zona canalla, rodeada de prostíbulos y locales nocturnos. Compartió escenario con pioneros como Bibi Andersen, Paco España o Luis Luján: "Aprendí mucho de aquellos años. Empecé de 'boy' y compartí escenario con los mejores de la época".

También conoció a figuras como Madame Arthur, considerado uno de los primeros hombres en travestirse en España durante el franquismo. "Era quien llevaba el show. No había tocadiscos, todo era música en directo. Era digno de ver", rememora.

Aquellos años también estuvieron marcados por los riesgos. Recuerda cómo algunas compañeras viajaban a Casablanca para operarse con el ginecólogo francés Georges Burou, pionero en cirugía de reasignación de sexo. "Era el único lugar donde se hacía, pero era un matadero. Muchas se quedaban en la mesa de operaciones". Habla con emoción de Jasmine, una amiga suya: "Era una preciosidad. Yo la veía y me moría de envidia".

Su salto definitivo al espectáculo llegó en Canarias, donde empezó a actuar al estilo drag en locales como el Dominique o el Tabasco, "que estaban plagados de alemanes"en Puerto de la Cruz. "Me cuadró más ese mundo que estar de camarera con una bandeja, que hay que valer para llevarla", dice con ironía.

De vuelta en Valladolid, se convirtió en una figura clave de la noche local. Actuaba en el mítico café 1900, en la calle Alarcón, uno de los pocos espacios de ambiente gay de la ciudad en aquella época. Con el tiempo, el local acabó siendo suyo. "Gasté mucha pasta", reconoce, aunque prefiere quedarse con lo positivo: "Me han pasado muchas cosas malas, pero siempre me acuerdo de lo bueno".

La medinense presume de haber tenido "a los pinchas más potentes de España" en su local y "tenía el mejor equipo de música de la ciudad".

Su actividad, que define como "un circo", la llevó por media España -Galicia, País Vasco, Asturias, su "segunda patria"- y también a traer a Valladolid a artistas reconocidos. Recuerda especialmente a Rosarillo, la actriz que parodió a Madonna en televisión en un especial de Nochevieja con Martes y Trece: "Te partías el culo con ella".

El personaje de Miss Julys nació entre 1979 y 1980, junto a su amigo Dinos, en una actuación en el 400 de la calle Perú, "en frente de donde de las croquetas". Desde entonces, su nombre quedó ligado a la noche vallisoletana, a espectáculos como 'Show Miss Julys. Amor, humor y fantasías', donde improvisaba letras y se movía con soltura sobre el escenario: "Siempre he tenido mucho morro".

Su aportación a la visibilidad del colectivo LGTBIQ+ en la ciudad sigue viva en la memoria de muchos. "Hay gente que me dice que me daba por muerta, pero lo que más siento es el cariño de quienes venían a verme", cuenta. Considera que puso "su granito de arena" en una lucha que "todavía sigue en marcha".

Una lucha que no siempre fue simbólica. Recuerda su detención en Madrid durante el franquismo, junto a un amigo suyo "que llevaba el pelo a tope de laca, como el que lleva el periodista ese de la tele: Marc Giró": "Nos pararon cuando íbamos a coger el autobús. Pasamos horas en los calabozos de la Puerta del Sol. Fue escabroso, lo recuerdo con terror". Entonces estaba en vigor la Ley de Vagos y Maleantes. "Menos mal que no quisieron aplicárnosla".

Hoy observa el contexto político con preocupación: "Mañana viene Juanita Banana y dice que todos para atrás y rescata las leyes de Franco". Cree que hay cierta falta de conciencia social: "Me da pena por la gente que viene detrás". Critica que la juventud "no mueva la cabeza", viendo cómo actúan los políticos porque aunque a ella ya le de igual todo, siente "pena por los niños que vendrán".

También mira con ojo crítico a las nuevas generaciones: "Van monísimas, con sus mini shorts y el brilliti, pero no tiene nada que ver con lo nuestro. Nosotras llevábamos vestidazos y queríamos parecernos a estrellas de Hollywood, de Brigitte Bardot a Ava Gardner". Y añade: "No veo mucha lucha. Nosotras peleamos mucho y ahora parece que preocupa más la pestaña postiza".

Recuerda lugares como el Bar Lotuss, al que iba "todo el pijerío" de Valladolid a ligar, donde trabajó rodeada de un ambiente que describe sin rodeos: "Había un puterío que no te quiero ni contar, pero yo hacía como que no veía nada". Y reflexiona sobre la hipocresía social de entonces: "Todo el mundo salía a ligar, incluso los más fachas, pero luego las putas éramos siempre las mismas". Y dice que ahora, seguramente, "hayan puesto una hamburguesería" en ese local.

Participó también en los inicios de CINHOMO, la muestra de cine LGTBIQ+ de Castilla y León, que este 2026 cumple un cuarto de siglo:"Me acuerdo de cuando empezaba, en los cines Casa Blanca. Salía sin tener ni idea de qué película era la premiada, pero improvisaba. Siempre se me ha dado bien salir del paso".

La noche vallisoletana, dice, ya no es lo que era. "Antes había cinco bares de ambiente en los 80. Venían de León y Burgos como locos. Ahora no hay tan buen rollo. La gente quiere respeto pero no sabe estar". Y, cuenta, que se le cae "el alma a los pies" cada vez que ve cerrado un local en el que ella ha actuado: "El otro día me encontré con unos trastero donde había habido una sala de fiestas. Qué pena".

Aun así, guarda recuerdos imborrables, como sus viajes a Ibiza para actuar en discotecas multitudinarias: "Hasta 20.000 personas. Imagínate qué noches". Se ríe recordando anécdotas de sus cierres, en con un amigo vallisoletano que se fue a trabajar allí "y se convirtió en el jefe de ese mundillo".

Hoy su vida transcurre en otra calma. Pasea por el centro con su amiga 'la Carla', a ver las novedades de Zara, o al cine -"he visto la última de Almodóvar"- y disfruta de pequeños placeres como un helado "cojonudo" que ponen en una heladería de la calle Santiago. "Al lado de Simago, aunque ya no exista", comenta entre risas, refiriéndose al Carrefour Exprés.

Reconoce que tiene "mucho menos dinero que antes", pero también otra cosa: tiempo. "Antes no paraba de trabajar. Ahora tengo todo el tiempo del mundo". Y eso le basta: "Hago una vida muy sencilla. De vez en cuando voy a La Lupe, veo a amigos, me dan abrazos... y soy feliz".

Miss Julys ya no sube a los escenarios, pero su historia sigue siendo una de esas que explican, sin necesidad de grandes discursos, por qué el 31 de marzo sigue siendo una fecha necesaria. Porque hubo un tiempo en el que ser visible era, simplemente, sobrevivir.

4 Comentarios

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usuario anonimo hace 4 minutos
Menudos recuerdos en el 1900...
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usuario anonimo hace 6 minutos
Olé por ella
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usuario anonimo hace 17 minutos
enhorabuena por el reportaje
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usuario anonimo hace 17 minutos
Recuerdo ver a esta artista actuar... era fantastica!
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