Joan Barbero: "Vengo del guion, así que cuando empiezo a escribir necesito saber lo que va a pasar"

El guionista, que ha participado en series como 'Vivir sin permiso' o 'El príncipe', lanzó su primera novela 'El monasterio de la rosa negra' el pasado mes de enero

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Joan Barbero: "Vengo del guion, así que cuando empiezo a escribir necesito saber lo que va a pasar"
El escritor Joan Barbero. Foto: Agencia literaria Hanska.
El autor esVerónica Marrodán
Verónica Marrodán
Lectura estimada: 6 min.

El escritor y guionista Joan Barbero publicó su primera novela 'El monasterio de la rosa negra' después de estar 30 años trabajando para televisión y cine. El autor ha participado en numerosas series españolas reconocidas como 'Vivir sin permiso', 'El príncipe', o 'El Salvador', esta última protagonizada por Luis Tosar y que ha sido un gran éxito en Netflix.

Barbero decidió embarcarse en el proyecto personal de escribir su primera obra hace 13 años, aunque tras ochos años de pausa, no fue hasta enero de este año que la publicó finalmente. Para el proceso de escritura realizó una documentación exhaustiva, para la que viajo a Burgos, lugar en el que se ambienta la novela, y adentrarse así en la historia del Monasterio Santa María la Real en el siglo XIII. La novela explora el poder femenino que se escondía bajo los muros de los monasterios de la época y el conocimento y la astucia como armas peligrosas, entre otros temas.

El objetivo del autor a largo plazo es combinar los dos formatos, tanto su faceta de guionista como de escritor para seguir explorando esta forma de esctritura que ha descubierto. En una entrevista a TRIBUNA comenta y reflexiona cómo ha sido el largo viaje de su primera novela.

PREGUNTA: Para quienes no le conozcan, ¿quién es Joan Barbero?

RESPUESTA: Soy guionista. Empecé haciendo teatro, luego pasé al cine y he desarrollado casi toda mi carrera en televisión. Después de unos 30 años escribiendo series, sentí la necesidad de embarcarme en un proyecto más personal, y eso me llevó a la novela, que es donde estoy ahora.

P: Lleva más de treinta años escribiendo para cine y televisión. ¿Qué le impulsó a dar el salto a la novela?

R: La necesidad de contar una historia más cercana a mí, donde pudiera expresarme con mayor libertad como autor. Un guion no deja de ser como los planos de una casa, lo tienes que entregar a un equipo que lo va a desarrollar en el que intervienen director, productores, actores… Hay muchos condicionantes y no tienes la última palabra. En la novela, el contacto con el lector es más directo. Me permitía tomarme más libertades que en el mundo del guion: trabajar personajes más complejos, con contradicciones, defectos y ambigüedades, algo que durante mucho tiempo fue más difícil en la televisión generalista. Luego ya he ido a plataformas y he podido hacer unos personajes más ricos. Pero los orígenes de la novela son estos. Esa necesidad casi autoral.

P: ¿Cómo ha sido el proceso de escritura: desde la documentación, pasando por la construcción de los personajes y la trama hasta su publicación?

R: Empecé con una serie de televisión hace 13 años, luego lo fui transformando y hubo una etapa de estancamiento. , lo fui transformando. Me documenté muchísimo. Soy bastante obsesivo de la documentación.

Vengo del guion, así que cuando empiezo a escribir necesito saber lo que va a pasar y necesito tener muy claros los personajes sobre todo. Conozco el recorrido de principio a fin, aunque luego surjan cambios. Hubo una fase de documentación muy intensa: viajes a Burgos y Salerno en Italia, lecturas, tesis, artículos… Todo para tener el siglo XIII interiorizado antes de escribir.

El manuscrito inicial era muy extenso, me salió una criatura regordeta y hubo que recortarlo. Al principio me resistí y me costó aceptar que había que hacerlo, pero entendí que, si quería publicarlo, debía adaptarlo. Eliminé unas 200 páginas, añadí otras nuevas e incorporé una trama adicional. Después, el proceso editorial fue bastante ágil.

P: La novela se sitúa en un contexto histórico muy concreto, el Burgos del siglo XIII en el que las mujeres no contaban, sin embargo, encontraban una especie de refugio en el monasterio. ¿Qué fue lo que le atrajo de esa idea y de ese periodo y lugar en particular?

R: Leí un artículo que hablaba de cómo las mujeres en el siglo XIII encontraban la libertad encerrándose en un monasterio. Una idea paradójica que me hizo seguir indagando. Investigando, descubrí el caso de las abadesas del monasterio de Las Huelgas Reales, que tenían un poder extraordinario dentro de la Iglesia, donde podían administrar justicia, dirigir comunidades y solo respondían ante el papa.

Además, el contexto histórico ofrecía elementos muy ricos. Existe la leyenda de que que en la corte de Alfonso VIII y Leonor Plantagenet, él tenía una amante judía que mantuvo durante 7 años a la vista de toda la corte. Con lo cual su mujer, aunque era muy jovencita cuando llegó, estuvo 7 años tolerando aquello. Entonces me imaginaba un matrimonio que había de convivir con esa herida. A efectos narrativos, me parecía súper interesante. También la presencia de un hospital que me permitió explorar la medicina medieval. Eso me llevó hasta Salerno, en Italia, donde existía una de las escuelas médicas más avanzadas de la época, en la que incluso las mujeres podían ejercer y enseñar.

Quería contar la historia de una mujer con ambición profesional en el siglo XIII y, en ese contexto, las opciones eran muy limitadas, básicamente la corte o la Iglesia. Mi protagonista entiende el monasterio como una estructura que debe gestionar, casi como una empresa, buscando prestigio, atrayendo peregrinos y generando influencia.

P: Además del poder femenino, se percibe un conflicto constante entre ciencia y fe. ¿Cree que ese choque sigue siendo relevante hoy en día?

R: Sí, aunque ahora adopta otras formas. Hoy vemos corrientes que desconfían de la ciencia y prefieren teorías conspirativas, como pasó, por ejemplo, con las vacunas del COVID. Es más fácil cuestionar el conocimiento que entenderlo. Lo preocupante es que esas ideas tienen altavoces potentes.

P: En la novela, muchos personajes tienen matices, no todo es blanco o negro. ¿Le resulta más interesante escribir personajes con claroscuros y complejos que héroes o villanos?

R: Mucho más. Los personajes que son tanto solo de una forma como de otra me resultan poco creíbles y me aburren. Todos tenemos contradicciones, a veces podemos ser generosos, a veces mezquinos, podemos acertar o equivocarnos. Esa complejidad es la que me interesa explorar, ni el mayor héroe pasaría la prueba del microscopio.

P: Como guionista de cine y televisión con un largo bagaje, ¿diría que ese trabajo ha influido en el ritmo o la estructura de la novela?

R: Por supuesto. Es una novela muy visual, con diálogos importantes y capítulos cortos, lo que le da un ritmo bastante cinematográfico. La gran diferencia es que en el guion solo cuentas lo que se ve, mientras que en la novela puedes desarrollar pensamientos, sensaciones y atmósferas. Te metes en la mente de los personajes, casi les haces como terapia (ríe). Eres tú mismo el que tiene que describir todo eso, en el guion es mucho más limitado.

P: Si 'El monasterio de la rosa negra' se adaptara a pantalla, ¿le gustaría participar en la adaptación audiovisual?

R: Por supuesto. Es algo que he imaginado, he soñado y que me encantaría.

P: Ha dicho que los libros le hacían "volar" desde pequeño. ¿Recuerda alguna obra o autor que haya influido en su forma de escribir la novela?

R: Tengo un recuerdo primigenio de enamorarme de la lectura con 'Primera memoria', de Ana María Matute. Fue una de las primeras lecturas que me marcaron con su forma de escribir y la emoción que transmite, es algo a lo que aspiro.

P: Después de tantos años escribiendo historias para otros formatos, ¿qué ha descubierto sobre su propia voz como novelista?

R: Que me gusta mucho escribir novela. Otra es que he llegado a lectores que no seguían mi trabajo en televisión, incluidos familiares y amigos, y eso me ha dado una gran satisfacción personal. También he descubierto el valor del contacto directo con el lector. He trabajado en series que han visto millones de personas, pero no he tenido feedback. En cambio, con esta novela, que es algo mucho más pequeño, hemos vendido 5.000 ejemplares, no está mal para un autor novel, según dice la editorial. Estoy contento. Pues estoy teniendo más contacto con el lector final de la novela y son momentos muy bonitos, muy bonitos, la verdad.

P: ¿Tiene pensado seguir explorando esta faceta como novelista? En todo caso, ¿le gustaría seguir explorando la ficción histórica o le atraen otros géneros para futuros proyectos?

R: Bueno, yo creo que lo voy a combinar los dos. Vivir de un libro es complicado. Si eres escritor de best-seller, sí, pero bueno, eso no llega a mí. Entonces tengo que seguir pagando facturas. Además, hay condicionantes de la industria del libro que te llevan a hacer que tengas que crear tu propia marca. Una vez que un lector ya te conoce en las primeras novelas, no puedes tampoco dedicarte a hacer algo que sea muy alejado. Hay gente que lo consigue, pero en general lo que todo el mundo te recomienda, yo aquí soy novato y tengo que escuchar la opinión de los expertos, es no salirte demasiado del tiesto. De manera que estoy más enfocado a seguir en novela histórica.

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