La emoción del flamenco

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La emoción del flamenco
El autor esÁgreda L.M.
Ágreda L.M.
Lectura estimada: 2 min.

La Sala Concha Velasco del LAVA abrió un año más la puerta al flamenco y van 22 ediciones. Kiko Valle, Antonio Reyes, Ismael de la Rosa 'El bola', Perrate, Rocío Luna, María Terremoto y Antonio Moreno, 'Polito', sin olvidar al gran guitarrista Nono Jero y Paco de Amparo, Luis Amador, Chanito, Manuel de La Nina y Lolo y a los palmeros Manuel Cantarote y Juan Diego Valencia  que  se han tenido que  ajustar el cinturón, pues me consta que el presupuesto ha sido justo, por no decir escaso, han hecho de Valladolid 'su casa' y gracias a su esfuerzo, se han cruzado media España, y su amor al arte los aficionados hemos podido disfrutar de lo que nos gusta.

Hay algo profundamente en el flamenco que es de admirar:  encontrar siempre motivos para celebrar. Vienen los flamencos al LAVA y aunque les paguen 'cuatro duros' ponen su mejor cara y su mejor intención para que aquello arda, para que aquello funcione. Y lo hace el flamenco con todas sus penas y todas sus alegrías, sin ocultar sus heridas y sin renunciar a sus virtudes.

Un flamenco de voz, guitarras y palmas. Ahora que se editan más de dos millones de canciones con IA al mes, este flamenco en directo hay que disfrutarlo.  Una sociedad no se mide únicamente por la música de masas, también se mide por la cercanía, por la verdad y por los pulmones. Quizás, por eso, cuando comienza a sonar la guitarra de Nono Jero y la voz de Antonio Reyes, llega a los corazones del respetable, allí, ya no existe ninguna lógica, allí lo que se convoca son las lealtades, sufrimiento, alegría y memoria.

Aquí las alharacas sobran. El flamenco es un arte de contrastes que se resuelven cuando el 'ay' lleva el marchamo de la verdad y atraviesa los corazones del público desafiándolos para que se atrevan a sentir, para que sea atrevan a abrir sus corazones. El flamenco es un arte que contiene muchas realidades distintas y consigue, aun así, poner a todo el público de acuerdo muchas veces.  

Su grandeza se encuentra en el respeto a la tradición. No hay nada más moderno que la tradición, aunque algunos se rasguen las vestiduras. El flamenco ha vuelto ocupar un lugar central en la música de Valladolid. Y lo ha hecho sin excentricidades, ni famosos, ni casitas y con un presupuesto que no da ni para comprarse una entrada para ver a Bud Bunny.

Todos y cada uno de los que han pasado por las 22 Jornadas Flamencas Ciudad de Valladolid han dejado una impresión muy profunda en los aficionados que se han pasado por el LAVA.  

En el flamenco siempre sucede un raro milagro: esta gente es capaz de ascender el Everest sin oxígeno y eso es lo que le da grandeza. Por suerte, el flamenco permite otras clases de compensaciones que todos los aficionados al flamenco lo saben.

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