Raúl Rodríguez, cabo del parque de Bomberos de Tordesillas, relata a TRIBUNA el rescate de tres personas, una de ellas fallecida, en el lugar de los hechos
Así fue la intervención de los Bomberos tras el derrumbe de un edificio en Siete Iglesias de Trabancos
Raúl Rodríguez, cabo del parque de Bomberos de Tordesillas, relata a TRIBUNA el rescate de tres personas, una de ellas fallecida, en el lugar de los hechos
El derrumbe de un edificio de tres plantas en la Plaza Mayor de Siete Iglesias de Trabancos, junto a la Casa Consistorial, dejó un balance trágico: tres personas rescatadas de entre los escombros, una de ellas fallecida y otra ingresada en la UCI. Raúl Rodríguez, cabo del parque de Bomberos de Tordesillas, fue uno de los primeros en llegar al lugar de los hechos y ha relatado a TRIBUNA, cómo se desarrolló, paso a paso, una intervención "muy compleja" que permitió salvar, al menos, dos vidas.
"Estamos a un cuarto de hora de la zona. A las 19.00 horas recibimos la llamada del 085 notificando el colapso de una vivienda en la que había cinco personas atrapadas", explica Rodríguez. Desde el primer momento, el equipo mantuvo contacto permanente con la central para recabar toda la información posible antes de llegar al municipio.
Lo que encontraron al llegar fue "una estructura totalmente colapsada". En realidad, según Rodríguez, se habían venido abajo dos viviendas: una de dos plantas más cubierta y otra anexa de una sola altura. "La de dos plantas cayó sobre la de una y desaparecieron ambas", detalla. La zona ya estaba perimetrada por la Guardia Civil, algo que el cabo pone en valor, ya que permitió trabajar con mayor seguridad y sin interferencias a los efectivos.
Además, y de forma automática, se activó también el parque de Medina del Campo. Rodríguez y su dotación -reforzada con tres miembros de Medina de Rioseco- fueron los primeros en intervenir, a los que se sumaron progresivamente bomberos de Medina del Campo, Arroyo de la Encomienda e Íscar, hasta completar un operativo de 18 profesionales entre cabos, bomberos y sargentos. La alcaldesa Sonia Alonso les confirmó que dos personas ya habían logrado salir por su propio pie antes de su llegada. Por lo tanto, quedaban tres personas bajo los escombros.
Llamamientos en silencio
Sin contacto visual con los atrapados, los bomberos iniciaron la fase de llamamientos. "Nos quedamos todos en silencio y empezamos a decir en voz alta los nombres de Jon, María Isabel y Estrella". El primero en contestar fue Jon, que se encontraba atrapado entre la cubierta, con la cintura hacia abajo bajo presión y parte de su espalda apoyada sobre la estructura derrumbada. El rescate fue lento y minucioso. No fue hasta las 20.30 horas cuando lograron establecer contacto visual directo con él.
Antes de extraerlo, consultaron con los servicios sanitarios. "Si una persona lleva mucho tiempo atrapada y las extremidades están afectadas, la sangre puede colapsar y entrar en shock. Por eso siempre preguntamos si debemos posponer el rescate o actuar con tranquilidad". Finalmente, pese a tener una pierna fracturada, pudieron rescatarlo gracias a una cadena humana en la que participaron vecinos, bomberos y guardias civiles, trasladándolo hasta el exterior para su primera evaluación médica.
El sonido de los móviles, clave
A partir de ese momento, el silencio volvió a imponerse. Nadie respondía a los llamamientos de las otras dos personas atrapadas. Sin unidad canina disponible en ese instante, los teléfonos se convirtieron en la única esperanza. "Llamamos a sus móviles. Uno sonó cerca de donde estaba Jon; el otro lo escuchamos más alejado. Fue clave oírlos", explica. Allí donde percibieron el sonido comenzaron a desescombrar. A las 21.00 horas localizaron a Estrella. "Estaba boca abajo, no reaccionaba, y no tenía pulso", asegura Raúl. Los servicios sanitarios confirmaron, desgraciadamente, que había fallecido.
La búsqueda continuó para encontrar a María Isabel. Su teléfono sonaba a unos cuatro metros de donde había sido rescatado Jon. Finalmente, la localizaron a unos dos metros de profundidad. "Hay que desescombrar con mucha prudencia y paciencia para no dañar más a la persona atrapada, que ya está sufriendo, y evitar nuevos colapsos", subraya el cabo.
María Isabel estaba consciente y podía hablar. Les indicó que sentía las piernas, pero no el brazo derecho. Tras consultar de nuevo con los sanitarios, recibieron luz verde para proceder al rescate. La extracción se realizó en condiciones extremas: "Con un ángulo de 40 grados, en un zulo de un metro de anchura, con movilidad escasa y cuatro efectivos ayudando".
"Una sensación agridulce"
El cabo reconoce que, tras una intervención así, el regreso a casa deja sentimientos encontrados: "Te vas con una sensación agridulce porque has salvado dos vidas, pero has rescatado a una persona fallecida. Sabemos el papel que desempeñamos y, por cómo la encontramos, creo que era muy complicado haberla salvado".
Sobre las causas del derrumbe, apunta que, al salir del edificio, les informaron de que el inmueble estaba en obras y que podría haber sufrido filtraciones de agua y presentar grietas, aunque insiste en que ellos no son expertos en esa materia, ya que lo único que les importaba era rescatar a las personas implicadas.
De hecho, lo ocurrido en Siete Iglesias de Trabancos le ha traído a la memoria otra intervención marcada por la impotencia: su participación en el terremoto de Haití: "El colapso fue muy similar. Allí no pudimos rescatar a una persona por las presiones y porque no nos garantizaban seguridad". Esta vez, y pese a la tragedia, el sonido de los teléfonos móviles bajo los escombros marcó la diferencia... entre la vida y la muerte.
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