La música que da cuerda al mundo

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La música que da cuerda al mundo
El autor esÁgreda L.M.
Ágreda L.M.
Lectura estimada: 2 min.

Resultó verdaderamente impresionante, sobrecogedora, la versión que la violinista Esther Yoo nos ofreció de la Serenata para violín y orquesta de Leonard Bernstein en la Sala Sinfónica Jesús López Cobos del CCMD. Dirigía la OSCyL la maravillosa Gemma New una referencia en los próximos años en la dirección de orquesta.

La madurez de criterio que tiene Esther Yoo, su tensión dramática, fuera de todo virtuosismo, consigue que la música de Bernstein penetre en los huesos de los oyentes de manera amarga, otras veces, doliente y la mayoría con una alegría desbordante. Su excelente transcripción del pentagrama sorprendió gratamente a la parroquia que llenaba la sala sinfónica.

Porque la música de Bernstein es una invitación a la ligereza. Para confiar en la música hay que confiar mucho en los pies. Si al escuchar los pies sienten ganas de seguir el compás, de apoyarte en el suelo para saltar, la cosa esta hecha. Eso es buena señal. Los pies exigen de la música, ante todo que le arrebate, luego lo demás viene por añadidura.

Que no se me pase. Abrió el concierto Salina Fischer (1993) con su obra Rainphase, que se estrenaba en España. Fueron sencillamente 11 minutos, como decirlo, sorprendentes, terapéuticos, vitamínicos, de una felicidad casera indescriptible. Deslumbrante, como la perla de un collar roto.

Después del descanso y de la copa de cava que sienta 'de lujo' llegó Nicolái Rimski-Kórsakov con Sheherezade. Una pieza de una belleza e inteligencia de evidente singularidad. Música que inspira, llena de energía que alimentan la imaginación y calma los dolores de espalda y alivia la tos.

Daba gusto ver a Gemma New dirigir a la OSCyL. ¡Fíchenla, ya! Su elegancia, sus formas, su personalidad, su incomparable densidad simbólica a la hora de dirigirse a los músicos conquistó al público desde que puso los pies en la sala. La belleza de la música de Rimski-Kórsakov era una celebración de la vida y de la música. En definitiva, de la belleza que va tejiendo nota a nota los hilos de la cotidianidad y la aguja de la magia que lleva implícita Sheherezade.

Por último, quisiera destacar la noche magnifica que nos regaló el Concertino de la OSCyL, Luis Suárez. ¡Linotipista, repita su nombre 100 veces! Me voy a preparar a su salud un Martini Extra Dry (el favorito de Buñuel) Está compuesto por cuatro partes de ginebra y una de Martini (más una aceituna verde y una ralladura de limón) ¡Va por ustedes, desconocidos lectores y por Luis Suárez!

 

 

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