Miguel Garcés: "'Los domingos' ha generado un terreno de diálogo que antes no existía, más no se le puede pedir a una película"

El actor vallisoletano compite el próximo sábado por el Goya al mejor actor protagonista por su inolvidable trabajo en el largometraje de Alauda Ruiz de Azúa

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Miguel Garcés: "'Los domingos' ha generado un terreno de diálogo que antes no existía, más no se le puede pedir a una película"
César Combarros / ICAL
Lectura estimada: 10 min.

La suerte sonríe a Miguel Garcés (Valladolid, 1973) después de tres décadas dejándose la piel en infinidad de personajes sobre las tablas o delante de las cámaras. Lejos quedan los años de su adolescencia, cuando decidió probar fortuna en un grupo de teatro aficionado de La Pilarica en su ciudad natal, así como su difícil periplo en Madrid o sus años en Zanguango Teatro, primero en Salamanca y después en el País Vasco, donde reside desde hace 18 años. El próximo sábado, 28 de febrero, competirá por el Premio Goya al mejor actor protagonista por su trabajo en 'Los domingos', de Alauda Ruiz de Azúa, que parte como favorita de la noche al acaparar trece nominaciones y que es, sin discusión, una de las películas del año en España. De su recorrido y trabajo, de su forma de entender el oficio, habla en esta entrevista con Ical.

¿Qué le llevó a la actuación? ¿Cuándo tuvo claro que ese era su camino?

Fue en torno a los 17 años. Desde pequeño mi madre me llevaba con asiduidad al teatro, y fue entonces cuando fui consciente de que, en realidad, había gente que se dedicaba al mundo de la interpretación y de que podía ser un oficio. Decidí probar en un grupo aficionado del barrio que se llamaba La Traca y así empecé. Enseguida quedé fascinado por el mundo del teatro y la interpretación.

Poco después da el salto a la Escuela Provincial de Teatro de Valladolid, ¿qué encontró allí?

Sí, creo que entré en La Traca en septiembre y justo antes del siguiente verano ya estaba haciendo las pruebas de ingreso en la Escuela de Arte Dramático. Allí descubrí un mundo académico y pedagógico que me atrapó, cosa que no me pasaba con el resto de estudios ni disciplinas. De repente empezaron a interesarme todas las materias, estuviesen relacionadas o no de forma directa con la actuación: historia del teatro, canto, danza… Se abrió ante mí un mundo donde me encontraba a gusto. La Escuela tenía un nivel pedagógico muy potente, con profesionales que llevaban muchos años sobre los escenarios, trabajando en interpretación, dirección escénica o dramaturgia, y la formación era espléndida. Eso también ayudó a que me enganchara.

Al salir de la Escuela creo que marcha a Madrid y empieza a trabajar en teatro y televisión. ¿Qué recuerda de esos inicios en compañías como Zascandil? 

Los inicios fueron duros. De pronto estás en una ciudad grande, como Madrid, donde no conoces prácticamente a nadie y tienes que buscar la forma de entrar en el oficio, primero en el mundo del teatro y luego en el audiovisual, donde todavía se complicaba un poquito más. Hubo un periodo inicial de búsqueda y afortunadamente, enseguida pude entrar en ámbitos teatrales y empezar a trabajar en compañías que me permitieron estar unos cuantos años en Madrid, pero no era fácil.

¿Cómo acabó esa etapa?

Tras nueve años en Madrid fui a Cataluña, donde viví cuatro años totalmente apartado del oficio. La situación de la industria era complicada, acabé un poco cansado y decidí apartarme, pero después me volvió a entrar el gusanillo y la vocación volvió a arremeter. Regresé a Valladolid un año, porque me parecía la forma más rápida de volver a integrarme en el sector, y fue entonces cuando entré en Zanguango, que tenía su sede en Salamanca pero ese mismo año (2008) se trasladó al País Vasco, y algunos de los que conformábamos el grupo decidimos instalarnos aquí, entre ellos yo.

¿Qué le hizo volver a probar fortuna en la interpretación?

Quizá necesitaba esponjarme, oxigenarme un poco, para coger fuerzas. En realidad me di cuenta de que una de las pocas cosas que sabía hacer más o menos bien era esto.

¿Por qué la compañía decidió cambiar su sede y dejar Castilla y León?

Fue una decisión vital de Miguel (Muñoz), el fundador y director de Zanguango, que había comenzado como actor en el País Vasco, en la compañía Bekereke de Álava. Él siempre había tenido en mente su regreso, porque era donde quería asentar su proyecto, y tras años planificando la vuelta la posibilidad se concretó en 2008.

Tras muchos años aquí y más aún trabajando fuera, ¿cree que faltan oportunidades en Castilla y León para los profesionales de las artes escénicas?

Lo que falta es un tejido profesional más amplio a todos los niveles. Cuando un sector no se cuida, al final se va descomponiendo, y creo que este es un sector que no se ha cuidado ni se ha mimado excesivamente. No se han proporcionado las oportunidades para que los profesionales puedan desarrollarse, y eso va mermando y minando las posibilidades, hasta que el propio sector es incapaz de levantarse y revertir la situación. Son muchos los condicionantes que ayudan a que un sector se sostenga, crezca o se potencie, y creo que en Castilla y León no está siendo una lucha fácil; y cuando las cosas no se ponen fáciles, pues se ponen difíciles.

Además el teatro ayuda a generar identidad.

Bueno, como toda la cultura en general. La cultura nos explica en cierta manera, nos da identidad y nos hace crecer como seres humanos. Y aunque parezca una redundancia tonta, cuando eso no sucede, sucede lo contrario.

Tras 14 años en Zanguango, en 2021 decide dar un paso a un lado y dejar la compañía para centrarse en el audiovisual. ¿Sintió que era el momento de hacerlo?

Se juntaron varias cosas. Sentí que necesitaba esponjarme y hacer otro tipo de cosas, y coincidió esa necesidad de buscar otras metas con que surgió la oportunidad en el audiovisual; decidí cogerla y luego he tenido la suerte de seguir recibiendo propuestas. Hubo un momento en que tanto para mí como para la compañía era complicado cuadrar agendas y compromisos, y decidimos separar nuestros caminos. Había un deseo y una necesidad de hacer otro tipo de cosas, pero también surgió la oportunidad. Si no hubiese surgido, igual no lo hubiese buscado.

Siendo el teatro algo que le ha acompañado toda la vida, ¿echa de menos algo del mundo de las tablas? 

De momento no. También uno va cumpliendo años y la vida en el teatro, y sobre todo en el teatro independiente, que donde he estado toda la vida, es muy dura. Es dura en cuanto a los niveles de precariedad y el esfuerzo ingente que tienes que realizar, porque no solamente se trata de actuar: estás constantemente viajando, conduciendo, montando, desmontando, creando los espectáculos, escribiéndolos... Entre semana vas a la oficina, haces la venta, preparas los carteles, las facturas, los contratos… Te toca hacer de todo y eso, con los años, asfixia un poco. Ahora, además de estar haciendo cosas que me apasionan, recibiendo oportunidades profesionales con las que estoy encantado, conociendo a un montón de gente nueva en cada proyecto, siento que estoy viviendo una época muy dulce en el audiovisual. En este momento no echo de menos el teatro.

En su filmografía llama la atención que la mayor parte de sus trabajos han sido bajo la dirección de mujeres cineastas como Alauda Ruiz de Azúa, Iciar Bollain, Estibaliz Urresola, Maryam Touzani o Andrea Jaurrieta. ¿Siente una conexión especial a las órdenes de mujeres tras la cámara?

La verdad es que trabajo muy cómodo con ellas. Creo que comprendo bien su mirada y creo que ellas comprenden bien mi forma de interpretar. Por otra parte, el tipo de actor que soy o el tipo de roles que puedo desempeñar encaja muy bien en su cine y en sus historias, donde hay necesidad de este tipo de personajes para dar forma a lo que quieren contar.

¿Considera que el gran momento internacional del cine español puede tener algo que ver con la irrupción de universos femeninos desde la dirección?

Su visión enriquece la mirada al mundo. Es cierto que durante unos años había carencia de ese tipo de miradas y esto lo que hace es ensanchar más todavía el camino de la industria del cine y del tipo de historias que se cuentan. Lo que han logrado es que el cine se mueva por un camino mucho más ancho, donde cabe mucha más gente, donde se cuentan otro tipo de historias con otro tipo de miradas, y eso por sí mismo potencia cualquier industria o sector cultural.

Trabajó en pequeños papeles en películas como 'Soy Nevenka', 'Maixabel' o '20.000 especies de abejas' antes de que Alauda contara con usted para 'Querer'. ¿Cuál fue su mayor giro de guion profesional?

Veo mi trayectoria como la vía de un tren de juguete, que es circular. Creo que en determinado momento me quedé en una estación y el tren de la industria y de los tonos interpretativos o del tipo de cine que se hacía fue dando toda la vuelta, hasta que volvió a llegar a mi estación y me subí porque sentí que volvía a ser 'válido'. Durante unos años la industria estuvo por otros sitios, donde quizás no conectábamos o no nos entendíamos, y de repente el tren volvió otra vez a mi estación y sentí como que me invitaban a subirme de nuevo.

¿Hay algún papel en concreto con el que sintiera de pronto que estaba de nuevo en el 'escaparate'?

Yo creo que han sido un conjunto de ellos. Es lo que hablábamos antes, ese encajar en determinadas miradas que estaban surgiendo en el cine es lo que me ha hecho el hueco y me ha permitido subirme de nuevo al tren. No creo que haya sido un trabajo en concreto, sino que han sido varios los que han ido sumando. En el tiempo, durante cuatro años o algo así, han aparecido peldaños que he ido subiendo poco a poco, aunque si tuviéramos que hablar de un giro importante, mi papel en 'Los domingos' sería el más relevante.

¿Cómo se acercó a Iñaki, su personaje en esa película, un hombre lleno de silencios que quizá cuenta más sobre sí mismo con ellos que con sus frases?

Intentando comprenderlo. Cuando llegas al personaje, al ver cómo está dibujado, inevitablemente hay aspectos de él que están lejos de ti. Ahí entra el trabajo de cualquier actor, de intentar comprender, en este caso, cómo este tipo dice lo que dice, piensa lo que piensa, o actúa como lo hace en su entorno familiar y se comporta con su hija del modo en que lo hace. La base era intentar comprender qué tipo de vida o de cosas le han llevado a ser así, sin pretender justificarlo ni juzgarlo… No tienes por qué compartir cómo es, pero sí intentar comprenderlo y hacerlo humano, porque de otra forma el espectador no va a empatizar con él, sea cual sea su rol en la película.

¿Sintió la fuerza de esa historia ya desde el guion? 

Sí, con Alauda eso se detecta desde la escritura. Tanto cuando escribe sola como cuando lo hace en colaboración con otros guionistas, enseguida ves en el texto por dónde respira la película. La estructura narrativa es muy buena, sin grietas, y los personajes están muy bien construidos; sea cual sea su tamaño, tienen una línea muy definida y los diálogos no tropiezan. Ya desde el guion ves lo que tienes entre manos, pero eso no significa que luego, cuando lo pones en pie, aquello vaya a funcionar. Puedes juntar los mejores elementos, contar con los mejores fichajes en el equipo, con los profesionales idóneos para hacer la historia, pero a veces no sucede.

¿Cómo ha vivido la recepción de la película, desde su presentación en San Sebastián, Concha de Oro incluida, hasta el éxito de taquilla?

Desde el primer momento vimos que funcionaba, que conectaba con el espectador independientemente de cuál fuese su mochila de pensamiento ideológico o de creencias. El espectador lograba encontrar, en unos o en otros personajes, un reflejo con lo que podía sentir respecto al tema. Además hemos tenido la oportunidad de participar en un montón de coloquios y debates con los espectadores tras las proyecciones, y la recepción siempre ha sido muy buena y positiva. Se generaba un campo de diálogo y de conversación que yo creo que antes no había en torno a este tema de la creencia religiosa, o incluso sobre cómo se abordan las relaciones familiares entre padres e hijos. Se ha generado un terreno de diálogo que antes no existía, así que yo creo que más no se le puede pedir a una película.

Más si cabe en un momento de trincheras como el actual, donde el diálogo parece algo demodé.

Sí, la verdad es que sí. Yo le he agradecido mucho. Creo que veníamos necesitándolo. Es como que la película ha servido para canalizar un deseo que hay en la gente a nivel social. Creo que estamos deseando poder conversar sin tirarnos los trastos a la cabeza. Es algo que cansa ya.

¿Cómo se le quedó el cuerpo al conocer su nominación al Goya?

Es reconfortante, después de muchos años, sentir que el trabajo se reconoce y es valorado. Además con un personaje que, como bien decías, se cuenta en los silencios y en las miradas, no con las palabras. Que se reconozca ese trabajo, que es de fondo, en una película así, reconforta. Siempre se dice que el premio es estar nominado y yo, cuando escuchaba eso desde fuera, pensaba: 'Eso se lo dirá usted a todos', pero es que realmente es así. Cuando lo vives, realmente lo sientes así.

Más si cabe con esos compañeros de viaje en la nominación de su categoría: Alberto San Juan, Mario Casas, Manolo Solo y José Ramón Soroiz.

Sí, por lo que conlleva de reconocerte en ellos y sentir que formas parte de una terna de compañeros que consideras artesanos por su manera de hacer y de entender el oficio. Para ellos, al menos así lo siento, la interpretación no es una manera de hacer brillar al actor, sino de dar luz a los personajes para que sea el espectador quien, al verlos, se identifique o no con ellos y entienda sus miserias o sus grandezas. Para mí eso es interpretar, y creo que coincido bastante en cómo ven ellos esta profesión.

Tiene pendiente de estreno 'El ser querido', con Sorogoyen, con quien ya coincidió en 'Apagón'. ¿En qué registro podremos verle ahí?

Me vais a poder ver muy poquito, porque en realidad es casi como una colaboración en una secuencia, pero está bien porque es un mano a mano con Javier Bardem.

¿Qué otros proyectos tiene en cartera?

Ahora, tras pasar por el Festival de Málaga, se estrenará 'Calle Málaga', de Maryam Touzani. Aún no he podido verla terminada, pero por su recorrido hasta ahora en festivales como Venecia o Toronto creo que es una película que también va a conectar con el público de una manera extraordinaria. Luego en junio tengo el rodaje del debut en el largometraje de Clara Santaolaya y antes otro proyecto, otra película de la que todavía no puedo contar nada.

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