PxD (I): El Quijote de Tierra de Campos que levantó con sus manos el molino de Aguilar

Tribuna estrena su nuevo serial, 'Provincia por descubrir', con la visita a este edificio singular que Valeriano Blanco ha rescatado de la ruina

PxD (I): El Quijote de Tierra de Campos que levantó con sus manos el molino de Aguilar
Valeriano Blanco a los pies del molino de viento de Aguilar de Campos. JAG
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Donde el ingenioso hidalgo de la Mancha veía gigantes amenazantes, Valeriano Blanco -un entusiasta de la historia de Aguilar de Campos- vio un legado que no podía dejar morir. Porque, como dice Jorge Luis Borges, "somos nuestra memoria". Así que este terracampino se puso manos a la obra y rehabilitó con sus propias manos el viejo molino de viento que agonizaba en las tierras de labranza de sus antepasados. Se trata del primer capítulo de Provincia por descubrir que estrenamos este domingo.

"Esta tierra siempre era conocida en mi casa como la del Molino. De hecho, mi padre siempre la dejaba lo última para cosechar y era un día de fiesta en la familia. Ya desde niño me empezó a picar el gusanillo con el molino y, un poco más adelante, venía con mis sobrinos a merendar", recuerda con un regusto de añoranza Valeriano Blanco quien, en 1999, junto a su hermano, comenzó los fines de semana la reconstrucción de este edificio que antaño se usara para moler el grano y convertirlo en harina.

 "Me encantaría que, cuando muera, mis cenizas descansen aquí en una urna y recuerden lo mucho que luché por este proyecto"

El molino de Aguilar domina una pequeña loma, componiendo una estampa que hoy puede sorprender en esta comarca, pero que fue habitual en otras épocas. Representaba una ingeniosa solución en una tierra donde no abundaban los recursos hídricos, pero había que dar salida a la materia prima del campo: el cereal. De hecho, a pocos kilómetros a la redonda aún quedan huellas de edificaciones similares en Cuenca de Campos, Palazuelo de Vedija, Villafrechós, Barcial de la Loma, Cabreros del Monte o Castromembibre -este último también rehabilitado-. Incluso la propia Aguilar de Campos llegó a contar con otros dos.

Citado en el siglo XVIII

Aunque los orígenes de esta tipología se remontan a la Edad Media, la construcción actual podría datar del siglo XVIII. "En el Catastro del Marqués de la Ensenada se habla de que Aguilar tenía tres molinos de viento, lo que nos hace pensar que este edificio ya existiría muchos años atrás", explica el actual propietario, que ha reconvertido su uso al de un sugerente mirador.

Levantado con una clásica planta troncocónica a base de mampostería con refuerzos y remates en ladrillo, Valeriano restauró todo el conjunto respetando fielmente su fisonomía. Colocó de forma simbólica unas aspas de metal que recrean las originales, aquellas que el viento hacía girar para mover la sencilla maquinaria con la que se molía el cereal. Sorprende su doble puerta enfrentada, un recurso inteligente para permitir el paso seguro de burros y otras acémilas sin que las aspas representaran un peligro para los animales, que ascendían acarreando el grano y regresaban repletos de harina tras la molienda.

Valeriano es un auténtico enamorado de su tierra y de la historia. Ha reunido una cuidada colección con las herramientas tradicionales empleadas en el mantenimiento del molino, además de una valiosa muestra arqueológica con restos de las antiguas villas altomedievales de la zona. Una escalera metálica conduce a la segunda planta, reconvertida hoy en un espectacular mirador de 360 grados desde el que admirar la inmensidad de Tierra de Campos y contemplar unas vistas privilegiadas del caserío de Aguilar. "Me encanta sentarme aquí y ver los atardeceres, la mitad de la tierra y la otra mitad del cielo, admirar los colores. Ningún día es igual".

Descanso eterno

En este cuarto de siglo ha recibido a multitud de visitantes: niños, mayores, vecinos de la comarca y turistas. A nadie deja indiferente el molino de Aguilar, ese rincón que la sensibilidad y la pasión de Valeriano salvaron de una ruina casi segura. Hoy es su vida y el lugar donde desea reposar eternamente. Así lo manifiesta: "Me encantaría que, cuando muera, mis cenizas descansen aquí en una urna". Se emociona al recordar lo mucho que ha luchado por este proyecto.

Son lágrimas sinceras de un Quijote en Tierra de Campos que desafió a los gigantes del olvido y la decadencia para rescatar un pedazo de historia y el eco de otro tiempo; aquel en el que los molinos transformaban el sudor de los labriegos en el auténtico oro blanco de esta tierra.

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